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(Seúl, 2020)

La luz tenue de una lámpara iluminaba suavemente la habitación, proyectando sombras acogedoras en las paredes. Rosé estaba acostada, envuelta en las cobijas como un capullo, su rostro pálido contrastando con el cálido brillo de la luz. Sus ojos vidriosos y las ojeras marcadas delataban lo mal que se sentía.

El silencio se rompió con el leve crujir de la puerta al abrirse, dejando paso a una castaña de baja estatura. Jennie entró con pasos sigilosos, empujando la puerta suavemente con el pie para cerrarla sin hacer ruido. En sus manos llevaba una bandeja con una taza humeante de sopa y un vaso de agua.

En su rostro se dibujaba una sonrisa cálida, aquella que reservaba solo para la pelirosa.

─ ¿Cómo te sientes? ─preguntó, dejando la bandeja sobre la mesita de noche.

Rosé se incorporó lentamente, apoyándose en el espaldar de la cama. Sus movimientos eran lentos, y su voz salió débil.

─ He estado mejor... ─intentó bromear, aunque su sonrisa apenas se formó.

Jennie se sentó en el borde de la cama, estudiándola con preocupación. Rosé sabía que su contraria odiaba verla así, pero también era consciente que en momentos como este, volcaba todo su amor en gestos pequeños y significativos.

La castaña agarró el cuenco de sopa de la bandeja. Soplando sobre la cuchara para enfriarla. ─ Todavía está caliente, pero necesitas comer algo.

─ ¿Y Lisa? ─Rosé articuló en medio de un bostezo.

Jennie rió al recordar dónde se hallaba la menor. ─ Se quedó dormida en el cuarto de a lado. Probablemente esté roncando como un oso ahora mismo.

Aquel comentario sacó una risa ligera de la australiana, aunque terminó en una pequeña tos.

─ Siempre es lo mismo con ella. Promete cuidarme y al final es la primera en quedarse dormida.

─ Mejor para mí. ─dijo la pequeña coreana, con tono burlón pero cariñoso, acercándole la cuchara─. Ahora soy yo quien tiene el honor de cuidarte. Vamos, di "ahh".

Rosé negó con la cabeza, intentando apartar la cuchara. ─ Jennie, puedo hacerlo yo sola. No soy una niña.

─ ¿De verdad me vas a negar cuidarte? ─La castaña alzó una ceja, adoptando esa expresión de autoridad que Rosé conocía demasiado bien.

Resignada, suspiró y abrió la boca, siguiendo el juego. ─ Ahh. ─murmuró con un dejo de diversión, aunque no pudo evitar sonreír al ver la expresión satisfecha de su novia.

─ Así me gusta. ─Sonrió orgullosa la mayor, dándole otra cucharada de sopa.

Ese lado de Jennie, firme y protector, era el que Rosé siempre había admirado en silencio. Aunque parecía fría y distante a primera vista, una vez que alguien se volvía parte de su círculo cercano, lo cuidaba y se preocupaba como nadie. Pero tenía que admitir que, incluso antes de ser novias, con ella siempre era más dulce y protectora, lo que la hacía sentir única.

El tiempo pasó entre bocados y risas ligeras con la pequeña castaña contando anécdotas del día que hacían reír de vez en cuando a la joven australiana. Entre cucharadas, Rosé se dio cuenta de cuánto apreciaba esos momentos, no por la sopa o las historias, sino por el simple hecho de que Jennie estaba allí, a su lado.

─ Ahora, las medicinas. ─anunció Jennie, ofreciéndoselas.

Rosé frunció el ceño, mirando las pastillas con desagrado. ─ No quiero...

Última OportunidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora