Lecciones para Señoritas

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"Ya que la mujer es la razón primera del pecado, el arma del demonio, la causa de la expulsión del hombre del paraíso y de la destrucción de la antigua ley, y ya que en consecuencia hay que evitar todo comercio con ella, defendemos y prohibimos expresamente que cualquiera se permita introducir una mujer, cualquiera que ella sea, aunque sea la más honesta en esta universidad".
Decreto de la Universidad de Bologna, 1377
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Ser maestro en una sociedad tan perturbada, es difícil, pues ves como todas las generaciones se pierden en guerras, agrias, amargas por asuntos que no les conciernen.  Soy maestro, en una escuela de señoritas, donde les enseñan cómo ser amas de casa, irónico, cuando no tienes con quien hacer un hogar.

Como todas las mañanas, me levanto, el frío es penetrante, busco mis babuchas para salir de mi habitación, vivo en una pensión de maestros ubicada cerca a la escuela, llevo mis cosas para ducharme y estar listo para bajar a desayunar, es un edificio viejo, la calefacción es antigua, a veces sirve otras veces la chimenea es la calefacción con el humo y todas sus chispas.  Vivimos cuatro hombres, tres de los cuales tenemos casi la misma edad, dictamos artes; música, poesía, pintura, el más anciano de los cuatro, es un sastre, y si, enseña a coser.

Hoy iniciamos, así que los cuatro salimos al mismo tiempo, caminamos por las calles pedregosas, unas cuantas cuadras y doblando a la izquierda se alcanza a ver las paredes de la escuela de señoritas, fuertemente reservado tras los barrotes que dan hacia la calle, gruesos y pulidos, húmedos por el frío, las puertas son amplias, pero solo se alcanza a ver a la institutriz, Miss Susana, una dama de edad, toda una dama que educa damas, asi se hace llamar, sin hijos por que sus estudiantes son sus hijos, a tras de ella se encuentra sus asistente, su hermana, Miss Madai, ambas damas, pero solteronas al fin y al cabo.

-Buenos días, caballeros, los estábamos esperando- Saludo la Mayor de las solteronas. -Sigamos a la oficina, les asignare sus salones y les entregare sus alumnas para este semestre- Empezó a caminar, mientras su hermana hacía una reverencia para saludar y emprender su paso rápido tras la otra, los cuatro nos miramos, sonriendo para así continuar detrás de ellas, a paso mesurado.

-Como ya conocen a Arthur, no hay necesidad de presentarlo, me gustaría saber sus nombres y sus licenciaturas, para el registro. -

-Soy Kim SeokJin, soy licenciado en artes plásticas, soy coreano- Dijo el primero.

-Yo soy Jung HoSeok, licenciado en música clásica y tradicional de la universidad de corea- Siguió el más simpático de los tres.

-Mi nombre es Kim NamJoon, soy licenciado en Literatura inglesa, también soy coreano. - Hable con la seguridad que me caracteriza, mirándolas a las dos mientras me erguía con mis manos atrás de mi espalda.

Suspiro pesadamente -Bueno, coreanos, esperemos que se puedan adaptar a la escuela, les entregare sus inventarios y los listados de las señoritas, la mayoría ya pasan los 17 años, escasamente, todas las educamos para ser las damas y esposas perfectas de esta sociedad- bajo su mirada, buscando entre los papeles -Pero después de la guerra hemos recibido señoritas ya pasadas de edad matrimonial, tenemos un grupo de señoritas entre los 21 y 25, realmente son una molestia, ya que todo lo critican, edad moderna le dicen, pero para mí son unas libertinas.- dijo cerrando de malagana el libro que tenía abierto en su escritorio. -Espero que ustedes no se vuelvan parte del problema, se comporten profesionalmente y enseñen los valores que deben desempeñar las damas en estos tiempos, toma- dijo esto, mirándonos a la cara y subiendo la ceja, le entregó a su hermana unas carpetas. -Bienvenidos a la Escuela de Señoritas-

La Miss Madai, nos entregó a todas unas llaves, unos listados, unos libros algo viejos y tizas y borradores de trapo - Síganme- Dijo, caminado por los pasillos, se escuchó la campana, mire mi reloj ya eran las siete, apresuro su paso y nosotros tras ella.

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