20| fuegos artificiales

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¿Se pensaron que iba a dejarlas con las ganas? Por favor, si yo soy un angelito

20| Fuegos artificiales


Emma 

Al otro día, aunque no tenía ganas de absolutamente nada, me obligué a levantarme de la cama, bañarme, desayunar y prepararme para ir a trabajar. Tenía unas horribles ojeras debajo de mis ojos que eran la clara demostración de que no había podido dormir nada en toda la noche. Mi mente se la había pasado torturándome y repitiéndome cómo un disco rayado las palabras que Austin me había dicho, recordándome cómo me sentía en Londres antes de venir aquí. 

Ni siquiera sabía si el dolor en el pecho se debía a las palabras de Austin o lo que estas me habían provocado y recordado. De todas maneras, sentía que el corazón me dolía, cómo si alguien hubiera metido la mano dentro de mi pecho y lo haya apretado con fuerza, haciéndolo sangrar. Creo que esa clase de dolor era uno de los más asfixiantes que las personas podían experimentar. Debería haber un certificado médico para esto, uno que ponga: “fuerte dolor en el pecho, preocupante estado de tristeza, y ganas de quedarse hundido en la cama todo el día. Se recomienda hacer reposo y no ver ni hablar con nadie”

Así que, por más que quisiera quedarme todo el día en la cama hundiéndome en mi miseria, tenía que ir a trabajar. Eso era lo jodido de tener responsabilidades, que no podías darte el lujo de estar triste durante todo el día.  

Puse mi mejor sonrisa —que daba pena, a decir verdad— y entré a la cafetería de Maggie. Seguramente ella ya se había encargado de entregar todo el pedido de ayer, puesto que me permitió entrar un rato más tarde para que pueda descansar bien, cosa que no hice. 

Está vez, mi sonrisa se hizo un poco más real cuando vi a Gaga sentada en una de las mesas, tomando café y comiendo una porción de lemon pie. Estaba concentrada mirando algo en su móvil mientras que Maggie se encontraba detrás del mostrador, hablando con una chica pelirroja y con el rostro lleno de pecas. Estaba segura de que esa chica no era de por aquí y no tardé en deducirlo al oír su acento británico igualito al mío.

—Hola, Gaga —me siento frente a ella, llamando su atención.

En el momento en que levanta la mirada, me sonríe.

—Hola, cariño ¿Cómo estás?

Uff. Esa pregunta.

—He tenido días mejores —me encojo de hombros y hago un ademán con el mentón hacia su teléfono— ¿Qué mirabas tan concentrada?

Se inclina hacia mí, como si lo que estuviera a punto de decirme fuera confidencial.

—Estaba buscando en Wikipedia la biografía de esa chica —señala disimuladamente hacia la chica pelirroja que habla animadamente con Maggie.

Frunzo mi ceño y la observo bien. Ahora que la veía con más atención, sentía que la conocía de algo, pero no sabía de dónde.

—¿Quién es ella?

—Según Wikipedia, es una escritora bastante famosa de Londres —me muestra la pantalla de su móvil y alzo mis cejas con sorpresa al ver la cantidad de seguidores que Wikipedia decía que tenía—. Creo que Maggie leyó algunos de sus libros.

—Vaya, eso es genial —murmuro echándole una ojeada a la chica pelirroja.

—Así es. Vino a comprarle un pastel de cumpleaños a su novio, y me fije en su instagram —suelto una risita al ver que entra a la aplicación de instagram—, y tengo que admitir que su novio es un bomboncito. 

Todo lo que somos juntos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora