Capítulo 7:

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Capítulo 7:

No era así como Milo esperaba pasar su unico dia libre del mes, usualmente utilizaba las horas del día para estar con su familia, ayudaba a los gemelos con la producción de la semana, su padre había logrado un acuerdo con el rey para que fuese él quien produjera las espadas de los guardias del castillo y aunque era un trabajo arduo y constante -dado que los jóvenes solían romper las espadas en combates o entrenamientos- daba muy buen pago, permitiendo a su madre costearse materiales de mejor calidad que llamaban la atención de los ciudadanos más acaudalados.

Por mucho que Milo odiara a los reyes el trabajar en ese sitio horrible le había permitido una mejor vida a su familia, ahora su misión era garantizar que así pudieran vivir siempre, no solo su familia sino muchas otras familias que no contaban con su misma suerte.

Se encontraba en el mercado, pagando unos pendientes dorados que pensaba regalarle a Lorelai ahora que su cumpleaños se acercaba, el color dorado haría resaltar la belleza de la joven: su tez pálida, su cabellera color chocolate que cuando no la tenía pulcramente recogida en un moño alto caía como una fuente hasta su cintura, y esos ojos que resplandecían como la esmeralda más codiciada. Sintió como la punta de sus orejas se ponía roja de solo pensar en lo bella que se vería.

-Joven, si pudiera salir de la fila... tengo más clientes que atender

Milo término de ruborizarse, lleno de vergüenza, había estado tan perdido en sus pensamientos que se había quedado ahí parado, aceptó el recibo que le daba el viejo joyero y se apresuró a abandonar el pequeño toldo. Guardo la caja en el bolsillo oculto de su chaqueta, ese que quedaba en el interior, cerca de su corazón, para asegurarse de no perderla.

Estaba tomando su ruta usual para regresar con sus padres cuando un grito llamó su atención

-¡No eres más que una sucia sabandija! Largo de aca!

El bullicio parecía venir del puesto de frutas que tenía su vecina en la esquina derecha del mercado. Se apresuró, la señora Anise se había encargado de cuidarlo cuando sus padres estaban trabajando hasta el amanecer, vivia sola, después de ser abandonada por su esposo confiaba en pocas personas y aun así sus puertas siempre estaban abiertas para él y su familia. No importaba lo que estuviera pasando, se encargaría de que nada malo le sucediera a quien para él era casi una segunda madre

La encontró en la entrada de su toldo, solamente tenía un zapato y se aferraba con fuerza a una escoba de madera, Milo siguió su mirada enojada y se encontró con la imagen de un chico como de su edad que se encontraba sentado en el piso con la cabeza agachada

-Milo! Que bueno verte

Su tono retomo esa dulzura que le recordaba a su infancia, aunque sus ojos seguían vigilantes, atentos a cualquier movimiento.

-Qué sucede? ¿Necesitas ayuda?

-Oh, no querido, podré estar mayor pero no soy indefensa, este - dijo señalando al joven desconocido - se quería hacer el listo, robando mi puesto.

Oh, los músculos de Milo se relajaron, había llegado listo para atacar cualquier amenaza, no esperaba encontrarse con un joven hambriento

-¿Qué intentó llevarse?

-Dos manzanas y tres duraznos

respondió el desconocido, quien trató de levantarse pero cayó nuevamente sobre su trasero al recibir un zapatazo directamente en la cabeza. Milo se giró mirando con desaprobación a una Anise descalza.

-¿Que pensara mi madre si te ve lanzando los zapatos que con tanto cariño te hizo como si fueran dagas?

-Bah, tu madre entendería si intentasen robar su tienda

-No lo dudo - Milo reprimió una sonrisa - aca tienes lo que se llevó el muchacho - Rebusco en el bolsillo de su pantalón azul y le extendió el billete de 5.000 rupias. -Creo que esto debería ser suficiente

El corto cabello rojizo de Anise se sacudió de lado a lado debido al movimiento de su cabeza, a pesar de su clara desaprobación tomó el dinero.

-Debes dejar de cuidar a los perros callejeros, Milo, un dia van a morderte la mano.

-Ayudar a alguien siempre valdrá la pena, Anise.

Respondió el joven mientras le regresaba sus zapatos y recibía un corto beso en la mejilla por parte de la anciana.

-Siempre has sido un buen muchacho, mandale saludos a tus padres y diles que los espero a cenar el sábado.

Una mano le entregó una bolsa de papel con la fruta dentro mientras la otra quería acercarse a su rostro, Milo se agacho para darle un mejor acceso, aceptó que aquella mano llena de manchas y arrugas por el paso del tiempo desordenara su cabellera rubia y por unos segundos se sintió nuevamente como aquel niño de 7 años que solía guardar parte de su comida para compartirla con los perros sin dueño que vivían en su barrio , se despidió dándole un corto abrazo.

El joven desconocido permanecía aun mirando el suelo, su larga melena azabache tapaba la mayor parte de su rostro, solo podía ver una mandíbula filosa.

-Lamento mucho todo esto, pero intentaste alimentarte con la fruta de la anciana incorrecta

Extendió su mano al extraño, quien tras unos segundos en silencio solo suspiro y permitió que Milo le ayudara a levantarse. Ya de pie el guardia pudo detallar mejor el rostro del joven. Tenía ojos almendrados y alargados de un fuerte color gris, su nariz era un poco estirada y delgada, dándole un toque aguileño, sus labios eran finos y los principios de una barba decoraban su quijada.

-Aca tienes tu compra

Dedos rápidos y delgados agarraron el paquete, se apresuró a sacar un durazno y básicamente gimió al darle un mordisco, jugo de la fruta caía por su quijada.

-Y dime, chico de oro, ¿siempre andas ayudando a desconocidos?

Su voz era rasposa y Milo casi podía sentir el cansancio en sus palabras, apenas podía comenzar a imaginar el hambre que debía tener, se fijó en las oscuras ojeras que hacían ver aún más profundos los ojos del desconocido.

-Los desconocidos hambrientos son mi debilidad

Bromeo Milo, tratando de quitarle importancia al asunto

-Lo siento, no eres mi tipo, las prefiero morenas

Milo encogió los hombros

-Esta bien, me interesan más las castañas

Los delgados labios del desconocido se curvaron en una sonrisa, sus dientes eran blancos y sus colmillos relucían como dos filosas gemas.

-Creo que ya escuchaste mi nombre, sin embargo me presento, soy Milo Yarrow

Le extendió la mano nuevamente y esta vez el joven no dudo tanto en responder el gesto

-Drach Galen

-Bueno Drach, este es mi unica día libre en el mes y ya utilice la mayor parte de mi tarde en salvarte, espero que valgas la pena

Lo decía en broma, pero la respuesta de Drach lo tomó por sorpresa

-Invitame una comida real y te tendré una buena historia

Milo levantó una ceja, claramente interesado, pero cuando abrió sus labios para darle una respuesta a Drach un grito desgarrador llegó a sus odios. Parecía provenir de la playa que la princesa frecuentaba.

-Tendrá que esperar. El deber llama.

-Te acompaño

La seriedad reflejada en el rostro de Drach y la fuerza en sus palabras dejaban claro que no estaba abierto a discusiones, y Milo no tenía tiempo tampoco para una.

-Bueno, pero lo que veas debe quedar entre tu y yo.

Las gruesas cejas de Drach se contrajeron formando una pregunta silenciosa, estudio la mirada de Milo por unos segundos hasta que pareció encontrar una respuesta en ese mar azul.

-Lo prometo. 

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