Capítulo 1
El viento azotaba la costa pero la marea golpeaba con suavidad en la arena, a lo lejos lograba escuchar los graznidos de las gaviotas que se acercaban curiosas, el balde lleno de pescado fresco descansaba a sus pies, el suave tacto de una aleta peluda la trajo de regreso a la playa.
-Perdon por hacerte esperar
En todos los años que llevaba visitando a las focas este era el primer bebe que se acercaba tanto, unos metros detrás una foca gris con manchas negras vigilaba los movimientos de su cría. Los ojos de la madre parecían hacerle preguntas, como si buscara a alguien a quien no había visto en mucho tiempo.
-Soy solo yo otra vez - suspiró la joven mientras dejaba caer una sardina cerca de la cría, estaba lo suficientemente cerca como para alimentarla con la mano directamente pero no quería asustar a la madre y quebrar la confianza que habían creado con el paso de los años
- No creo que el rey vuelva por acá.
Le lanzó a la madre un salmón, la foca rebotó sobre su redondo abdomen para saltar y atraparlo en el aire, lo paso con rapidez y dio unos aletazos enérgicos contra su panza
-De nada
Alimentar a las focas era un momento feliz para ella, recordaba ir agarrada de la mano de su padre mientras cargaba con la otra su pequeño balde repleto de calamares, moluscos y pececillos, daba pequeños saltos de emoción mientras el viento le alborotaba el cabello
-¿Emocionada?
Aquellos ojos azules la miraban con un cariño que parecía imposible.
-¡Focas! ¡Papa! ¡Focas!
-Si, mi amor, ya vamos a ver a las focas
Sintió una punzada en el pecho al recordar la suave risa que salía del rey mientras ella trataba de bajar los escalones de dos en dos
-¡Calma hija! ¡No andes como una cabra salvaje!
Sus pequeños pies se movían intranquilos dejando huellas sobre la arena mientras esperaba a su padre, era un caminata ardua para llegar a la manada, debían pasar por rocas filosas mientras evitaban el oleaje que golpeaba contra estas, caminaban por al menos una media hora hasta que empezaban a divisar las primeras focas. Chillidos de emoción escapaban de sus labios mientras sus manos jalaban el cabello del rey.
-Ahí vienen
Los animales parecían reconocerlos y las focas más grandes habían empezado a rebotar hacia ellos, tratando de impulsarse con sus cortas aletas que apenas tocaban la arena. La pequeña princesa las esperaba con impaciencia, cuando estuvieron lo suficientemente cerca fue bajada de los hombros de su padre y puesta en la arena.
-Adelante amor, te están esperando
La enorme mano del rey se posó con cariño y suavidad en el hombro de su hija, empujándola ligeramente. Ese día las focas se comieron hasta el último calamar. De regreso al castillo Darius solo reía con suavidad mientras cargaba a su hija en la espalda, oyendo con atención cada palabra que emitían sus cansados labios.
-Son redondas, papi, deben ser suaves como los malvaviscos.
-¿Deberíamos comerlas entonces? - Le pregunto con curiosidad
-¡Nooo! Papa! ¿Cómo se te ocurre? Las focas son amigas, ¡no comida!
La carcajada de su padre todavía resonaba con claridad en su mente. Lágrimas se deslizaban lentamente por sus mejillas, haciendo que la arena que traía el viento se le pegara el rostro.
-¡No lo entiendo!
Le gritó con rabia al océano. Algunas focas que descansaban en la playa levantaron la cabeza ante el ruido, resoplaron y volvieron a dormir. Seguía amando a aquellos animales como el primer día y venir a alimentarlos seguía siendo especial, pero desde hace años venía sola. El rey ponía cada vez más excusas acrecentando la distancia entre ambos. El padre que la cargaba en sus hombros y la miraba como si fuera su mundo entero había desaparecido.
El sonido de unas fuertes pisadas hizo que se apresurara a limpiar su rostro, cualquier rastro de debilidad debía ser eliminado, y nadie podía saber que había estado llorando porque extrañaba a su padre como si fuera una chiquilla.
-¿Por qué no me sorprende encontrarte rodeada de estos estúpidos animales?
La voz de Cutler corto el momento, y las pocas focas que seguían en la playa se apresuraron a saltar al mar y alejarse. La joven suspiro, ojala ella tuviera esa opción. Se giró hacia su prometido con lentitud.
-Apreciaria que no les llames así
El joven bufo, tratando de luchar contra la brisa que amenazaba con destrozar su perfecto peinado, levantando sus mechones rubios de forma amenazadora.
-Eso es lo que son, cuando reinemos vamos a comercializar la piel y grasa de esas cosas, llevan demasiado tiempo viviendo de a gratis.
Claro, todo debía servir y dejar ganancia a la casa real, de lo contrario era estupido y una pérdida de espacio. Estaba demasiado cansada como para discutir nuevamente con Cutler, ya había aprendido que esos ojos dorados solo le servían para mirar al mundo con sed de poder. El nudo en su estómago se retorció con más fuerza al pensar en reinar junto a él.
Desde una tierna edad fue elegido para ser su prometido: Cutler Collins, hijo del Duque Ethan Collins y la Doncella Lila Collins, amigos íntimos de la familia Cohen. Por años había tratado de quererle, o al menos llevarse bien con el hombre que sería su esposo pero su mera presencia le ponía los pelos de punta.
-¿Me necesitas?
Preguntó cambiando de tema
-Claramente, no vendría a este horrible sitio si no fuera absolutamente necesario - resopló mientras sacudía sus zapatos- La reina te está buscando, algo sobre un vestido y no se que, mientras tenga escote no me importa que te pongas - movió una mano de lado a lado, dejando claro lo insignificante que era para él todo el asunto.
-Entiendo, en unos minutos iré
-No, te regresas ya conmigo, no voy a ser la causa de que la reina tenga que esperarte aun más
Tomó con fuerza el brazo de la joven y básicamente la arrastró, el camino que en su infancia estuvo lleno de rocas y peligros había sido modificado, baldosas doradas llevaban directamente a una de las entradas del castillo acortando el camino a solo 5 minutos.
La princesa se quedó mirando el oleaje mientras dejaba que Cutler la llevara, esperando chocar contra las rocas, aunque ya no estuvieran ahí.
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La Llama Eterna
FantasyLa princesa de Multraba solo quería hacer sentir orgullosos a sus padres, realmente se esforzaba en ser una buena hija. ¿Cómo terminó uniéndose a una rebelión y qué secretos se esconden detrás de los ojos helados de Drach?
