Le entregué mis maletas al señor frente a mi, agradeciéndole. Subí con cuidado hacia el avión de nuestros padres mientras le seguía el paso a mis hermanas.
— ¡No aguanto las ganas de pisar territorio inglés! — gritó Maia, eufórica.
— Técnicamente, lo estás pisando — contestó Alai con un toque de ironía.
— Lo sé tonta, pero no quiero pisar el territorio de California. ¡Quiero pisar el territorio inglés de Reino Unido!
Me desconecté de lo que probablemente terminaría siendo una pelea entre esas dos. Logré sentarme junto a Aaiden antes de que una de mis hermanas lo hiciera o incluso, uno de los amigos/as que Maia había invitado.
Maia había invitado a Charlie y Dalton. Por obvias razones Nashla ni siquiera recibió una invitación. Por una parte, me alegraba haber aclarado las cosas con los chicos. Habíamos quedado en buenos términos. En realidad ellos no estaban ni enterados de las atrocidades que Nashla cometía. Por otro lado, me dolió enterarme que Jace se hubiese acostado con Nashla cuando estaba conmigo.
— Hola — Aaiden me sonrió nada más acercarme a él.
— ¿Qué tal estás?
Se encogió de hombros sin abandonar esa sonrisa de suficiencia.
— ¿Por qué sonríes así? — quise saber yo.
Se encogió de hombros otra vez.
— Solo hago una lista mental de los lugares al que tú apuesto chico te llevará.
Bufé.
— Pero, ¿y quién será ese apuesto chico? — me rasqué la barbilla, con aires de pensativa.
— Pues con el que decidiste sentarte. Si no, ¿por qué estás a mi lado aquí y ahora?
Su sonrisa de suficiencia me recordó lo engreído que podía ser a veces. Quizás era parte de su encanto.
— ¡Laia...! ¿Pero quién es este guapo?
Aaiden me lanzó otra miradita socarrona que gritaba: <<¿Ves?>>
Levanté la mirada encontrándome con la peor persona en estas situaciones: Darah. Una amiga de una amiga de Maia que tenía la fama de engancharse a la mayoría de chicos que conocía. No me gustaba tachar a las personas sin tener todas las pruebas precisas. Sin embargo, Darah nunca me dio buena espina en ese aspecto y ni siquiera había compartido mucho con ella.
— ¿Qué tal, Darah?
— Fenomenal — enganchó una sonrisa. No me gustó — ¿No nos presentas, Lai?
Me asqueé ante la forma en la que me llamó.
— Él es Aaiden. Es...
No supe cómo seguir.
¿Que debía decir? Porque no lo sabía. ¿Qué era el hijo de la mejor amiga de mi madre? ¿Un amigo nuestro? ¿Un amigo mío? Porque a mi entender, los amigos no se besaban ni se hacían orales.
No iba a mentir: moría por decir que era mi novio, pero no era así. Nos habíamos dicho que nos atraíamos, nos habíamos dicho que nos gustábamos. Pero hasta ahí nada más.
— Estoy de vacaciones en la casa de las Aia. Mi madre es amiga de la señora Lidya — respondió Aaiden adoptando la forma en la que los demás se dirigían a mi y a mis hermanas: las "Aia".
No sé si fue imaginación mía, pero juro que por los ojos de Darah un brillo inusual se asomó. Al parecer, Darah intuyó que Aaiden y yo no teníamos otra relación a parte de la que Aiden mencionó, ya que soltó muy confianzuda:

ESTÁS LEYENDO
Mi cliché de verano.
Novela JuvenilY todo empezó como un santo cliché. La vida de Laia era sencillamente ordinaria. Nada fuera de la rutina que ella conocía solía suceder. Hasta que un día su madre les confesó una horrenda noticia: uno de los hijos de su mejor amiga se mudaría en su...