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─ Amor, ¿dónde dijiste que estaba la mantequilla? ─preguntó Lisa mientras se inclinaba frente a la alacena. Sus ojos recorrían cada repisa con aparente concentración, apartando envases y frascos en una búsqueda que parecía más dramática de lo necesario.

─ En la parte de arriba ─respondió Jisoo sin apartar la vista de la sartén que vigilaba atentamente.

La tailandesa estiró un poco más el brazo, movió un par de recipientes y soltó un suspiro exagerado.

─ Ya busqué ahí y no está.

El pequeño puchero que apareció en sus labios fue tan evidente que, incluso sin verla directamente, Jisoo supo exactamente qué expresión estaba poniendo.

La mayor dejó la espátula a un lado y finalmente se giró para observarla. Apoyó una mano en la cintura y arqueó una ceja con una mezcla de sospecha y diversión.

─ ¿Y si la encuentro, qué te hago?

Lisa se incorporó de inmediato. Una sonrisa traviesa iluminó su rostro.

─ Podrías darme un beso.

Era temprano, apenas las ocho de la mañana, y el apartamento se encontraba impregnado por el aroma de café recién hecho, pan tostado y el desayuno que Jisoo intentaba preparar sin que su novia provocara algún desastre en el proceso.
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‎Las dos eran conocidas desde hacía años como el dúo más caótico del grupo.
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‎Y, para sorpresa de nadie, aquello seguía siendo cierto incluso lejos de los escenarios.
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‎Aunque cuando se trataba de cocinar, sus roles estaban perfectamente definidos.
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‎Jisoo dirigía. ‎Lisa obedecía.
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‎O al menos esa era la teoría.
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‎En la práctica, la tailandesa pasaba más tiempo distrayendo a su novia que ayudándola realmente.

Aquella mañana no era la excepción.

Generalmente apenas coincidían a la hora del desayuno. Los compromisos laborales de ambas comenzaban temprano y rara vez podían disfrutar de una mañana tranquila en casa. Sin embargo, ese día era diferente. Habían cancelado todas sus actividades, dispuestas a dedicar el tiempo completo a su amiga, quien regresaba a Corea tras una larga ausencia.

Jisoo soltó una risa por lo bajo, rodando los ojos con una mezcla de paciencia y diversión.

Caminó hacia la alacena y, con la eficiencia que solo alguien que conoce su cocina a la perfección podría tener, movió un par de envases y encontró la mantequilla sin problemas. La sacó con una sonrisa triunfal y regresó la mirada hacia Lisa.

─ ¿Y esto qué es entonces? ─preguntó alzando el paquete frente a ella.

─ Oh, ¿ahí estaba?

Lisa abrió los ojos con una sorpresa tan exagerada que resultaba imposible creerla.

─ Bueno... ─continuó como si acabara de descubrir un gran misterio─. Supongo que tendré que aceptar mi castigo.

Antes de que Jisoo pudiera reaccionar, la tailandesa dio un paso al frente y apoyó ambos brazos a cada lado de ella, acorralándola suavemente contra la alacena, bloqueando cualquier intento de escape.

La mayor negó con la cabeza, pero no pudo evitar reír.

─ Apartate, Manobal, los huevos se van a quemar.

Le dio un pequeño empujón en el hombro y consiguió abrirse paso para regresar a la estufa.

Sin embargo, Lisa no tenía ninguna intención de rendirse tan fácilmente.

Con la misma naturalidad juguetona que la caracterizaba, caminó tras ella y la rodeó por la cintura desde atrás. Apoyó la barbilla sobre su hombro y cerró los brazos alrededor de ella con total naturalidad antes de susurrarle en el oído:

Última OportunidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora