♡₊˚ 🦢・₊✧
El reloj marcaba las 7:13 de la mañana cuando Audrey abrió los ojos de golpe, con la respiración agitada. Otra vez ese sueño.
La misma escena, noche tras noche: una habitación bañada por una luz cálida y suave, y en medio de ella, la figura de una chica. Siempre la misma. Su silueta era esbelta, casi etérea. El cabello castaño caía en ondas suaves por su espalda como un río otoñal, y sus ojos —marrones, cálidos, profundos— brillaban con una dulzura que dolía. Sonreía. Siempre sonreía. Decía algo, pero su voz nunca llegaba. Y justo cuando Audrey creía estar a punto de entender, de oírla... todo desaparecía.
—¿Quién eres? —susurró al techo, con el corazón latiendo como si hubiese corrido—. ¿Por qué siempre vuelves?
Ya era la cuarta noche consecutiva con el mismo sueño. No le provocaba miedo, sino una inquietud persistente, una urgencia que no sabía de dónde venía. Sentía que conocía a esa chica, como si sus almas se hubieran tocado alguna vez en otro tiempo. En otro lugar. O en otra vida.
Sacudió la cabeza, intentando dejar el pensamiento a un lado. Hoy no podía permitirse distracciones. Era el último ensayo antes del show final con Jackson Wang, un cierre perfecto tras meses de gira. Y sin embargo, ni la emoción de pisar uno de los escenarios más grandes de Nueva York bastaba para despejar la neblina que llevaba en la mente.
Frente al espejo, Audrey se miró con detenimiento. Las ojeras bajo sus ojos eran más notorias, y su piel lucía un poco más pálida de lo habitual. El desgaste de semanas intensas comenzaba a asomar, pero lo que más la preocupaba era esa sensación en el pecho: como si algo la estuviera esperando... o llamando.
—¡Audrey! ¡Vamos, que no quiero que Jackson me mate! —gritó Alisson desde la sala.
—¡Ya voy! —respondió, ajustándose las zapatillas favoritas. Tomó su mochila sin pensarlo mucho y salió, aún con el cuerpo en automático, pero la mente muy lejos.
En la sala, Alisson la esperaba con los brazos cruzados y una ceja arqueada. Llevaban meses compartiendo departamento, y aunque discutían a veces, su vínculo era profundo, sincero.
—Cinco minutos más y me iba sola —le dijo con una media sonrisa.
—No podés dejarme justo hoy, en nuestro último ensayo —contestó Audrey, dándole un empujón suave en el hombro—. Vamos, aún estamos a tiempo.
El aire de primavera en Manhattan tenía algo distinto ese día. Como si el mundo guardara un secreto. Las calles estaban vivas, bulliciosas, pero para Audrey todo se sentía más lento. Como si el universo estuviera en pausa, esperando que ella eligiera un camino.
El estudio rebosaba de energía: risas nerviosas, pasos firmes sobre el suelo de madera, voces ensayando. Una vibra eléctrica flotaba en el aire, esa mezcla de emoción y tensión que solo se siente justo antes de un gran final. Pero cuando Tony, uno de los productores, se acercó con el rostro serio, Audrey sintió un leve nudo en el estómago.
—Jackson quiere verte. Es importante.
Sin decir nada, lo siguió hasta una sala más pequeña, apartada del bullicio. Allí estaba Jackson, de pie, acompañado por una mujer elegante, de cabello oscuro y liso, mirada segura y postura impecable. No era una simple espectadora: estaba allí con un propósito.
Sus miradas se cruzaron, y Audrey sintió un escalofrío sutil. No de miedo, sino de reconocimiento. Como si su presencia tuviera peso. La mujer sonrió con suavidad.
—¿Kirsten? —preguntó Audrey, con incredulidad. La había visto antes: en entrevistas, en videos, en presentaciones de alto nivel. Pero nunca en persona.
—Hola, Audrey —intervino Jackson—. Kirsten quería conocerte. Tiene algo importante que ofrecerte.
La mujer dio un paso al frente.
—He estado siguiendo tu trabajo desde hace tiempo —dijo, con voz firme pero amable—. Me ofrecieron dirigir un proyecto de danza en Corea del Sur, y tú fuiste una de las primeras bailarinas en las que pensé. Tu presencia en escena, tu entrega, tu alma... me impactaron. Quiero invitarte a formar parte del equipo.
Audrey sintió que el tiempo se detenía. Corea del Sur. Otro país. Otro mundo. Un salto enorme... pero también la oportunidad de su vida.
—Sí... sí, claro que sí. Me encantaría —respondió con la voz temblorosa de emoción—. Gracias. Es un honor.
Kirsten asintió, complacida.
—Partimos en dos días. Después del concierto te explicaré todo con calma.
De regreso con Alisson, la emoción se mezclaba con miedo. ¿Cómo se lo diría? ¿Y si eso cambiaba algo entre ellas?
Pero Alisson la miró, y en sus ojos ya estaba la respuesta.
—¿Te vas, cierto? —preguntó con una sonrisa que dolía un poco, pero también brillaba de orgullo.
—Sí... en dos días.
—Siempre supe que este momento llegaría. Te voy a extrañar, Audrey. Pero este es tu camino. Siempre lo fue.
El abrazo fue largo, apretado, como si intentaran sostener el tiempo entre los brazos. Audrey sintió que se despedía de un capítulo de su vida, uno que le había dado tanto.
Esa noche, después del último ensayo, el grupo celebró entre lágrimas y abrazos. El fin de una etapa, el inicio de otra. Mientras Audrey se despedía de todos, Kirsten se acercó con tres chicas jóvenes a su lado.
—Audrey, quiero presentarte a Emma, Latrice y Ling. Ellas también viajarán con nosotras.
Se saludaron entre sonrisas tímidas y miradas brillantes. Había nervios, sí, pero también una chispa de esperanza. Por un instante, Audrey dejó de pensar en la chica de sus sueños.
Pero solo por esa noche.
Porque más tarde, mientras hacía su maleta bajo la tenue luz de su lámpara, la vio de nuevo.
Un reflejo. Un destello.
Y esta vez, la chica habló.
—Nos veremos muy pronto.
♡₊˚ 🦢・₊✧
ESTÁS LEYENDO
𝙎𝙚𝙧𝙖́ 𝙚𝙡𝙡𝙖 ? 𝘽𝙖𝙙𝙖 𝙇𝙚𝙚 𝙓 𝘼𝙪𝙙𝙧𝙚𝙮 𝙇𝙚𝙣𝙖
Fanfic- No pensé ver a una Bada toda tierna -dijo Audrey enternecida- más bien a una toda ruda y muy seria No podía dejar de sonreír antes las ocurrencia de la más baja, ella no se daba cuenta lo mucho que me gustaba.
