Antes de la parrillada, Checo cumplió con su palabra y quedó de verse con Esteban un día antes de viajar a Miami. La idea no le emocionaba, el tipo le daba igual, pero le picaba la curiosidad para ver de lo que quería hablar el francés. Desde que llegó, no había cruzado ni una sola palabra con él por varias razones:
1. Siempre estaba pegado a Pierre Gasly y ese no le caía bien.
2. Lo miró feo una vez.
3. Su sexto sentido le advertía que tuviera cuidado a su alrededor.
Solo accedió a verse con Esteban porque era un hombre de palabra (no porque le fuera a invitar la cena, para nada). Llegó al lugar donde lo había citado, un puesto de hamburguesas en las calles de Azerbaiyán y se confundió un poco, podía jurar que el francés odiaba ese tipo de lugares y solo comía en restaurantes donde los platillos eran difíciles de pronunciar.
Cuál fue su sorpresa al encontrarse a Esteban sentado en una de las mesas de plástico a la mitad de la calle.
-Pensé que me ibas a dejar plantado- confesó el francés cuando Sergio se acercó- Gracias por venir.
-Soy un hombre de palabra- contestó Checo mientras miraba las opciones del menú.
Esteban sentía que se iba a desmayar. Tenía miedo de hablar de más y decir cosas que prometió llevarse a la tumba, de quebrarse frente a él y aceptar su cobardía de hace años. Así que para intentar alivianar la palpante tensión entre ellos, se dispuso a pedir la comida.
-Te recomiendo esta- señaló el francés a una que parecía tener tocino, montones de queso y una salsa que parecía ser barbecue.
Checo levantó una ceja ante la sugerencia de Esteban pero la terminó pidiendo porque se veía apetitosa, y cuando le dio el primer mordisco supo que había tomado la mejor decisión de su vida.
-Te gustaba venir a comer aquí- soltó de la nada el piloto de Alpine.
El pecoso lo miró de frente como si le hubiera salido un tercer ojo en la frente. Algo le decía que Esteban sabía más sobre él por alguna extraña razón que aún desconocía pero le intrigaba, después de todo, ¿por qué querría disculparse?
-Yo... te debo una disculpa- comenzó a hablar Esteban una vez que habían terminado de comer- Hice cosas de las que no estoy orgulloso en un intento de esconder quien soy, de convencerme de que lo que sentía estaba mal y me desquité contigo. Nunca pude hablar de nuevo contigo porque respetaba tu distanciamiento al salir de la escudería y lo entendí, lo tenía merecido. Espero puedas perdonarme y si decides no hacerlo, lo entiendo por completo.
Checo se quedó meditando su respuesta. Estaba claro que no le iba a dar contexto para poder entender un poco más la situación en la que se encontraba Esteban, pero si algo le habían enseñado, es que las personas merecen un perdón. Aún no estaba seguro de que fuera buena idea confiar en él, pero si el francés aceptaba sus errores, él iba a aceptarlas.
-No sé qué habrás hecho- dijo el mexicano- Y supongo que por mi bienestar no me lo quieres decir, cosa que me pone un poco escéptico pero te perdono. Toma demasiada valentía y agallas aceptar cuando uno comete errores y admiro eso de ti.
Esteban estuvo a punto de llorar por las palabras comprensivas de su antiguo compañero de escudería y crush, sabía que Sergio una persona comprensiva y sumamente amable aunque algo dentro de él le decía que no merecía el perdón de alguien como el pecoso.
-¿Me puedes contar una de tus leyendas?- preguntó en un intento de ahogar esos pensamientos negativos.
-Por su pollo- contestó Checo, visiblemente emocionado- Esta es la leyenda de La novia del mar.
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Lie like you love me
Fiksi PenggemarMax estaba seguro de que tenía a Sergio comiendo de la palma de su mano. Pero, ¿qué pasaría cuando aparezca frente a él un Checo de 22 años?
