9. Confianza

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—¡Ellos le hicieron algo! ¡Él me dijo que vendría aquí y que lo esperara!—

—Deje de gritar señorita— el oficial señaló a la casa de los Wood indicándole que se quedara adentro y se alejara de la casa de los Chalamet. Charlotte lloraba desesperada, hacía dos días que su padre no aparecía, había estado tratando de que le hiciesen caso desde el día uno pero no le prestaron atención hasta esa mañana, es un detective, eso es lo que hacen, decían.

Charlotte se acercó a Katherine y la abrazó fuertemente, aunque no comprendía nada, no tenía idea del parentesco que Charlotte tenía con el detective hasta ese momento, tampoco entendía como podía acusar de semejante atrocidad a Timothée.

—¿No lo ves Katherine? ¿Nunca viste nada raro en sus medicinas?—

Katherine negó con la cabeza, temerosa. Charlotte suspiró en rendimiento. En la distancia escuchó como Chalamet abría la puerta dejando entrar a los oficiales.
Pero tras dos horas de búsqueda en el lugar dieron la conclusión. No hay rastro de que el detective haya estado allí, pues según ellos, nunca fue, ya que a esa hora aún estaban durmiendo. Katherine se sintió aliviada, en el fondo ella sabía que lo había ido a ver a esa hora y no había visto a nadie, pero no quería resaltarselo a Charlotte, por otro lado, Charlotte se sobresaltó nuevamente al escuchar la conclusión, preguntandose que harían entonces ¿Dejarían a su padre en el olvido?

—Fue a investigar probablemente, usted vaya a casa y prepare algo de comer para cuando llegue— dijeron los oficiales retirándose cínicamente.

Se sentía desconsolada, pero no iba a descansar hasta encontrarlo. Le pidió a Katherine ayuda para buscar a su padre y reunir pruebas en caso de que Timothée y su padre fueran los responsables, ella aceptó, aunque no dudaba de Timothée, sabía que tenía que ayudarla de alguna forma, era su amiga y si ayudarla a investigar en la vida de su vecino le podía dar un poco de tranquilidad, lo iba a hacer.

Aquella noche mientras pensaba en todo lo que había ocurrido, tomó las pinturas que Timothée le regaló, las observó y no pudo evitar pensar en lo que Charlotte le había dicho, muy dentro de sí misma dudó y sintió miedo, las acercó a su nariz y las olió. El aroma a aceite de linaza era penetrante, deslizó sus dedos contra la pintura que se había endurecido más y los repasó sobre un lienzo, el color rojo vino era hermoso. Comenzó a pintar lo que su corazón le dijo, en ese momento era su madre, la extrañaba tanto. Tomó un pincel y fue pintando cada detalle del rostro antes de que pasara el tiempo y después no pudiera recordar como era, esa madrugada se quedó dormida sobre la silla donde había estado pintando, Pensando en su madre, en el detective, en Timothée... y en ese momento, la huella que Katherine Wood dejaría en el arte, comenzó.

                                   🌙

—Kat, Kat despierta— la suave mano de Kenneth tocaba el hombro de su hermana.

—¿Qué ocurre?—

—Ya es hora de ir a la escuela—

—¿Y la tía Anna?—

—Dijo que me llevaras tú, ella fue a cuidar a unos niños—

Charlotte había decidido dejar de ir a trabajar a su casa tras lo sucedido con su padre, seguía desconfiada de los Chalamet y había confiado esa investigación cercana en Katherine, por lo que ella era quien debía hacerse cargo del quehacer de la casa y de Kenneth, aunque la verdad es que ella extrañaba eso, no le gustaba que su tía se tuviera que hacer cargo de su hermanito todo el tiempo. Cuando el pequeño vió la pintura sus ojos brillaron con alegría
—Es mamá— sonrió con ilusión, su dulce rostro llenó de alegría a Katherine, no lo había visto así desde hace mucho.

Aquella mañana de regreso de dejar a Kenneth en la escuela, pudo ver a lo lejos a Timothée a punto de entrar a su casa, este le hizo una señal invitandola a pasar, se cuestionó bastante si era buena idea después de lo que había pasado un día antes, pero recordó lo que Charlotte le había pedido y aceptó.

—¿Cómo está su padre?—

—Bien, él está en su habitación, ya está excelente—

—Me sorprende lo mucho que ha mejorado—

—A mi igual...¿Cómo está su amiga Charlotte?—

—Mal— hizo una pausa —Escuche, lo que Charlotte piensa es—

—No tiene que decir nada, lo entiendo— interrumpió tratando de calmarla, Katherine quiso continuar pero él no le permitió seguir con sus disculpas.

—Señorita Katherine, le quiero proponer algo—

—Dígame—

—Verá, yo... a veces escribo, y cuando lo hago necesito aislarme del mundo para inspirarme, así que voy a las montañas y estoy allí por horas... me gustaría que me acompañara—

—¿Yo? ¿Por qué?—

—Creo que le ayudaría mucho con sus pinturas, llevelas y podemos trabajar juntos allí. Me gusta su compañía—

El estómago de Katherine sintió vértigo, , le emocionaba tanto que al fin podía compartir un poco de su arte con alguien que lo apreciaba tanto como ella.

—Me encantaría—

—¿Le parece si el domingo vamos?—

—Domingo... Sí, ese día Kenneth no va a la escuela—

—Perfecto— Katherine le parecía una joven tan amable, cálida y sensible, que no podía creer que fuera una humana mortal más, su compañía le provocaba tranquilidad aún si estaba pasando por el momento más crudo posible, es por eso que se armó de valor y la invitó a su sesión artística en las montañas, él sabía que estaba mal todo, de muchas maneras, pero con ella se sentía muy bien.
Un pausado caminar en las escaleras perturbó los dulces pensamientos del joven.

—Señorita Katherine, que maravilla—

—Señor Chalamet, que gusto verlo—

—Padre, vuelve a la cama—

El anciano ignoró a su hijo y continuó, acercándose cada vez más a la joven
—He extrañado mucho los desayunos que me preparaba—

—Oh, extraño prepararlos también, puedo prepararles pastel de fresa un día de estos— volteó feliz.

—Me encantaría, pero ahora estoy hambriento. Gracias por traer este almuerzo, hijo—

—Sí, está... está en la cocina— dijo el muchacho rápidamente tratando de despistar a Katherine. Al ver las intenciones de su padre comenzó a alejarlo de ella mediante hipnosis, la misma técnica que había usado con el detective antes, su padre no estaba en sus mejores condiciones, no aún y eso le daba ventaja, pero esta vez fue más difícil, tardó más, su padre luchaba, eso lo llenó de angustia, porque eso significaba que muy pronto podría defenderse al cien por ciento de cualquier ataque psíquico.

Katherine no se dió cuenta, es decir, los vió mirarse en silencio por algunos segundos, nada fuera de lo normal considerando su extraña relación, pero percibió la tensión por lo que decidió irse —Bueno, tengo mucho que terminar en casa, que pasen un lindo día— se despidió dejando el lugar un poco incómoda pero feliz por los planes que se avecinaban, Timothée se despidió y la acompañó a la puerta dejando a su padre en trance, caminando rápida y torpemente le abrió la puerta
—Que pase un bello día señorita Wood, la veo el domingo—

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Sempiterno • Timothée ChalametDonde viven las historias. Descúbrelo ahora