-Tenemos un trato.
En cuanto pronunció esas palabras, Kyla observó cómo las comisuras de los labios de Melaneia se curvaban hacia arriba en una sonrisa. Sin apenas mirar hacia atrás, la reina hizo un gesto con la mano a sus guardias.
-Lleváoslos.
Con un nudo en la garganta, vio a los guardias agarrando de malas maneras a Nía, Olgar, Axel y Amaranthi, que hacían todo lo posible por liberarse a base de patadas, puñetazos y fuerza bruta.
-¡KYLA!- Oyó la voz desesperada de Axel repitiendo su nombre. Como las anteriores veces, ella se limitó a ignorarlo, aguantando las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos.
-¡Sabes que no va a cumplir su palabra Kyla! ¡Huye! ¡Kyla!- Le gritaba también Amaranthi entre jadeos.- ¡No puedes ser su juguete!
Por el otro lado, Nía peleaba contra los dos guardias que la agarraban, gritándole también de vez en cuando que no tenía por qué hacer aquello y que huyera tan pronto como le fuera posible. A Kyla casi le extrañó que la chica se preocupara por ella, pues apenas habían hablado.
Olgar simplemente la miraba fijamente, con esos ojos azules penetrantes y una expresión un tanto extraña, como si demasiados sentimientos contradictorios se mezclaran en su interior. Casi le dio la impresión de que le traspasaba el alma, de que podía ver sus más profundos pensamientos. A diferencia de los demás, él no luchaba por liberarse, sino que tenía toda su atención focalizada en ella.
El sonido de otro grito de Axel llevó su atención hacia el chico. Tenía tres guardias a su alrededor, y aun así continuaba tratando de llegar hasta ella, llamándola con su voz desgarrada. Mechones sudorosos de pelo castaño le caían por la frente hasta rozar sus ojos, generalmente de color café, aunque en esos momentos se habían vuelto negros.
En cuanto los ojos verdes de la chica se posaron sobre los suyos, su expresión se suavizó, con súplica en el rostro.
-Por favor.- Susurró.
A pesar de que no lo oía, el movimiento de sus labios y el brillo triste de sus ojos le indicó a Kyla lo que el chico le pedía. Negó suavemente con la cabeza. Ya estaban prácticamente fuera de la estancia cuando por fin habló, sin apartar su mirada de esos ojos.
-No me busquéis.
***
En cuanto Kyla tocó aquel trono, Axel sintió el miedo invadiendo su cuerpo. Melaneia la mataría, estaba seguro. ¿Para qué la querría viva, si únicamente le quitaría el trono, y evitaría que su hijo fuera rey? Trató de zafarse con todas sus fuerzas, pero el agarre del guardia era demasiado robusto, y él había consumido todas sus fuerzas en la pelea anterior. Tenía las muñecas ensangrentadas, como resultado de frotarlas contra la cuerda que las rodeaba. No escuchó lo que decía Melaneia. Sólo pudo observar cómo Kyla levantaba un cuchillo que no sabía de dónde había sacado y lo posaba en su garganta.
-¡KYLA, NO!- Se oyó gritar, sin saber de dónde había sacado voz para ello.
Recibió una patada que lo tumbó. Momentos después, una mano en su cabeza le hizo levantar la vista y otra en su boca se aseguró de que no podía disuadir a la chica, que escuchaba a Melaneia con una mirada desafiante.
Escuchó, horrorizado, cómo ella aceptaba aquella trampa que le proponía la reina sin dudarlo un segundo. Luego notó a los guardias tratando de llevárselo junto con Olgar, Nía y Amaranthi, y perdió la cuenta de los golpes que dio y recibió al intentar soltarse. Sólo podía centrarse en la chica sobre el trono, y en tratar de hacerle cambiar de opinión, aunque sabía que era inútil.
No apartó la vista de los ojos color jade de Kyla hasta que estuvo fuera de la sala. No podía creer lo que acababa de pasar.
Tampoco dejaron de retorcerse y luchar por liberarse, por lo que tuvieron que acudir más guardias para contenerlos. La situación siguió igual por un tiempo, hasta que finalmente los dejaron inconscientes para transportarlos.
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Arcanum: la princesa cautiva
FantasyLIBRO DOS (📚 saga Arcanum) Tras el trato que hizo Kyla con la reina Melaneia, la situación de la chica cambia radicalmente: vestidos, joyas, guardias y una constante actuación para esconder su miedo se convierten en su inevitable rutina mientras, e...