16. Amantes

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—Señorita Wood despierte, el desayuno está listo—
Realmente apenas y había logrado cerrar los ojos, estaba despierta cepillando su cabello cuando la mucama entró, no había permitido que le ayudaran en muchas cosas, no le gustaba sentirse inútil cuando toda su vida había hecho todo por si sola, hasta el desayuno.
Bajó y ahí estaba Bennet esperándola con un lugar a su lado, se sentó y el muchacho habló entusiasmado.
—Mi madre quiere que empecemos con los preparativos de la boda, quiere que sea algo grande—
—De acuerdo— probó el desayuno.
—Mi abuela llega en un rato—
—Que bien— sonrió.
—¿Cómo durmió?— suspiró.
—Bien, gracias—
El resto del desayuno no volvieron a hablar, Bennet sabía que estaba incómoda así que decidió darle espacio en lo que se acoplaba. La llegada de su abuela le vino bien, Katherine habló más y la mujer le contaba sobre sus días pintando en Francia, Italia y Londres.
—¿Podría ver alguna de sus pinturas?—
—Oh, ya son muy añejas, pero quizás tenga alguna por allí —
—Por dios abuela, tenemos muchas guardadas, es más, la pintura de la entrada es suya—
—¿La del jardín? ¡Es preciosa señora Smith!—
—¿Lo es? Gracias, es de mis más grandes obras—
Bennet se sentía aliviado de que su prometida tuviera a alguien con quién compartir un poco de su pasión, le preocupaba que no se hallara nunca en su casa y comenzaba a crear escenarios catastróficos de su matrimonio.
El resto de la tarde estuvieron pintando en el jardín, él trataba de aprender pero le costaba bastante y eso era algo que a Katherine le causaba mucha ternura, realmente era encantador.
—¿Está bien? La he notado dispersa— dijo mientras pintaba junto a ella.
—Sí. Es solo que necesito acostumbrarme, ya sabe, el no tener aquí a mi hermano es extraño—
—Pero puede venir—
—¿En verdad?—
—¡Por supuesto! Puede vivir aquí, tenemos dos habitaciones más—
—Gracias. Muchas gracias, perdón por mi actitud... Solo debo terminar unos asuntos—
—Entiendo—
Claro que estaba así por todas la situación nueva, la rutina, las nuevas personas y su hermano, pero la principal espina en su corazón había regresado desde Francia para cuidarla y ese había sido un gesto que le derretía el corazón.
Katherine buscó la manera de zafarse de aquella sesión de pintura y poder ir a su habitación en cuanto antes, buscó papel y tinta, nunca terminó de escribir la última carta así que decidió comenzar una nueva. Observó el balcón y pensó, si la carta había llegado allí a su balcón quizás podía salir de allí. Aún no estaba segura de las palabras adecuadas a usar pero si estaba segura de que lo mejor era exponer sus sentimientos para poder ser libre y vivir el resto de su vida con Bennet.

Querido Timothée:

Se que he tardado en responder y con tu última carta probablemente no quieras recibir ninguna más pero debo hacer el intento.
Como respuesta a tu pregunta sobre mis sentimientos por ti, escribiré desde el fondo de mi corazón esperando que puedas comprenderlo, he tratado de enfocarme en mi futuro matrimonio pero hay algo que me lo impide. No he dejado de pensar en ti, nunca, ni un segundo. Todos los días recuerdo aquel beso y enloquezco, recuerdo como tu simple presencia me hacía sentir tantas cosas y lo feliz que me hacían nuestras conversaciones, lo encantadores que son tus ojos al sonreirme, las pequeñas pecas que cubren tu piel y tu magnético aroma. No entiendo la razón exacta de tu lejanía, pero me queda claro que jamás habrá algo más que funcione entre nosotros, claro que me duele pero te tengo mucho cariño y te comprendo. No es necesario que respondas a esta carta, no estoy molesta, pero es lo mejor para ambos, gracias por todo lo que hiciste por mí, jamás podré pagartelo como mereces.

Te quiere, Katherine W.

