─ Entonces Lisa le dijo a Jisoo que no podía comerse quince botes de pollo frito ella sola. —Jennie abrió la puerta de la casa y se hizo a un lado para dejar pasar primero a su compañera—. Y Jisoo, completamente seria, le respondió: «Tú no me dices qué hacer, Lisa», y se los comió todos.
Una risa escapó de sus labios al recordar aquella escena.
─ Después se enfermó del estómago y estuvo un mes entero sin probar pollo.
La carcajada de Rosé resonó por el recibidor mientras avanzaba al interior de la casa.
─ Me habría encantado ver eso. ─dijo, imaginándose la situación.
Jennie cerró la puerta detrás de ellas y siguió a la rubia con una sonrisa serena en los labios.
A pesar de las tensiones con las que había comenzado el día y de la difícil confesión que hizo durante el almuerzo, no podía evitar sentir que algo había cambiado.
Volver a compartir tiempo con Rosé sin aquella barrera de incomodidad que las había separado durante tanto tiempo llenaba su pecho de una calidez que había extrañado profundamente.
Mientras conducía de regreso, lanzándole de vez en cuando discretas miradas de reojo, la vio relajada por primera vez desde que se reencontraron. Ya no parecía estar a la defensiva ni esperando el momento oportuno para marcharse.
Y esa simple imagen fue suficiente para despertar una pequeña esperanza en su interior.
Se prometió que no desaprovecharía aquella oportunidad. Haría todo lo que estuviera en sus manos por reconstruir el vínculo entre ellas, aunque solo pudiera recuperar su amistad.
Porque conocía demasiado bien lo que era no tener a Rosé en su vida y no estaba dispuesta a volver a experimentar esa ausencia.
El ambiente relajado desapareció en cuanto la australiana llegó a la sala.
Rosé se detuvo tan bruscamente que Jennie casi chocó contra ella.
─ ¿Pero qué pasó aquí?
La sala parecía el escenario de una catástrofe particularmente creativa.
Había cojines esparcidos por el suelo, mantas formando una especie de fuerte improvisado, recipientes de pintura abiertos sobre la mesa de centro, cartulinas recortadas, purpurina adherida a superficies que definitivamente no debían tener purpurina y una cantidad sospechosa de pegamento en lugares imposibles de explicar.
Jennie apenas se inmutó.
─ Seguramente Lisa y Jisoo volvieron a tener una de sus tardes de pijamas ─respondió con total naturalidad mientras caminaba hacia la cocina para dejar las bolsas con la comida y las compras que la azabache había exigido.
Rosé siguió observando el desastre.
─ ¿Una tarde de pijamas?
Se acercó a la mesa y pasó un dedo por una mancha azul de pintura.
─ ¿Qué clase de tarde de pijamas requiere tanto material de construcción?
La castaña regresó unos segundos después y se dejó caer en el sofá con la naturalidad de alguien que ya había presenciado aquello demasiadas veces.
─ Es una tradición que tienen. Se ponen pijamas, buscan alguna actividad absurda y pasan toda la tarde haciéndola.
Una sonrisa divertida apareció en sus labios.
─ La última vez trajeron gallinas y patos.
La joven australiana giró la cabeza lentamente para mirarla con incredulidad.
─ No me preguntes de dónde los sacaron porque sigo sin saberlo. ─continuó Jennie, encogiéndose de hombros─. Solo recuerdo que casi terminan arrestadas.
─ ¿Y dónde están?
─ Los patos se fueron a un zoológico y las gallinas a una granja.
Rosé soltó una pequeña carcajada.
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Última Oportunidad
FanfictionUna relación secreta algún día ve la luz, Jennie lo sabía, pero no estaba lista para enfrentar la verdad y admitir públicamente que lo que compartía con su compañera de grupo iba más allá de una simple amistad. El miedo fue su peor aliado al cometer...
