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Jisoo conducía con calma, disfrutando del suave ronroneo del motor de su auto recién adquirido la semana pasada. De vez en cuando, le dedicaba una sonrisa a Lisa, que iba de copiloto, señalándole las direcciones. Aunque conocía el camino como la palma de su mano, no le importaba que su novia le indicará el mismo con tal de escuchar su voz.

Mientras tanto, en el asiento trasero, Jennie tenía su mirada fija en la ventana, pero su mente estaba sumida en un mar de pensamientos, miedos y angustias. El suave balanceo del auto y la música de fondo parecían desaparecer a medida que su mente se sumergía más y más en la ansiedad. No dejaba de imaginar cómo sería ver a Rosé de nuevo. Soñó tantas veces con ese reencuentro, pero cada vez que lo visualizaba, la imagen de la rubia no era la de alguien feliz por volver a verla.

─ Jennie.

La castaña no respondió. Estaba tan atrapada en su tormenta interna que no escuchó el llamado de su amiga. Había caído nuevamente en la vieja costumbre de sobrepensar, desconectándose del mundo a su alrededor.

─ ¡Jennie! ─La voz de Jisoo sonó más fuerte esta vez al haber sido ignorada olímpicamente cinco veces.

El tono de frustración en su voz esta vez no pasó por alto para la joven coreana.

─ Disculpa, estaba pensando. ─dijo, finalmente apartando la vista de la ventana.

Jisoo la observó un momento por el retrovisor, su expresión suavizándose. No dijo nada de inmediato, pero su mirada dejaba claro que sabía exactamente en qué pensaba su amiga.

─ Espero que sea en cómo vas a solucionar las cosas con Chaeyoung.

Jennie soltó un suspiro pesado, inclinando la cabeza mientras sus dedos jugaban con el borde de su abrigo.

─ No tengo idea. ─Su voz sonó más pequeña de lo habitual─. El tiempo que va a estar aquí es muy poco. Ni siquiera creo que se alegre de verme...

Lisa, que hasta ese momento había estado abstraída en su celular, dejó escapar un murmullo:

─ Con esa actitud, cualquiera.

─ Gracias, me ayudas muchísimo ─respondió Jennie sarcásticamente.

─ Es la verdad. Ni siquiera lo intentas. ─replicó la tailandesa, tranquila. Sabía lo importante que era ese reencuentro para su mayor, pero también sabía que estaba usando el miedo como escudo.

─ Bueno, dime tú, ¿qué hago en una semana? ─preguntó la castaña, remarcando la última palabra con exasperación.

─ Disculparte.

La respuesta de Lisa fue breve y contundente, tan directa que Jennie apenas pudo procesarla al principio. La simpleza de aquella palabra la golpeó como un balde de agua fría. Se sintió tonta; no necesitaba un plan elaborado ni obsesionarse con lo que pasaría después. Solo tenía que dar el primer paso: pedir perdón.

No es que no lo hubiera intentado antes, pero de alguna manera se había rendido, perdiendo de vista lo esencial en el camino.

─ No tienes que reconquistarla, al menos no ahora. ─añadió Lisa─. Solo discúlpate. Después ya verás qué pasa.

Una sonrisa tenue se asomó en los labios de Jennie. Las palabras de su menor eran simples, sí, pero le habían dado una claridad que no sabía que necesitaba.

─ Tienes razón.

El silencio se instaló cómodamente entre las tres. La música suave que llenaba el auto y el ronroneo constante del motor fueron los únicos sonidos que rompieron la quietud. Los minutos se deslizaron en calma hasta que Jisoo, con una sonrisa discreta, se animó a romper el mutismo.

Última OportunidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora