Capítulo 6:

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Capítulo 6:

La princesa se encontraba viendo como la escena se desarrollaba en cámara lenta: Atrapada en un sueño aterrador, el ambiente era oscuro y opresivo, como si estuviera encerrada en una celda. Las imágenes perturbadoras de la acusación injusta y el destino trágico de Octavia invadian su mente. Veía como cutler se transformaba en una criatura grotesca: cuernos retorcidos salían de su cien y escamas verdosas remplazanban su piel humana, su lengua se transformaba en una serpiente viperina que se movía con malicia mientras profería acusaciones falsas. Agarraba a Octavia con violencia clavando sus brillantes garras en la piel delicada de la chica.

Octavia se encogía, una niña asustada reemplazaba la imagen usual de fuerza y tamaño que caracterizaba a la cocinera. Las lágrimas hacían que sus ojos verdes brillaran como pidiendo a gritos que alguien hiciera algo para salvarla de ese monstruo, la lengua de Cutler se movía sobre sus labios retorcidos mientras pedía a gritos que la cabeza de Octavia fuera cortada. Y aunque la princesa trataba de moverse desesperadamente, tratando de alzar la voz y defender a Octavia, sentía como si su cuerpo estuviera congelado, metido en un sueño lúcido donde la realidad y la pesadilla se entrelazanban. Los músculos se negaban a responderle y su voz se ahogaba en un susurro silenciado. La mirada de Octavia se cruzó con la de ella, un último intento de pedir ayuda. El corazón de la princesa se llenó de desesperación y dolor al darse cuenta de que no podía hacer nada para salvar a Octavia. Inpotente ante la inmovilidad de su propio cuerpo

El destino cruel ya había dictado la sentencia de Octavia. La escena se desplegaba ante los ojos de la princesa como una imagen retorcida y desgarradora. Los oídos de la joven resonaban con los gritos desesperados de Octavia que llenaban el aire de terror y agonía. Cada grito parecía rasgar el alma de la princesa llenándola de angustia hasta que sus gritos de terror se fueron desvaneciendo lentamente, como si su vida misma se extinguiera en un suspiro final.

La escena se transformó rápidamente tras la desgarradora partida de Octavia. La princesa se encontraba observando dos escenas distintas: La corte real se encontraba en medio de un banquete, sonrisas blancas relucían entre la risa, la comida y la bebida. Los rostros de los cortesanos eran el reflejo de una alegría despiadada, no sólo no les importaba la tragedia que había ocurrido sino que dicha tragedia era el motivo de su festejo, celebraban el castigo de Octavia por su supuesta traición llenos de malicia y oscuridad, sus rostros se distorsionaban, criaturas de garras largas y cubiertos de brea los remplazaban, rostros contorsionados por la crueldad despiadada que invadía sus corazones, las risas despiadadas llenaban el aire.

En la otra habitación la escena era completamente diferente. Lorelai y Milo se encontraban junto a un ataúd cubierto de flores. Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras trataban de sostenerse en el otro. La visión del ataúd desgarraba el pecho de la princesa. El contraste entre la maldad de la corte y la angustia de sus amigos era abrumadora, la indiferencia cruel de aquellos quienes debían proteger y amar a su pueblo y la devastación de ese pueblo mismo.

Las paredes se cerraban a su alrededor y el suelo desaparecía bajo sus pies, sin un punto de apoyo empezó una caída a la nada que parecía ser infinita. La oscuridad la amordazaba y el vértigo de la caída le tapaba los oídos. Una luz mortecina se filtraba a través de una abertura al final de aquel abismo. Al caer de cara en la nueva habitación, dos pares de piernas la rodearon y al levantar la mirada se encontró con los reyes, sus rostros habian sido desfigurados y deformados, sus ojos ardian con un brillo infernal de color rojo y sus bocas estaban llenas de colmillos punzates que asomaban amenazadoramente.

Los padres, con voces distorsionadas y llenas de veneno, señalaban a la princesa con sus dedos retorcidos, culpándola de todo lo sucedido. El terror invadía a la princesa, el peso de su culpa abrumadora le cerraba la garganta, atrapando su voz y dejándola encarcelada.

Las palabras que salían de sus bocas estaban cargadas de falsedad y manipulación "Querida, has aprendido una valiosa lección hoy. No debes interponerte entre nosotros y la justicia. Tu amiga ha recibido su merecido por sus acciones. Aprende de esto y no vuelvas a desafiar nuestra autoridad".

Despertó abruptamente tratando de dar bocanadas de aire, su corazón latía desbocado y su cuerpo estaba empapado en sudor, sentía como las sabanas de seda estaban húmedas contra su piel. Jadeaba con fuerza tratando de calmarse, se repetía una y otra vez que no había sido más que un sueño, que Octavia debía estar sana y salva en su cama.

A su alrededor la habitación era bañada por la tenue luz de la luna que entraba por el balcón, tomó nota de los objetos familiares que la rodeaban intentando convencer a su mente de que ya no estaba atrapada en la pesadilla: sus muebles, las pinturas de la pared, la suavidad de su cama. Llevó su mano derecha al pecho, sintiendo como su corazón se iba calmando poco a poco aunque la nube de miedo y ansiedad la seguía rondando y el mantra "solo es una pesadilla, nada de eso fue real" hacia poco para despejarla.

Inhaló profundamente, llenando sus pulmones de aire fresco, y exhaló lentamente, liberando la tensión acumulada. Cerró los ojos un instante, intentando alejar las imágenes perturbadoras que todavía danzaban en su mente. Lentamente, se incorporó en la cama y se quedó sentada por un momento, dejando que sus pies tocaran el suelo fresco y sintieran la sensación de un piso que no desaparecería para devorarla.

Con paso firme, se dirigió hacia el baño para refrescarse y lavar su rostro. La princesa se enfrentó al espejo, observando su reflejo. Sus ojos mostraban aún el rastro de las emociones que la pesadilla había despertado, estaban rojos y ojeras pesadas caían bajo sus párpados, sus labios estaban secos y rotos producto seguramente de morderlos mientras dormía. Caminó hacia el balcón, abriéndose para dejar entrar el aire nocturno. Una risa melancólica escapó de sus labios, estaba tal como Milo la había encontrado unas horas antes y por fin tenía una respuesta sincera a su pregunta.

-No, nada de lo que sucede aca esta bien

El aire helado de la madrugada condenso el aire de su aliento, haciendo parecer que sus palabras salían como humo entre sus labios.

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