1. ...Ready For It?

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18 de marzo de 2022

Enterré la cara en ese océano de almohadas del hotel como si pudieran absorber la vergüenza y el sol que me estaba achicharrando la cara. Porque sí, adivina quién fue la genia que anoche se olvidó de cerrar las cortinas. Y no, no eran unas cortinitas cualquiera. Eran como ventanas abiertas al mismísimo núcleo solar de Baréin. 

Me senté en la cama como zombie recién resucitada, restregándome los ojos con la esperanza de que el sol dejara de taladrarme las retinas. Y fue entonces que giré la cabeza hacia el otro lado de la cama... y lo vi. Claro. Ahí estaba la razón por la cual no cerré las cortinas: Pierre. Cómo olvidarlo.

Me senté mientras frotaba mis ojos intentando despertarme y, al mirar al lado izquierdo de la cama, vi la razón por la que había dejado las cortinas abiertas la noche anterior.

—Pierre —me acerqué, dándole un toque porque ni con la luz del apocalipsis se despertaba—. Tienes que irte.

—Buenos días para ti también —gruñó, medio enterrado en la sábana.

Le di su momentito para que conectara con la realidad y me metí al baño. Abrí la ducha, esperé a que saliera agua caliente —porque no soy un monstruo— y me metí. Salí revivida, como nueva, lista para enfrentar el caos del día... o al menos para parecerlo en redes.

Me planté frente al tocador, empecé a maquillarme como si fuera a grabar una peli de Marvel, me peiné (que eso es decir bastante porque mi pelo tiene vida propia), y me puse ropa de la escudería. 

Hoy arrancaba oficialmente la temporada 2022 de Fórmula 1 y, aunque mi contrato decía que me habían contratado por mi "experiencia en redes", todos sabíamos que papá había movido sus hilos mágicos. Pero shhh... eso no lo decimos en voz alta. "Nepotismo, pero make it fashion", ¿ok?

Volví a la habitación esperando tener que echar a Pierre con una patada sutil... pero sorpresa: ya se había ido. ¡Un milagro! Y no es que me molestara verlo, pero después de tantos años de este "ni contigo ni sin ti", una necesita su espacio.

Nos conocimos en 2017, cuando acompañé a papá a la carrera en Malasia porque no tenía clases. Pierre iba a debutar en Toro Rosso y yo tenía diecisiete años, con todas las hormonas revolucionadas. Él tenía veintiuno y cara de chico bueno con sonrisa peligrosa. Desde entonces, nuestra "situación" ha sido una montaña rusa sin frenos. Cinco años de idas, venidas, silencios incómodos y una tensión digna de telenovela venezolana.

Agarré mi mochila y metí lo básico: el portátil, la agenda donde finjo que tengo todo bajo control, y mi cámara. Porque además de trabajar en Red Bull, tengo un canal de YouTube que va bastante bien. Subo vlogs desde el paddock y, cuando no hay carreras, mi vida glamorosa (léase: desayunos, paseos y dramas) en Mónaco.

Me colgué la acreditación como si fuera una medalla olímpica y guardé la tarjeta de la habitación en la funda del móvil, porque perderla sería demasiado típico de mí.

Abajo ya me esperaba un coche con aire acondicionado —gracias, universo— y en media hora ya estaba entrando por los controles al circuito como toda una profesional... o al menos fingiendo serlo.

—¡Buenos días! —saludé cuando entré al box.

Algunos levantaron la mano, otros contestaron con un "buenos días" medio dormido, y papá me saludó mientras hablaba por la radio, en plan jefe máximo. Las prácticas ya habían empezado. La temporada 2022 estaba oficialmente en marcha... y yo, con mi cámara y mi caos emocional, lista para capturarla toda.

RED BLOOD - CHARLES LECLERCHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora