26| Dos corazones rotos

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26| Dos corazones rotos


Emma 

A pesar de que me costó un mundo salir de la cama, fui a trabajar. Hoy Maggie regresaba de su viaje y quería ir a verla. El problema es que no me sentía muy bien para hacerlo.

No había dormido en toda la maldita noche, eso explicaba las ojeras que decoraban mis ojos. Sumándole que estos estaban algo hinchados y rojizos por haber estado llorando. 

Lo primero que vi cuando desperté fue el mensaje de Austin pidiéndome disculpas. No contesté. Honestamente, no tenía ganas de hablar con él; aunque tarde o temprano tendría que hacerlo. Vivíamos uno frente al otro, era obvio que en algún momento del día nos cruzaríamos. Y había evitado que eso suceda está mañana yéndome más temprano de lo usual a trabajar. 

Estoy segura de que Maggie notó en mi cara que algo andaba mal, pero decidió no hacer preguntas, cosa que agradecí. Solo se limitó a contarme lo que había estado haciendo en el viaje —confirmándome que sí había ido a Francia—, y me entregó el regalo que me compró, que se trataba de una cantidad sorprendente de chocolates de todos los sabores y formas posibles. 

Ya tenía qué comer mientras me hundía en la miseria en mi cama.

Nos pasamos toda la mañana charlando y poniéndonos al día, y eso ayudó a que mi humor mejorará bastante, pero no del todo. Aún seguía pensando en Austin, y quizá eso fue lo que me llevó a indagar en el tema en busca de alguna respuesta que me saque de mis dudas para dejar de comerme la cabeza. 

—¿Puedo preguntarte algo? —pregunto viendo cómo guarda el dinero en la caja. 

—Era verdad cuando te dije que iba a aumentarte el sueldo —se defiende.

Pongo mis ojos en blanco. No sé ya cuántas veces me había repetido eso, y la mejor parte es que todavía no me había aumentado nada. 

—No es eso. 

Sonríe. 

—Pregunte. 

—¿Recuerdas el día que cocinamos ese pedido enorme para un cumpleaños? —inquiero con cautela. Eso había sido hace cosa de un mes, así que seguro se acordaba.

—Sí, ¿cómo olvidarlo? Casi te da un ataque —bromea. 

No sonreí. Estaba demasiado ansiosa porqué Maggie me dé una respuesta.

—Bueno, ese mismo día vino una mujer con una chica —jugueteo con un sorbete descartable en mi mano, intentando distraerme— ¿Quiénes eran ellas?

Maggie me mira fijamente, como si estuviese intentando averiguar la razón por la que le preguntaba eso, pero al parecer fingí demasiado bien porque terminó por responderme. 

—Oh, sí. Son unas conocidas. Vivieron mucho tiempo aquí y hace unos años se mudaron a Sorrento. 

Esa respuesta no me aclaraba nada. 

Inspiro, buscando las palabras.

—¿Y la chica… es amiga tuya, o…? —dejo las palabras en el aire, sin saber cómo terminar la pregunta.

—No, no es mi amiga. En realidad, es la hermana de un amigo que teníamos Austin y yo en común.

Frunzo el ceño. ¿Amigo? No recordaba que Austin me mencionase a ningún amigo. Es más,  aquí no tenía ninguno.

Algo de repente pareció hacer click en mi cabeza, y solo rezaba por estar equivocada. 

—¿Ella es mayor que ustedes?

Todo lo que somos juntos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora