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-No es buena idea. –masculló la rubia entre dientes. Sus ojos dorados recorrían el aparcamiento al aire libre del hospital. Algunas personas entraban, otras salían. Ninguno le echó un vistazo a su coche.
Jacob suspiró y apoyó su cálida mano en la pierna no tan fría de Rosalie. Ambos lo habían notado, su temperatura corporal había ascendido y su cuerpo estaba cambiando, cosas apenas perceptibles pero que ella notaba.
-Todo saldrá bien, Rose. –le aseguró con una calma que contrastaba con la ansiedad de la rubia.
Habían pasado tres días desde que se habían enterado del embarazo. Tenían suerte de haber obtenido una cita médica tan rápida, Helen les había buscado un hueco en su apretada agenda y les había dado el número de la niñera para que cuidara de Nessie.
-¿Y si hay algo raro?
-Lo solucionaremos si llega a ocurrir.
Rosalie apretó los dientes. Jake rebosaba optimismo, después del shock inicial estaba realmente emocionado de ser padre. Incluso quería contárselo a Renesmee pero lo había convencido a esperar después de la cita médica. Llevaba tres días camuflando sus náuseas matutinas.
No es que la vampira no estuviera emocionada. Apenas podía creerse el milagro que estaba creciendo en su interior, la suerte que tenía. Pero tenía miedo, un temor tan profundo y antiguo como el mundo. El miedo a perder algo que ya amaba y que ni siquiera había visto.
-Está bien. Vamos a ello. –dijo finalmente, animándose a sí misma. Alzó la barbilla al puro estilo Rosalie y salió del coche junto con Jacob, haciendo sonar sus tacones por el asfalto.
El cálido sol en su piel la animó, dándole valentía, confirmando el cambio de su cuerpo y de su vida.
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Su ánimo decayó durante los veinte minutos que estuvieron esperando en la sala de espera, fue fagocitado por los nervios que parecía molestas mariposas en su estómago. A su lado, Jacob miraba con un rostro cada vez más pálido una revista.
-¿Sabías que tienes que dilatar diez centímetros para que el bebé salga? –Jake intentaba susurrar así que, por supuesto, todas las otras mujeres embarazadas que estaban en la sala de espera lo escucharon. -¿Cómo se consigue eso?
Rosalie no necesitaba usar su carrera en medicina para contestar a esa pregunta.
-Con dolor. –respondió y varias cabezas asintieron a sus palabras.
Un enfermero salió de la consulta.
-¿Lilith Wolfe? -Rosalie se levantó de golpe, Jacob dejó la revista a un lado con rapidez. La sonrisa del enfermero fue cálida, acostumbrado a los nervios de los padres. –La doctora la espera.
En el interior de la consulta Helen los recibió con una amplia sonrisa, mucho más allá de la profesional dado que eran amigos.
Después de tener los datos médicos básicos de Rosalie –inventados, lo que hizo sentir un poco mal a la pareja-, Helen le realizó una ecografía.
-Vaya, vaya...-musitó la doctora.
Los nervios de Rosalie se convirtió en verdadero pánico.
-¿Qué? ¿Qué ocurre? –la ansiedad en su tono hizo que Jacob le diera un apretón ligero en su mano, intentando tranquilizarla.
Helen sonrió girando la pantalla hacia ellos y el aliento de Rose se quedó atascado en su garganta.
-¿Qué pasa? –preguntó Jake intentando descifrar lo que la imagen en blanco y negro les mostraba.
-Enhorabuena chicos, estáis esperando mellizos.
El shock les duró todo el camino a casa. Volvieron en silencio, cada uno sumergido en sus pensamientos, en las posibilidades del futuro. Y el miedo ante lo desconocido.
-¿Cómo lo haremos? –la voz de Jacob rompió el silencio cuando aparcaron delante de su casa. Había perdido parte de su optimismo, empañado por el nerviosismo de algo que no se esperaba. De nuevo.
Demasiado pequeña para cinco, se dio cuenta Rosalie observando su hogar. Se obligó a volver al presente y a mirar a Jake.
-Paso a paso. Una sola cosa a la vez. –citó textualmente lo que Helen les había dicho. Ella estaba acostumbrada a embarazos múltiples, y a la sorpresa que ello conllevaba para los padres.
Y el siguiente paso acababa de asomar su cabecita castaña casi pelirroja por una de las ventanas abiertas y los saludaba con la mano.
-Así que...-la aniñada voz de Renesmee sonaba demasiado seria para una niña de cinco años (aparentes) y sus ojos marrones viajaban entre los dos adultos. -¿Os habéis dado un abrazo especial?
Jake apenas se molestó en ahogar una carcajada y Rosalie notó sus mejillas calientes, producto del sonrojo ante el escrutinio de esa mirada tan parecida a la de Bella.
-Sí, cariño. Y por eso tendrás dos...-Rose no supo cómo acabar la frase. ¿Qué serían los bebés para Renesmee? No eran sus padres, técnicamente no eran sus hermanos.
-Hermanos. Tendré dos hermanos. –completó la niña con total seguridad. Y de repente en su rostro apareció una amplia sonrisa. -¡Podremos jugar todos juntos!
-Quizás no crezcan tan rápido como tú. –se apresuró a aclarar Jacob. De hecho la ecografía había mostrados dos fetos del tamaño correcto para el mes y medio en el que se encontraba. Era demasiado pronto para saber su sexo pero, al menos, parecían crecer de forma normal.
La sonrisa de Nessie no decayó ni un poco y encogió sus pequeños hombros con soltura.
-No importa, puedo esperar. –y saltó de su asiento para rodear a los dos adultos, que estaban sentados justo enfrente, con sus pequeños brazos. Las cabezas de Rosalie y Jake se juntaron tanto que casi chocaron. -¡Es el mejor regalo del mundo mundial!
Los futuros padres intercambiaron una mirada llena de felicidad y de alivio. Al menos el primer paso había salido bien.
Nuestros papás❤️❤️ Y Nessie va a ser la mejor hermana mayor, todos lo sabemos🤭
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