¿ME QUIERES?

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Al despertarme me doy cuenta de que es Martes. No me preguntéis por qué, pero hoy me importa una mierda todo. A saber que mosca me habrá picado ahora...

Me quito el pijama y me echo desodorante, seguido de un buen perfume de frutas. Mi favorito. Me visto y desayuno. Al acabar, me lavo los dientes y la cara. Y lista.

Me paso todo el trayecto de ida al instituto arrepintiéndome de mis actos. ¿Por qué tuve que quedar con él?

En fin... mejor no comerme más el coco. Lo hecho, hecho está.

Llego a clase y comienza la lección. Esto se me va a hacer eterno...

Durante ciertos momentos siento como si Mario se hubiese olvidado de nuestra pequeña quedada. Pero al acabar las clases se acerca a mi sitio y me dice al oído:

-Te espero en la rotonda.

Le sonrió y acabo de recoger. Bajo hasta la rotonda con mi grupo de amigos y Mario se une a nosotros. Caminamos todos juntos hasta que llegamos al punto en el que Mario y yo nos tenemos que desviar. Y eso hacemos a pesar de las cuantas miradas que nos lazan nuestros amigos. Y la verdad es que lo entiendo a la perfección...

Decido dejar de lado mi vergüenza y divertirme como yo misma sé hacerlo. Hacemos bromas de camino al Mac Donal's, y cuando llegamos nos colocamos en la cola. Ambos pedimos nuestra comida y nos sentamos en la mesa. Después de todo, esto no está tan mal como yo creía...

Para cuando acabamos, salimos del Mac y nos dirigimos hacia una calle.

-¿A donde vamos? -Pregunto.

La verdad es que no sé que viene a continuación.

-A mi casa.-Responde.

¿Cómo? A su... ¿Casa?

¿Qué intenciones tendrá conmigo?

¿Y si me ven mis padres?

-Ah.-Consigo responder.

Una vez más, me paso todo el trayecto sumida en mis pensamientos. Mario ya no es virgen y es capaz de cualquier cosa. Sin embargo, yo si que lo soy y no tengo ninguna intención de que eso cambie por ahora.

Cuando llegamos a nuestro barrio (Si. ¿Recordáis? Somos vecinos...) pasamos junto a mi casa y entramos a la suya.

-Shhhh. Mi madre está en el salón.-Me susurra.-Todo recto a la derecha.

Suspiro. Encima está la madre... ¡Genial! Lo que me faltaba.

Me dirijo hacia donde me ha guiado y me encuentro una puerta. La abro despacio y entro. Lo que me encuentro es una pequeña habitación ordenada. Bueno, medio ordenada. Repaso con la vista el territorio y entonces Mario aparece por la puerta. La cierra y se dirige a la ventana, que también la cierra. Y así, nos sumimos en la misma oscuridad. No me doy cuenta de lo que está pasando hasta que se coloca frente a mi y me besa despacio y con cuidado. Le respondo el beso y tras unos segundos, nos separamos. Me coge la mano y se sienta en la cama, obligándome a acompañarlo. Tiemblo. Estoy nerviosa. ¿Hago algo? ¿Le digo que no quiero hacerlo con él aún?

-Mario.-Susurro.

-¿Si? -Dice al tiempo que se acerca y vuelve a besarme.

Su boca es tan cálida y tan hermosa... Que jamás que cansaría de ella.

Me olvido de lo que le iba a decir hasta que pasa de mi boca a mi cuello.

Al principio me asusto un poco, pero luego me doy cuenta de lo que me he estado perdiendo durante años. Sin duda, los besos en el cuello son mi debilidad.

Espera, ¡¿qué estoy haciendo?!

-Mario.-Vuelvo a llamarlo.

-¿Si? -Dice besándome con más intensidad.

Como no haga algo ya, va a ser demasiado tarde...

-Mario.-Digo interrumpiendo nuestro beso.

Esta vez me escucha, por lo que suspiro.

-Yo... No...

-¿Tu... No...?

-Yo... No... No... No quiero perder mi virginidad aún.

Y suelta una carcajada.

Estúpida. Tonta. Estúpida. Tonta. Estúpida. Tonta. Estúpida. Tonta.

¡Aaggght!

¿Por qué tuve que venir?

Quiero llorar.

Pero entonces me envuelve en sus brazos y no comprendo nada. ¿Por qué?

-No tenía intención de presionarte... Yo te voy a esperar hasta que tú quieras hacerlo, ¿vale?

Suspiro de alivio. Es un amor.

Sonrío y me besa en la frente. Se recuesta en la cama y yo lo sigo, colocándome al lado suyo. No me suelta. Y volvemos a besarnos. Dirijo mis manos a su cabello para acercarlo mas a mi. Sus manos me acarician y por ciertos momentos creo estar a punto de dormirme. Pero no lo hago. Nos quedamos así hasta que son las 17:00 de la tarde.

-Mierda... Qué rápido.-Masculla.

Es tan hermoso...

-Tengo que decirte algo.-Dice mirándome a los ojos.

-¿El que?

-Te quiero.

Y mi corazón se para, así, impidiéndome pensar.

-Yo también.

¡Eyy! Me gustas...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora