Algo superficial

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-¿Y ahora? -Me dice.

-Ahora hay que curarte esas heridas.

-En la casa de mi abuela tengo un botiquín pero...

-¿Dónde queda? -Le interrumpo.

-Está a dos minutos.

-Pues venga, rápido.

-¿Pero no te vas ya?

Miro el reloj y veo que son las 21:33. Mi padre está a punto de llegar.

-Si, pero no pienso dejarte así.

Me sonríe, me coge de la mano y me conduce hasta la casa.

Llegamos, subimos al ascensor y entramos.

Ya en el baño, saca el botiquín y me pongo manos a la obra.

Tiene la cara bastante mal, pero no es nada del otro mundo. Es algo superficial. Nada que no se pueda curar.

Le desinfecto las heridas y le hecho un poco de betadine.

-Te están llamando.-Me dice de repente.

Cojo el movil y descuelgo. Es mi padre.

-¿Me estás tomando el pelo? ¿Pero en donde estás metida? ¡No paro de llamarte! ¡Olvídate de volver a salir!

Mierda.

-Perdón... Ya... Ya bajo. Un momento.

-Ni un momento ni leches, ¡baja inmediat...!

Y cuelgo.

Estoy harta de sus histerias.

-¿Todo bien? No tienes porque...-Empieza a decir Mario.

-Todo perfecto.-Le interrumpo.-Ya estás listo... Acuérdate te no tocarte las heridas y de no salir de tú casa sin protector solar. Se te pueden quedar las marcas...

-Gracias.-Me interrumpe ahora él a mi.-Por esto y por todo... Te juro que te quiero y no te voy a fallar.

"Pero es que no me puedes fallar porque no somos nada, ¿no?"

-Ya... Emm... Yo tampoco.-Digo mientras nos fundimos en un abrazo.

-Ahora corre que tu padre se va a enfadar.

Y eso hago, corro hacia la puerta, pero antes de que salga y cierre, me coge de la cintura y me besa.

-Te quiero.

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