18| Quédate

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18| Quédate

Emma

—Emma...

—No me hables en ese tono —lloriqueo.

Noah suspira al otro lado de la línea.

Había decidido llamarlo porque necesitaba contarle a alguien lo que había descubierto la noche anterior. Y Maggie no entraba entre una de las opciones, considerando que no sería muy buena idea decirle que me gusta su hermano.

—¿Es que te das cuenta de lo que me estás diciendo? —mordí mi labio inferior mirando por la ventana de la cocina. Austin se encontraba regando sus plantas. Cada día estaba más segura de que era el chico de las plantas—. Fuiste a Positano con la idea de tomarte unas vacaciones antes de venir y anotarte en alguna universidad, y terminaste viviendo en una casa, con un trabajo, haciéndote amigos, un curso de cocina y, además, te gusta ese chico. Y por cómo hablas de él, presiento que vas a terminar muy enganchada. 

Suspiro profundamente hasta que mis pulmones se quedan vacíos.

—En sí no eran vacaciones —maticé—, la idea era averiguar qué carajos quiero hacer con mi vida.

—Da igual, Emma. Por como yo lo veo tampoco son vacaciones, sino que estás creando tu vida allí y…

Deja la frase en el aire y yo contengo la respiración.

—¿Y qué? —pregunto en un susurro.

—Que todavía creo que sigues sin saber qué es lo que realmente quieres hacer con tu vida.

Sentí el nudo en mi garganta crecer y mis ojos nublarse por las lágrimas, y lo peor de todo es que creo Noah tenía razón. No servía de nada haber creado una rutina en Positano cuando dentro de poco regresaría a Londres y seguiría sin saber qué hacer. 

Además de que tampoco tenía un trabajo allí que me aseguré nada. Algo que aún no le había dicho a mis papás, pero sospechaba que ya lo sabían. 

No debería seguir acostumbrándome tanto a Positano cuando ya sabía que no me quedaría aquí para siempre. Y pensar que no lo haría me generaba una sensación de vacío en el pecho.

Pero, por otro lado, estaba lo que me había dicho Monet. Ayer me había enviado la lista con todas las escuelas para chefs que había en Londres y su información. Aun no sabía qué hacer, pero estaba esa pequeña posibilidad que no lograba sacar de mi cabeza. 

—¿Vas a volver a Londres, Emma? —suelta la pregunta con cautela, tomándome por sorpresa.

Lo más jodido: que dudé al responder. 

—¡Claro que sí! ¿Por qué lo preguntas?

—Tú sabes por qué lo pregunto.

Suspiro. Sí que lo sabía. Era por eso mismo que él me había dicho; estaba creando mi vida aquí y hasta podía decir que de cero.

—Sí voy a volver a Londres, Noah. Ese fue el plan desde el principio —un plan que empezó a difuminarse hace ya tiempo—. Escucha, estuve hablando con Monet y ella me sugirió la idea de anotarme en alguna escuela para chefs.

Se hizo un silencio al otro lado de la línea. Un silencio que me puso de los nervios.

—Siempre te gustó cocinar —murmura de forma despreocupada—. Es una buena idea. 

Sentí el alivio recorrerme el cuerpo y una sonrisa se formó en mis labios. Muy en el fondo sabía que Noah me iba a apoyar en cualquier cosa que hiciera. 

—Me envió el nombre de algunas escuelas que están con las inscripciones abiertas. 

—¿Y ya elegiste alguna?

Todo lo que somos juntos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora