Apenas su cuerpo tocó el suelo, las gotas de sangre que rodeaban su lecho cambiaron de color, tornándose verdes, y se transformaron en un conjunto de flores de todos los colores, que circundaron el inerte cadáver del anciano. Guiada por un impulso, Kyla extrajo la espada ensangrentada de su pecho, y de la herida abierta emergió una luz cegadora que se lanzó al cielo e hizo que desaparecieran las nubes, llenando el bosque entero de luz solar.
Se escucharon murmullos de extrañeza, y una niebla densa bajó de pronto sobre ellos.
–Es el Espíritu. –musitó Kyla. No entendía el sentido de todo aquello.
Aquella voz susurrante, que era una sola y a la vez eran miles, resonó en la cabeza de todos los presentes.
–Descansa en paz, Olgar Yav, enviado del Espíritu de Arcanum.
La niebla antinatural envolvió el cuerpo del anciano y emitió de nuevo otra luz deslumbrante, haciendo que todos se cubriesen los ojos ante el resplandor. Cuando se apagó, no había ni rastro de la niebla, ni de la luz. Ni del cuerpo de Olgar.
En su lugar, había un sauce, rodeado de las mismas flores que habían brotado de la sangre del anciano.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
María no podía creerlo. Se limpió las lágrimas otra vez, sacando otro pañuelo de la caja. A su lado, su madre sólo miraba al infinito, perdida en sus pensamientos con los ojos enrojecidos y las mejillas húmedas.
–¿Y l-lo salvó? –inquirió de nuevo Alicia, todavía pasmada con la noticia.
–Sí. S-se lanzó hacia la espada.
No podía creer que Brandal no hubiese echado de allí al responsable de lo ocurrido. Una vez habían procesado la situación, más de la mitad de los presentes había exigido justicia para con el asesino, como mínimo su expulsión del Ejército de la Corona. Pero en vez de eso, Brandal había insistido en que debía permanecer con ellos, asegurando que se aplicaría una sanción por sus actos una vez llegasen al refugio, aunque la chica ignoraba cuál era.
–¿Y l-luego? ¿El enviado del Espíritu...?
–Sí. Ninguno entendimos muy bien qué es eso exactamente, pero creo que Olgar nos protege... nos protegía en todo lo que podía. Se encargó de entrenarnos, de guiarnos... Creo que rezaba al Espíritu por nosotros, le contaba nuestros progresos y demás. –Exhaló varias veces. –Sus conocimientos sobre Arcanum eran enormes. Conocía el bosque como la palma de su mano. Incluso fue el único capaz de descubrir cómo romper el hechizo de Melaneia...
–Tiene sentido que fuera el intercesor del Espíritu. –coincidió Alicia. –El propio Espíritu, por muy poderoso que sea, no puede actuar directamente sobre lo que ocurre en Arcanum. Necesitaba a alguien que recondujera la situación. Fue gracias a Olgar que tú terminases en el Ejército, María. Es cierto que Amaranthi te encontró, pero jamás habría adivinado quién eras ni procedido de la manera que procedió sin el consejo de Olgar. –Se le anegaron los ojos de lágrimas otra vez. –M-me gustaría por lo menos haber estado con él una última vez. –musitó. –Hay tantas cosas que no le dije... De no ser por él, me habrían condenado a muerte, María. Olgar consiguió que fuera sólo un destierro.
Su hija le apretó la mano en un gesto reconfortante. No le quedaban más palabras alentadoras.
Después de un buen rato con su madre, María se dirigió a su cuarto. Cogió el móvil y le escribió un rápido mensaje a Elena, diciendo que esa noche no le aperecía ir de fiesta como habían planificado. Su respuesta, casi inmediata, fue que ya lo trasladarían a otro día, puesto que Alan y Sara habían debido de pillar algún tipo de virus y estaban enfermos. Al leer aquello, María se mordió el labio. Sabía muy bien lo que les sucedía y por qué no salían de la cama. Se metió en la suya y se durmió.

ESTÁS LEYENDO
Arcanum: la princesa cautiva
FantasyLIBRO DOS (📚 saga Arcanum) Tras el trato que hizo Kyla con la reina Melaneia, la situación de la chica cambia radicalmente: vestidos, joyas, guardias y una constante actuación para esconder su miedo se convierten en su inevitable rutina mientras, e...