Capítulo XX

5 3 0
                                    

Kyla se irguió, en alerta, buscando armas en su cinturón, botas y las cintas que tenía alrededor de los muslos, para recordar que las había dejado en la hierba, justo al lado de donde había dormido. Se quedó quieta donde estaba, insegura de si abandonar a Leinen para ir a por sus cosas era buena idea, hasta que apareció Nía, lanzándole un cuchillo envainado, que ella atrapó al vuelo y extrajo de su funda.

–Supongo que nos tendremos que llevar de aquí al principito, ¿no? No querremos que se lo lleven de vuelta con su querida madre. –razonó, alerta por si algún guardia se acercaba.

–Ya me encargo yo. –anunció Olgar, que había venido corriendo al darse cuenta de lo que pasaba. –Kyla, ayúdame. –pidió mirándola de una manera muy significativa, como si la chica tuviese que entender algo implícito.

Nía arremetió contra los primeros guardias que llegaron corriendo. Al parecer, ya habían identificado al príncipe, por lo que probablemente vendrían más en unos instantes.

Mientras desataban las correas de sus muñecas, más rebeldes vinieron para ayudar a Nía a defender su posición, al tiempo que el número de atacantes que trataban de romper la barrera incrementaba.

–¡Vamos! –ordenó Olgar cuando hubieron liberado las cuerdas que ataban la camilla al suelo. Cogió del extremo de la camilla más próximo a la cabeza de Leinen, y Kyla se encargó del de los pies. Comenzaron a correr hacia el bosque, con Olgar liderando la marcha y Kyla siguiéndole como podía, mientras Leinen permanecía inmóvil, mirando al cielo con inexpresividad.

No muy lejos de ellos escucharon el sonido de armaduras chocar. Kyla trató de acelerar el paso, pero en esos momentos un rayo atravesó el cielo nublado y comenzó una tormenta, lo que hizo que el suelo del bosque se encharcara, dificultando el paso.

Olgar se dio la vuelta.

–Me encargaré de distraerlos.

–Pero Olgar, tú...

–No, escúchame. Os buscan a los dos, así que hay que alejarlos de aquí u os encontrarán. –Muy a su pesar, Kyla asintió. –Y una última cosa; no puedo asegurarlo al cien por cien, pero lo que has dicho antes sobre el hechizo de Melaneia... Creo que sé cómo romperlo definitivamente. ¿Dices que Melaneia extrajo la magia de Leinen, no?

–Sí, eso creo. Aunque me da la impresión de que el lugar en el que estábamos, una cueva subterránea con un agujero por el que entraba la luz de la luna, también tuvo algo que ver, pues todo lo relacionado con el hechizo sucedió ahí.

–Eso sólo confirma mis sospechas.

–¿Y bien? ¿Cómo puedo terminar de una vez por todas con todo esto, Olgar?

–No te va a gustar, pero... Tienes que terminar con la fuente de la magia. Y eso es o la sala inaccesible que se encuentra a kilómetros de distancia donde se hizo el hechizo o...

–¿Qué?

El anciano la miró significativamente, señalando a Leinen con la cabeza.

–¡¿Qué?! ¡¿Tendría que...?! –se dio cuenta de que el príncipe, aunque no hablase, estaba plenamente consciente, así que bajó la voz. –¡¿Tendría que matarlo?! –susurró. La expresión grave del hombre era ya una respuesta. Abrió la boca y la cerró varias veces.

–No es algo que tengas que pensar ahora, Kyla. Ahora debes correr con el chico. Dad la vuelta alrededor del claro y dirigíos al oeste hasta que consideres que estáis a salvo. En cuanto esto se termine, iremos a por vosotros.

–¡Olgar! –llamó Menesre cuando el anciano se empezaba a retirar. –Necesito que alguien venga conmigo. –suplicó. –En cuanto caiga la noche, mis recuerdos se desvanecerán y... –un nudo le atenazaba el pecho. Necesitaba a alguien que se los contara de nuevo, como había estado haciendo Axel estos días, o no sería ella misma.

Arcanum: la princesa cautivaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora