11. i put a spell on you

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And I dont care if you don't want me

I'm yours right now

I put a spell on you because you're mine

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Dejó que la música de los auriculares guiase sus pasos por las calles de Granada sin prestar demasiada atención.

Llevaba un par de días completamente abstraída del mundo, como si su alma se hubiese quedado en la habitación de Chiara al marcharse y ahora solo funcionase en automático.

No podía dejar de pensar en la británica. En todo lo que habían hablado, lo que se habían gritado y lo que habían puesto sobre la mesa. Si se hubiesen comunicado mejor, si ella hubiese cogido el teléfono por lo menos una vez, si se hubiese guiado por lo que sentía de verdad y no por sus estúpidos miedos...

Había tres ejes fundamentales sobre los que giraban sus únicos pensamientos desde el fin de semana.

Uno, el que la ilusionaba: Chiara y ella. ¿Cómo quedaban después de todo lo hablado? ¿Seguirían manteniendo la distancia? ¿Volverían a ser amigas? ¿Llegarían, en algún punto futuro, a retomar ese 'casi algo' que habían tenido? La última posibilidad era, definitivamente, la más remota, pero también la que le daba más esperanza.

Claro que todas las posibles ilusiones se evaporaban rápidamente cuando pensaba en el punto dos, el que la preocupaba: Ruslana. A Chiara claramente le gustaba la ucraniana y parecía algo recíproco. ¿Cómo encajaba la canaria en la ecuación? O, mejor dicho, ¿Cómo encajaba la reportera en la relación que habían construido las otras dos? ¿Era algo serio?

Una de las frases de Chiara resonaba continuamente en su interior: me lie con otra intentando sacarte de mi cabeza, aunque fuese un rato. No me funcionó, no me funciona nunca. ¿Qué significaba eso? ¿Quería decir algo el uso del presente? ¿Seguía sintiendo algo por ella aunque besase a la pelirroja equivocada?

Todo eran preguntas sin respuesta.

Y punto tres, el que la cabreaba: Salma y Juanjo. Había decidido que iba a ignorarlos. No quería pelearse con los pocos amigos que le quedaban en Andalucía y seguía sin asimilar lo de Salma al cien por cien. No por que no confiase en Kiki, si no porque le parecía completamente surrealista. ¿Cómo iba a gustarle a su mejor amiga de toda la vida y no saberlo?

Se había comprometido consigo misma que iba a tolerarla, a ella y al maño, hasta que procesase bien la información y todo se asentase un poco. Su primer impulso era engancharlos y pedirles explicaciones, pero se había jurado que intentaría contenerse hasta solucionar los otros dos puntos.

Negó con la cabeza e inspiró hondo para despejarse. Había quedado con sus amigos por primera vez desde la discoteca, pero iba más por compromiso que por ganas reales de verlos.

Dobló la esquina que daba al bar donde iban a verse y los localizó a todos a través de la ventana. Estaban Álex y Denna a un lado y Salma y Juanjo justo enfrente. Lucas se había ausentado porque trabajaba y, por un momento, Violeta deseó poder cambiarse por él.

Se quitó los cascos y entró en el local, saludando al grupo con una sonrisa fingida.

-¡Vaya, vaya! Mirad quien ha resucitado de entre los muertos. - Bromeó Juanjo.

Todos se rieron y ella tuvo que apretar disimuladamente los puños para reprimir la necesidad física de pegarle un puñetazo. Quizá lo de controlar sus instintos asesinos iba a ser más difícil de lo que esperaba.

- ¿Ha sido dura la resaca, eh? - Comentó Álex.

La pelirroja se levantó las gafas de sol para mirarlo al responder.

Life After LoveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora