Capítulo 4:

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Capítulo 4:

La cena continuó a pesar del ambiente tenso. Las miradas que intercambiaban la princesa y su madre parecían estar cargadas de resentimiento, una batalla de voluntades y secretos se veía en sus ojos. Al acabar la cena y despedir a los invitados La reina Rahena y el rey Darius intercambiaron una mirada. Sin decir una palabra, agarraron a la princesa del brazo y la condujeron fuera del salón hacia una habitación privada.

-Como te atreves a mentir y avergonzarnos de esa manera? - La voz de Rahena estaba cargada de indignación

Evitar que sus piernas temblaran era una tarea titánica para la joven, pero debía mantenerse firme a pesar del miedo que comenzaba a apoderarse de ella. Sabía que enfrentarse a sus padres no sería fácil y aun así estaba más que dispuesta a defender sus ideales y proteger a Octavia. No había forma de dar un paso atrás.

-Lamento que mis acciones te hayan avergonzado, madre, pero para mi fue hacer lo correcto

Al lado de la reina Darius suspiro

-Comprendo tus intenciones, pero no puedes ver como tus mentiras arriesgan nuestra reputación? - Se agacho un poco y su tono fue más suave al encontrarse cara a cara con su hija.

La princesa se detuvo unos segundos a estudiar el rostro de su padre, parecía que mientras más crecía más se alejaban, solo quería abrazarlo y decirle que sería una buena hija, que por favor volviera a desayunar con ella, que volviera a darle las buenas noches y los buenos días, que dejara de ser una sombra del hombre que fue. Se mordió los labios para mantener esas palabras en su garganta.

-Debes aprender a medir tus acciones y a considerar las consecuencias de tus decisiones impulsivas

Los ojos de la princesa abandonaron el rostro del rey para dirigir la mirada al suelo, estaba abrumada por el regaño de su padre, mantener una postura fuerte bajo su escrutinio era casi imposible, sabía que lo había decepcionado, pero también sabía que su mentira impulsiva había salvado la vida de Octavia y eso era algo de lo que jamás se arrepentiría.

-No puedo retroceder en mis principios - respondió levantando la mirada con determinación - ¡No permitiré que en el reino prevalezcan los comportamientos injustos!

Los ojos de la reina brillaban con furia contenida y sus puños permanecían apretados a sus costados - Tu actitud desafiante solo demuestra tu falta de respeto hacia nosotros y hacia las tradiciones de la realeza - Su voz sonaba como el hielo - Debes aprender a acatar nuestra decisiones y a no interferir en asuntos que no te competen.

-Si estuvieran dispuestos a escucharme podrían entender la importancia de ser unos líderes justos y llenos de compasión, yo puedo aprender de esta experiencia y enmendar mis errores, pero ¿puedes escucharme?

Las duras acusaciones de sus padres la agobiaban, a duras penas lograba mantener la compostura mientras exponía sus razones, su voz estaba cargada de emociones, sentimientos que habían tratado de cohibirle toda la vida. "Las emociones no son más que actividad mental, y como todo en tu mente pueden ser controladas, la razón debe prevalecer, las sentimentalidades no son para los líderes" Las palabras de su madre tras verla llorar por primera y última vez resonaban en su cabeza. ¿Cómo podría ser escuchada realmente si perdía el control de esa manera?

Rahena se zafó del agarre de su esposo y arremetió contra la princesa, incapaz de contener su enojo, el sonido del cráneo de la joven chocando contra el muro resonó por la habitación. Su cuerpo cayó pesadamente al suelo. Su mente aturdida apenas lograba procesar el dolor en su nuca y el sabor metálico de la sangre en su boca. Con los ojos llenos de lágrimas sin derramar, siempre sin derramar, la chica se levantó tambaleándose, trató de alejarse de sus padres pero antes de que pudiera buscar refugio en algún rincón de la habitación Rahena se lanzó nuevamente sobre ella, agarrando su brazo con fuerza.

Aquellos ojos marrones se abrieron de par en par, las perfectas cejas de la reina casi que tocaban su frente, el miedo que veía en los ojos de su hija la forzó a cambiar de táctica, meterle a golpes las creencias de su familia nunca había funcionado, y ya sabía que el miedo solo doblega, pero no corrompe, si quería controlar el alma salvaje de su hija tendría que apelar a lo que sabía que la chica anhelaba más que nada: el tacto de sus padres.

Redujo la fuerza de su agarre y acarició la suave piel de la joven, pudo sentir cómo a pesar del miedo sus músculos se relajaban bajo sus caricias, forzó una sonrisa y se aseguro de que su voz saliera suave y melosa. Falsa comprensión y empatía brillaban en sus ojos.

-Lamento que hayamos llegado a este punto, mi niña. Siempre he querido solamente lo mejor para ti, y no sabes como el ver cómo nuestras diferencias nos separan me lastima

Su tono era melancólico, pasó un mechón azabache detrás de una delicada oreja, su hija cerró los ojos, como un gato hambriento de afecto.

-Eres joven, mi amor, eres inexperta y esto hace que veas las cosas de manera diferente. Pero mi labor como madre es que entiendas, mi dulce princesa, que las decisiones que tomamos son siempre pensando en el bienestar de nuestra familia y en el reino

Posó sus labios suavemente sobre la frente de su hija, el tacto fue rápido, el suficiente tiempo para que la joven lo sintiera pero lo suficientemente efímero como para que siguiera anhelando las suaves caricias de su madre. Le hizo señas a su esposo para que se sentara al otro lado de la joven.

-Como padres solo esperamos lealtad y respeto de tu parte. La corte y los empleados no nos pueden ver como otra cosa que no sea un frente fuerte y unido, como cabezas del reino debemos ser como una muralla inquebrantable que soportara todos los desafíos que se nos presenten.

El rey suprimió una queja, al sentirlo cerca la joven se dejó caer sobre él. Sus delgados brazos alcanzaban a rodear su cintura y trataba de ocultar su rostro en el hombro de su padre, los ojos azules del rey buscaron aprobación en el rostro de su esposa y solamente cuando la obtuvo fue que sus fuertes brazos rodearon a la princesa.

Rahena sonreía satisfecha, sabía que sus palabras habian construido una red de culpa en el corazón de su hija, sus frases cargadas de de halagos falsos, promesas vacías y propósitos nobles eran un arma para persuadir a la joven y lograr que se retractara de sus propias convicciones.

-Lo único que quiero es que pienses en lo que has hecho, que reconsideres tus acciones, el pecho me pesa cada vez que nos desafías. Prometeme que te comportaras como una verdadera princesa

La voz de su padre la arrullaba, tenía la cabeza confundida y el corazón pesado, el sabor metálico de la sangre había sido reemplazado por el salado de las lágrimas que fue incapaz de contener al estar en los brazos del rey, el olor a rosas y tabaco llenaba sus pulmones y la transportaba a un tiempo más sencillo, un tiempo en el que no se derretía bajo las muestras de cariño de su padre como un adicto en abstinencia. Una pequeña parte de ella sabía que no podría prometer eso, pero el deseo de aquellas caricias suaves, los besos en la frente y los abrazos que parecen curarte el cuerpo era más fuerte. Asintió con fuerza, no confiaba en su voz.

Por ahora eso era suficiente para la reina, su sonrisa demostraba su triunfo, había logrado controlar a su hija y aplacar su rebelión, al menos por el momento. 

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