27 de agosto de 2022
Spa. Mi circuito favorito y también el que más me dejaba con el corazón en la boca. O sea, sí, es precioso, histórico, épico, pero también tiene ese toquecito de "aquí puede pasar de todo" que me tiene sudando antes de que empiece la maldita carrera. Adrenalina al cien, riesgo por las nubes. Pura Fórmula 1.
Sabía que para Pierre venir aquí no era cualquier cosa. Era un cóctel de emociones con vodka, lágrimas y trauma. Así que, como buena compañera de drama, no me separé de él ni un segundo. Estábamos caminando hacia la curva. La curva. La maldita curva en la que Antoine, su mejor amigo, su hermano de alma, se fue hace tres años.
Yo también conocí a Antoine. De hecho, los conocí juntos. Siempre iban en pack, como si fueran dos versiones distintas del mismo caos adorable. Muchas veces salíamos los tres, como esos tríos de película que terminan en líos, pero el nuestro era de los sanos. Llegué a encariñarme mucho con él. Era de esas personas que te caen bien sin esfuerzo, con esa risa contagiosa y comentarios que no te esperas. Su muerte fue un golpe. Fuerte. Pero nunca dije mucho. Me lo guardé, porque en ese momento lo único que importaba era Pierre.
Él llevaba un ramo en una mano, y con la otra me agarraba la mía, cada vez más fuerte conforme nos acercábamos. No me hacía daño, pero sentía su angustia subiendo por el brazo como electricidad.
Cuando llegamos, le solté la mano y me quedé atrás, dándole su espacio. Se agachó frente a una foto donde salíamos los tres, sonriendo como idiotas, Antoine en medio, en una de esas vacaciones en Verbier donde la nieve era excusa y las carcajadas, lo principal. Pierre dejó las flores con un cuidado reverencial. Como si le estuviera hablando en silencio.
Me agaché a su lado y le acaricié la espalda, en plan "estoy aquí, aunque no diga nada". Y así nos quedamos, en ese mini santuario que él había armado con dolor y amor, por unos minutos que se sintieron eternos.
Pero entonces, giré la cabeza y... boom. Me encontré con él. Con Charles.
Su mirada. Su silencio. Todo me golpeó como si me hubieran tirado un cubo de agua helada en la cara. Estaba ahí. Parado. Mirándonos. Yo me quedé clavada, no podía mover ni una pestaña.
No nos habíamos visto desde aquella escena horrible en su casa. Nada de mensajes. Nada de contacto visual. Nada. Y ahora... justo aquí, en este sitio tan delicado. Bravo, destino. Bravo.
—Él no estaría orgulloso de esto —soltó, con la voz tan seria que me tembló hasta el alma—. Y mucho menos de ti —me miró como si me estuviera escaneando el alma.
Pierre, que hasta ese momento había estado bastante en paz, colocó una mano en mi espalda baja. Una forma suave de decir "no le sigas el juego". Pero yo... yo estaba temblando por dentro. No era el lugar ni el momento, pero me rompió.
Nadie dijo nada más. Nos fuimos. Silencio absoluto hasta los garajes. Cada paso era como arrastrar culpa. Y angustia. Y rabia. Todo junto. Me senté en una silla alejada de donde estaban todos trabajando. Necesitaba un minuto. Un respiro. Un hoyo en el suelo. Cualquier cosa.
Pierre se acercó, despacito, con esa cara suya de "sé que estás a punto de colapsar, pero no sé cómo evitarlo".
—No te preocupes —dijo, en tono tranquilo—. Está dolido, es normal.
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RED BLOOD - CHARLES LECLERC
FanficBianca y Charles tienen una relación cargada de odio desde que se conocieron en el colegio. A lo largo de los años, su odio se ha mantenido, incluso compartiendo el mismo lugar de trabajo en la actualidad. A pesar de tener un vínculo en común, ya q...
