Rosé descendió del taxi y se quedó de pie frente a la pequeña construcción de madera. Si había un lugar donde Jennie podía esconderse del mundo, definitivamente era ese.
Un leve alivio la recorrió al notar el auto azul oscuro de la coreana estacionado frente a la cabaña, su carrocería brillante destacando entre los árboles circundantes.
─ Jennie. ─llamó con cautela, al cruzar el umbral.
Pero al entrar completamente, un nudo se formó en su garganta. La sala, que antes estaba llena de vida, ahora se veía vacía. Las paredes, que solían estar adornadas con retratos de ambas, ahora estaban desnudas. Varias cajas estaban apiladas aquí y allá, como testigos mudos de una despedida inminente.
Al llegar al comedor, encontró una maleta abierta y desordenada. Sus manos temblaron al revolver el contenido, hasta que, bajo un montón de prendas, descubrió todas las fotografías cuidadosamente guardadas. No supo qué pensar. Se quedó un instante en silencio, con las fotos entre las manos, sintiendo que algo en el aire había cambiado.
Con el corazón latiendo con fuerza, subió las escaleras. Al llegar a la habitación, el espacio le pareció más vacío de lo que esperaba. Al igual que en la sala, los objetos que antes la decoraban estaban guardados en cajas apiladas contra las paredes.
Sus ojos recorrieron el lugar, hasta que finalmente se detuvieron en la figura que buscaba. Jennie estaba sentada en el suelo, cerca del borde del balcón, con las piernas recogidas y la mirada fija en el paisaje que se extendía más allá del río.
Rosé se acercó lentamente y se sentó en silencio al lado contrario, replicando su posición. La castaña no mostró señal de notar su presencia, y por un instante, el único sonido que llenó la habitación fue el murmullo del río cercano.
─ Jisoo y Lisa están muy preocupadas. ─dijo finalmente la australiana, rompiendo el mutismo─. No deberías desaparecer de esa forma.
─ Supongo que no vieron la nota que dejé. ─respondió Jennie en un tono apagado, sin apartar la vista del horizonte.
Rosé frunció el ceño, confundida.
─ ¿Una nota? No sabía que dejaste una.
Jennie no dijo nada, continuó impasible, sin dirigirle ni una mirada a la joven a lado suyo, como si estuviera en otro mundo, ajena a su presencia.
Rosé bajó la vista hacia su regazo, jugueteando nerviosamente con sus manos.
─ Creí que irías a despedirme...
─ Lo haré. Aún faltan horas para tu vuelo. Solo quería pensar.
La australiana se removió incómoda, el hecho de que Jennie no la mirara mientras hablaba la entristecía profundamente, como si su presencia fuera completamente insignificante en ese momento.
El silencio regresó, envolviendo el ambiente con una tensión casi palpable. Pasaron algunos minutos antes de que Rosé reuniera el valor para romperlo.
─ ¿Por qué no me contaste sobre tus desapariciones?
Jennie soltó una risa amarga. ─ En serio que Jisoo y Lisa no pueden mantener la boca cerrada.
─ Es algo serio, Jennie. ¿Por qué me lo ocultaste?
La castaña finalmente giró la cabeza para mirarla. Sus ojos oscuros encontrándose con los de su menor.
─ ¿De qué servía contártelo? Si no te lo dije, es porque no quería que me tuvieras lástima. ─respondió. Luego, con un movimiento lento, se puso de pie y caminó hacia el interior de la habitación.
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Última Oportunidad
RandomUna relación secreta algún día ve la luz, Jennie lo sabía, pero no estaba lista para enfrentar la verdad y admitir públicamente que lo que compartía con su compañera de grupo iba más allá de una simple amistad. El miedo fue su peor aliado al cometer...
