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─ Entonces Lisa le dijo a Jisoo que no podía comerse 15 botes de pollo frito ella sola. ─Jennie abrió la puerta y dejó que su compañera pasara primero─. Y Jisoo, muy seria, le respondió: "Tú no me dices qué hacer, Lisa", y se los comió todos. ─rió al rememorar aquella escena─. Después se enfermó del estómago y no volvió a probar pollo en un mes.

La risa de Rosé resonó en el pasillo mientras avanzaba al interior de la casa, su alegría iluminando el ambiente.

─ Me hubiese encantado ver eso. ─dijo, imaginándose la situación.

Jennie cerró la puerta detrás de ellas, siguiendo a la rubia con una sonrisa tranquila en los labios. El día había sido perfecto a pesar de las tensiones iniciales de la mañana y la confesión que había hecho durante el almuerzo. Tener la compañía de Rosé sin la barrera de incomodidad que antes las separaba le daba una calidez en el pecho que había añorado profundamente.

Mientras conducía de regreso, observando de reojo a su compañera que ahora parecía relajada y en paz, se prometió a sí misma no desaprovechar esta oportunidad. Haría todo lo que estuviera en su poder para recuperar su amistad, aunque fuera solo eso: amistad. Sabía lo que era no tener a Rosé en su vida y no estaba dispuesta a volver a pasar por esa ausencia.

El sonido alegre de la joven rubia se apagó cuando llegó a la sala y se detuvo en seco al ver el desorden absoluto.

─ ¿Pero qué pasó aquí?

Jennie, en cambio, apenas parpadeó. ─ De seguro Lisa y Jisoo volvieron a tener su "tarde de pijamas". ─dijo, mientras caminaba hacia la cocina para dejar las bolsas con las compras y la comida que la azabache había exigido.

─ ¿Tarde de pijamas? ─Rosé se acercó a la mesa del centro, inspeccionando los rastros de pintura que parecían el trabajo de un par de niños traviesos.

La castaña regresó a la sala y se dejó caer junto a la rubia en el sofá.

─ Es cuando pasan toda la tarde en pijamas haciendo lo que se les ocurra. ─Sonrió al recordar las locuras de sus compañeras─. La última vez trajeron gallinas y patos. No me preguntes de dónde los sacaron, pero casi terminan presas.

─ ¿Y dónde están?

─ Los patos se fueron a un zoológico y las gallinas a una granja.

Rosé soltó una pequeña carcajada. ─ Me refería a Jisoo y Lisa.

─ Ah. ─Jennie ladeó la cabeza pensativa─. Deben estar en su cuarto.

Ambas subieron las escaleras en silencio y se dirigieron al dormitorio principal. Al llegar, la pequeña castaña abrió la puerta con cuidado y encendió la luz. La escena que apareció ante ella era enternecedora: Lisa y Jisoo dormían profundamente, abrazadas bajo las cobijas.

La maknae descansaba en el pecho/ hombro de su mayor, con los brazos tiernamente envueltos alrededor de su cintura. Su respiración era lenta y tranquila, indicando un sueño profundo y relajado. La azabache, por su parte, apoyaba suavemente la cabeza en la de Lisa, un brazo descansaba sobre el torso de la tailandesa, manteniéndola cerca. La expresión serena de ambas chicas transmitía una paz y calidez que cualquiera desearía ocupar su lugar. Era una escena verdaderamente entrañable.

Rosé asomó la cabeza por la puerta y sus ojos brillaron al contemplar la imagen.

─ Oww... Son tan lindas. ─susurró, sacando su celular sin hacer ruido para capturar el momento─. Son como un par de imanes para el caos, pero se complementan perfectamente.

Mientras tanto, Jennie permaneció inmóvil, observando a la pareja. Una punzada sutil de envidia se instaló en su pecho, una emoción que era recurrente cada vez que veía esos gestos de complicidad en sus amigas. No podía evitarlo; cada instante como ese la arrastraba a recuerdos lejanos con cierta rubia.

Última OportunidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora