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Otro fin de semana llegó, y el ambiente en la casa se mantenía tranquilo, como si nada hubiera cambiado.

En la sala, la ex pareja compartía el sofá, sentadas una al lado de la otra mientras una película reproducía imágenes en la pantalla. El ambiente era sereno, interrumpido únicamente por los diálogos de la película, el crujido de las palomitas de maíz y el leve sonido del viento que se colaba por las ventanas abiertas. Sus compañeras habían salido juntas, dejando la casa con la confianza de que no habría tensiones, lágrimas ni discusiones a su regreso. O al menos eso esperaban.

Jennie intentaba concentrarse en la película, pero era una batalla perdida. Su mirada se desviaba constantemente hacia la figura a su lado. Se sentía aliviada de que, después del incidente de hace unos días, Rosé no se hubiera distanciado de ella. Sin embargo, los pensamientos de que haría con respecto a sus sentimientos no abandonaban su mente. Las palabras de sus amigas volvieron a invadir su cabeza.

Una vez que Rosé desapareció por la puerta, Jennie permaneció inmóvil en su silla, sus manos apretadas en un puño sobre su regazo. El ambiente, tan relajado y lleno de risas minutos antes, se había transformado en un campo de batalla emocional.

─ Ok, eso... fue intenso. ─murmuró la tailandesa mientras se inclinaba hacia su novia─. ¿Crees que debamos ir tras ella?

Jisoo negó lentamente, aunque su rostro mostraba dudas.

─ Rosé necesita un momento para calmarse. Si vamos ahora, solo echaremos más leña al fuego. ─Fijó la vista en su amiga, que seguía mirando fijamente la mesa─. Pero tú... ─dijo señalándola con la barbilla─ deberías hacer algo.

Jennie levantó la mirada, todavía algo aturdida por las palabras de la australiana.

─ ¿Qué se supone que haga? Ella ─suspiró derrotada─ tiene razón. Yo no debí haberme metido.

─ Jennie, no es que no debieras meterte, es cómo lo hiciste. Actuaste como si nadie pudiera interesarse en Rosé excepto tú. Incluso dijiste que solo se aprovecharían de ella. ¿Te das cuenta de cómo suena eso?

Escucha, sabemos que todavía sientes algo por Chae, y no es como si no lo notáramos. ─intervinó esta vez Jisoo─. Pero si no vas hacer nada al respecto, no puedes esperar que nadie se fije en ella.

─ Yo solo... ─Jennie apartó la mirada, apretando su mandíbula.

─ Tendrás que empezar a decidir que quieres. Porque no puedes continuar así.

La castaña abrió la boca para responder, pero la cerró de nuevo, sin argumentos. Su mente volvía una y otra vez a las palabras de la australiana: "Contigo aprendí mucho de eso." La frase dolía más de lo que admitía, porque sabía que era verdad.

─ Oh no. ─exclamó la rubia, regresando a Jennie de nuevo al presente. Rosé estaba completamente absorta en la trama, a medida que la historia avanzaba hacia su clímax trágico.

La mayor notó los pequeños signos inconfundibles de llanto en su menor: sus labios temblaban ligeramente, y las lágrimas comenzaban a acumularse en la esquina de sus ojos. Jennie sonrió para sí misma. La joven australiana siempre había sido así, emocionalmente vulnerable ante cualquier historia que tocara su corazón. Era una de las cosas que la hacían tan especial.

─ Te dije que ibas a llorar. ─bromeó, levantándose en busca de pañuelos antes de que las lágrimas se desbordaran. Cuando regresó, se acomodó en el sofá, ofreciéndole un pañuelo.

Rosé tomó el pedazo de papel. ─ Pensé que podía manejarlo.

─ ¿Quieres que la apague?

─ No, está bien. ─La más joven negó con la cabeza, mientras se secaba las lágrimas.

Última OportunidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora