Rosé no podía creer las palabras que abandonaba los labios de la joven frente a ella.
Siempre había sabido que el dolor era distinto para cada persona, que no existía una única forma de sufrir. Ella misma había cargado durante dos años con el abandono, el rencor y la culpa de no haber sido suficiente. Pero jamás imaginó que, mientras intentaba reconstruirse lejos de Corea, Jennie hubiera descendido a un lugar tan oscuro.
─ ¿Intentaste... quitarte la vida? ─susurró.
Su voz apenas fue un hilo.
Llevó ambas manos a su boca, incapaz de contener el temblor que recorría todo su cuerpo. Sus ojos comenzaron a empañarse hasta que las lágrimas terminaron deslizándose silenciosamente por sus mejillas.
Jennie negó con rapidez, como si necesitara borrar esa idea antes de que terminara de formarse.
La angustia en el rostro de la australiana hizo que su propio pecho se encogiera.
─ Te juro que no. Solo... solo quería dormir. Sentía que estaba perdiendo la cabeza. Necesitaba descansar, pero calculé mal la cantidad de pastillas. Nunca quise...
Rosé sintió que algo se rompía dentro de ella.
La angustia dio paso a una ira desesperada, una que no estaba dirigida contra Jennie, sino contra la idea de que hubiera llegado a un punto en el que dormir pareciera la única salida.
─ ¡¿En qué estabas pensando?!
Su voz resonó con fuerza por el restaurante.
Varias personas levantaron la vista hacia ellas, pero a Rosé le resultó imposible preocuparse por las miradas ajenas.
─ ¡No te das cuenta de que pudiste haber muerto!
La castaña se inclinó de inmediato sobre la mesa, bajando la voz en un intento de tranquilizarla.
─ Lo sé... lo sé. Por favor, no grites.
Cuando la más joven asintió ligeramente, más avergonzada que calmada, continuó:
─ Créeme... soy muy consciente de eso.
Las lágrimas de la más joven comenzaron a caer con más fuerza.
Buscando una excusa para ocultarlas, se inclinó a recoger los cubiertos que habían caído al suelo momentos antes. Aprovechó el movimiento para secarse apresuradamente el rostro, pero fue inútil. Cada vez que lograba limpiar una lágrima, otra ocupaba su lugar.
Cuando volvió a incorporarse, tomó el vaso de agua con manos temblorosas y bebió un largo sorbo, intentando calmar el nudo que le cerraba la garganta.
Jennie la observaba con una mezcla de culpa e impotencia. Nunca había querido volver a verla llorar. Mucho menos ser, otra vez, la razón de esas lágrimas.
─ Rosé... de verdad no quise hacer eso. Por favor... no llores.
Sus dedos se movieron apenas sobre la mesa, con el impulso casi instintivo de buscar su mano. Sin embargo, se obligó a detenerse. Había perdido el derecho a consolarla hacía mucho tiempo.
Rosé respiró hondo varias veces antes de encontrar fuerzas para hablar.
─ No puedo creer que nadie me dijera nada. Entiendo que acabábamos de terminar... pero conviví contigo más de diez años, Jennie. No era una desconocida. Me habría gustado saberlo... enterarme de algo tan importante.
La mayor bajó la cabeza.
─ Lo siento. Fue mi culpa. Solo quería ahorrarte otro mal momento...
Rosé no respondió de inmediato. Por más que intentaba serenarse, las lágrimas seguían deslizándose por sus mejillas.
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Última Oportunidad
FanfictionUna relación secreta algún día ve la luz, Jennie lo sabía, pero no estaba lista para enfrentar la verdad y admitir públicamente que lo que compartía con su compañera de grupo iba más allá de una simple amistad. El miedo fue su peor aliado al cometer...
