18. padam padam

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BUENAS MI GENTE!

No sé si a alguien le sigue interesando esta historia o no, pero ahora que estoy de vacaciones siento la necesidad de continuarla y hacerla avanzar para cerrarla. No me gusta dejar las cosas a medias. 

Así que estamos de vuelta, con un capítulo largo para compensar y muy 🔥🔥🔥🔥

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This place is crowdin' up

I think it's time for you to take me out this club

And we don't need to use our words (...)

And I can tell that you're all in

'Cause I can hear your heart beatin'

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Los acordes finales de la guitarra dieron paso al silencio absoluto. Hizo una última anotación en su libreta rosa y la cerró con cuidado. Todavía tenía el brazo dolorido después de la caída y le costaba tocar, pero sentía tantas cosas por dentro que solo sabía expresarlas a través de la música.

Miró el reloj y suspiró. Recogió, se puso en pie y cargó el instrumento sobre su lado bueno. Caminó lento, arrastrando los pies por las calles de Granada y dejando que su cabeza fluyese libre.

La primera imagen que le vino fue la de Violeta la mañana después del hospital. La manera en la que se había despertado y la pelirroja estaba allí, a su lado, en su cama. Se había quedado a dormir abrazándola y, esta vez, no había huido. La periodista parecía en paz, tranquila y feliz. Chiara solo pudo sonreír de oreja a oreja y acurrucarse a su lado hasta que la granadina abrió los ojos. Después, la invitó a a desayunar y habían pasado el día juntas, hablando, paseando y reconectando. Cerrando heridas y poniéndose al día.

Había sido fácil, muy fácil, pasar tiempo de calidad con Violeta y caer en los viejos comportamientos.

Pero después estaba el segundo pensamiento que la torturaba mentalmente cada día. Ruslana. La ucraniana la había llamado aquella misma noche, angustiada y preocupada, necesitando saber que estaba bien. Chiara se sintió fatal durante toda la conversación y el calorcito que le había envuelto el pecho tras disfrutar toda la tarde con Violeta se transformó en fría culpa.

Entró en El Parque suspirando. Buscó una mesa libre y se sentó al fondo, lejos de la puerta, con la cabeza hecha un auténtico lío.

- ¡Buenas tardes, mi Kiki! - Saludó Álvaro con entusiasmo. - ¿Qué quieres que te sirva?

La británica falseó una sonrisa y pidió un agua del tiempo. No estaba de humor para nada más. El sevillano desapareció tras la barra y la morena cerró los ojos, frotándose las sienes. Pero falló el calculo y se dio directamente en la herida sobre la ceja. El shock del dolor la hizo salir del bucle mental por las malas.

Álvaro apareció con otra sonrisa gigante en la cara para servirle lo que había pedido.

- ¿Vendrás esta noche? - Cuestionó.

La balear frunció el ceño, desconcertada.

- ¿A dónde? - preguntó

El camarero soltó una carcajada.

- Pues a la fiesta de fin de año que celebramos aquí, hija, ¿a donde va a ser?

Chiara sonrió falsamente de nuevo y asintió, fingiendo que recordaba saber algo de eso.

- Ah, si. - Mintió. - Pues no sé, la verdad. No tengo muy decidido el plan.

- ¡Pues venga, nena! - La apuró Álvaro. - Tic, tac. Tic, tac. Que te van a dar las uvas literalmente.

Life After LoveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora