17

183 22 0
                                        

El avión había aterrizado en el mismo aeropuerto que la vio partir envuelta en dolor y lágrimas.

Pero ahora era diferente, ya no sentía dolor, solo miedo y ansiedad, pero cuando una mano grande y cálida se posó sobre ella la calma pudo llegar a su vida, y así mismo pudo soltar el aire que tenía retenido y no se había dado cuenta.

Seiya dejó un beso en el dorso suave de la mano de su novia, prometiendo y jurando que todo estaría bien, que ante el mínimo inconveniente tomarían un vuelo de vuelta a Grecia y no volverían jamás.

La verdad es que serena había cambiado mucho, se notaba hasta en su forma de vestir, en Mykonos se había atrevido a usar prendas que antes no podía o le daba vergüenza usar en Japón,  además que se había acostumbrado a la ropa de verano, por que en Mykonos aunque lloviera el frío no era para nada azorador, de hecho agradecía que el clima hoy era agradable, sin embargo su novio no dudó en colocar un abrigo sobre sus hombros.

Serena seguía tendiendo era aura dulce y amable, la diferencia es que ya no se notaba para nada sumisa, por el contrario, había desarrollado su poder de decisión y la capacidad de decir no, había perdonado y se había perdonado, en fin, era una mujer totalmente diferente y eso se notaba, seiya arrastraba las maletas tras de ella observándola con orgullo, de la niña triste y temblorosa ya no quedaba nada y sin embargo su novia seguía siendo el ser más puro y noble que había conocido en su vida.

Dejaron las maletas en un modesto pero cómodo hotel, se bañaron juntos, comieron y sin esperar más, serena había decidido ir al que era el apartamento de serena, ella quería recoger algunas cosas, si aún podía y desde ahí llamar a todos para reunirse con ellos y luego con sus padres.

Bien, no había retorno, estaba frente a la puerta de lo que fue su apartamento por mucho tiempo, esperaba que la clave de acceso fuera la misma, quizá estaba pidiendo mucho a la luna, pero no perdería nada con intentarlo.

Iba a presionar su clave, pero seiya la detuvo para darle un último abrazo antes de entrar, un abrazo y un beso profundo.

-recuerda que te amo, y que pase lo que pase tú eres primero y lo más importante, no te sacrifiques para hacer feliz a otros por que tú más que nadie mereces ser feliz.

Serena estaba convencida que su novio era un sol, ¿ como sabía que decir y como descifraba sus emociones sin ella haber dicho nada?. Debe ser magia, juró.

-también te amo y gracias por estar aquí conmigo.

Dejaron de decirse palabras lindas y retomaron lo que habían venido a hacer, dígitó la clave y la puerta arrojó el pitido usual que hace al ser la contraseña correcta.

Tomó aire una vez más antes de entrar y los recuerdos la invadieron de golpe, la nostalgia la noqueó por un segundo y sus sentimientos se revolvieron, el apretón en su mano la hicieron aterrizar y ruidos de voces la sorprendieron.

Caminaron el pequeño pasillo hasta la sala y el grupo de personas que discutían de manera un poco airada la sorprendió.

Todos estaban ahí, todas las personas que le hicieron daño y que una vez amó estaban frente a ella después de tanto tiempo, todos se quedaron en silencio con la vista puesta sobre ella, así como si el mundo se hubiera detenido por un momento.

La rubia retrocedió dos pasos, pero chocó suavemente contra el pecho de seiya, y las manos de este sobre sus hombros, dándose cuenta que no estaba sola y que esta vez podía hacerlo.

-Serena- Murmuró Darien empujando un poco a Rei, prácticamente corrió hacia la rubia envolviéndola en un abrazo que no fue correspondido.

Seiya retrocedió, para él era momento de hacer silencio pero estar alerta, no iba a permitir que le hicieran daño a la mujer de su vida.

Metanoía Donde viven las historias. Descúbrelo ahora