Las lágrimas querían escapar de sus ojos pero fueron reprimidas en un suspiro. Se dirigió a abrir la ventana del balcón donde el viento frío rozaba su cara con fuerza, dió un paso al frente para poner la carta en el piso pero su corazón estuvo a punto de paralizarse al ver a su costado una figura vestida de negro recargada en el barandal del balcón.
—Tranquila, soy yo—
—¡Timothée!— se abalanzó a su cuello en un abrazo entrañador.
Timothée inhaló profundo sintiendo el aroma de su cabello y lo acarició sin decir más.
—Pasa. No podemos estar aquí afuera—
Entraron rápidamente a la habitación cerciorándose de que nadie los hubiese visto.
—Qué haces aquí?—
—Cuidándote—
—¿Cuidándome? Este es un lugar seguro ¿No has visto a los guardias verdad?—
—No— apretó los labios y la miró.
—¿Y qué hacías allí? ¿Me espiabas?—
—No, solo me gusta sentirme cerca de ti, no pensaba hablarte pero saliste—
—Eso es extraño Timothée—
—¿Lo es?—
—¡Si!— dijo ligeramente molesta —Pero entiendo, creo— tomó el sobre en sus manos y lo guardó cuidadosamente en el bolsillo de su vestido.
—¿Qué es eso?—
—Nada, solo... Nada—
—Una carta ¿Para mí?— Se acercó con la ilusión de convencerla pero olvidó su objetivo rápidamente al tenerla tan cerca. Acarició su rostro con ternura.
—Timothée, mi prometido está en esta casa— el chico pasó su mano por el delicado mentón de Katherine elevándolo más.
—Ya no puedo hacer esto— agachó la cabeza en un movimiento brusco haciendo que las manos del joven se separaran de ella.
—Todo fue muy rápido Katherine— respondió con los ojos cristalinos.
—¿Qué?—
—Todo esto, tu matrimonio—
—No lo fue—
—Me fui y enseguida te comprometiste—
—¿Qué querías que hiciera? ¿Que te esperara aún cuando dijiste que irte sería lo mejor? Ni siquiera pensabas regresar y en cambio él— se interrumpió a si misma.
—Dilo. ¿En cambio él qué?—
—En cambio él sí sabe lo que quiere—
Aquellas palabras fueron como un golpe para él, tomó las manos de la chica con firmeza y las acarició.
—Yo te quiero a ti—
—¿Y por qué te fuiste? ¿Por qué te alejas?—
—No creo ser una persona que te convenga, no como Bennet lo hace— sostuvo la nuca de Katherine cuidadosamente. —Solo estoy aquí para cuidarte, no te pediré nada más—
Ella jamás se resistía al tacto y aroma de Timothée, sus hipnotizantes facciones le provocaban querer verlo por horas, colocó su mano en la cara del chico, resignándose a despedirse.
—Te quiero— dijo Timothée pegando sus labios sobre el cabello que cubría los oídos de Katherine, ella subió su mano a su sedoso cabello rizado mientras él repetía en voz baja las mismas palabras una y otra vez —Te quiero demasiado— con la otra mano tomó la cintura de Katherine acercandola a él mientras acariciaba su espalda, sus rostros se encontraron de nuevo y en medio de una caricia en la mejilla, besó sus labios, el más dulce y lento beso que jamás, en sus miles de años había sentido. —Te quiero Timothée— respondió en un agitado beso mientras mantenía sus manos en su cabello, él comenzó a acariciar su cintura de una manera que comenzó a enrojecerle las mejillas. Podía sentir el calor subiendo y la necesidad de sentir su piel contra la suya. Tomó con cuidado el largo cabello de Katherine y lo colocó hacía atrás dejándolo caer en su espalda mientras dejaba descubierto su suave y tostado cuello, lamió sus labios y comenzó a besar su cuello lentamente, ella sintió un escalofrío y rió, él continuó besándola entre risas, regresando a sus labios de vez en cuando, cada vez que besaba su cuello bajaba más, llegando hasta su pecho que, a ese punto, viajaba de arriba a abajo por su agitada respiración. Las manos de Katherine comenzaban a temblar, quería besarle toda la noche, lo pegó más a ella tocando tímidamente las clavículas descubiertas del joven, él desabrochó su camisa dejando su pecho descubierto, ella asintió con la cabeza permitiéndole hacer lo mismo en sus prendas, desabrochó cuidadosamente el vestido de Katherine dejando que este cayera dejando su piel expuesta, comenzó a besar y acariciar con la punta de la lengua cada parte de su torso mientras ella luchaba por no hacer ningún ruido que pudiese despertar sospechas. Mientras acariciaba la suave espalda de Katherine mordía sus labios entre besos y le hacía saber lo hermosa que se veía así. Katherine rodeó la cintura del chico con sus piernas mientras él bajaba sus manos a sus piernas con temor. Apretó sus muslos con su frío tacto soltando un jadeo accidental. Katherine soltó una pequeña risa y la palida piel de Timothée se pintó de rojo, aunque realmente no le importaba tanto cuando tenía a Katherine frente a él. Rodeada de las brazos de Timothée, dejó su cuerpo caer contra el colchón y pudo tocar la delgada espalda del chico mientras respiraba en su cuello y él continuaba acariciando sus muslos con sus delgadas manos sin despegar sus labios de los suyos, reiterando a cada momento -Te amo mucho-
Las respiraciones agitadas eran la melodía ambiental de la habitación y el calor naciente de su amor había sido el remedio para aquella fría noche.

❤️

Sempiterno • Timothée ChalametDonde viven las historias. Descúbrelo ahora