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Después de que Rosé, visiblemente horrorizada, también las expulsara de su habitación tras la absolutamente innecesaria pregunta sobre su papel en su antigua relación con Jennie, Lisa y Jisoo decidieron invertir su energía en algo más productivo: preparar el almuerzo.

O, al menos, una de ellas.

Como ocurría siempre, la azabache tomó el control absoluto de la cocina. Mientras que la tailandesa, con su extenso historial de quemar casi cualquier cosa que intentaba cocinar, fue relegada a tareas mucho menos riesgosas, como lavar verduras, poner la mesa y alcanzar ingredientes.

Una hora después, la mesa del comedor estaba llena de platos humeantes y cuidadosamente preparados.

Sin embargo, la comida estuvo lejos de ser tranquila.

Jisoo observaba discretamente a Jennie de vez en cuando, asegurándose de que no encontrara una nueva excusa para evitar la conversación pendiente.

‎Mientras tanto, Lisa parecía haber desarrollado una misión completamente distinta.
‎
‎— Oye, Chae.
‎
‎Rosé levantó la vista.
‎
‎— ¿Hmm?
‎
‎— Solo por curiosidad...
‎
‎La australiana entrecerró los ojos inmediatamente.
‎
‎─ No.
‎
‎─ Pero ni siquiera hice la pregunta.
‎
‎─ No.
‎
‎─ ¿Cómo sabes cuál era?
‎
‎─ Porque te conozco.

Lisa pareció ofendida.
‎
‎─ Solo iba a preguntarte si te está gustando la comida.

Durante el resto del almuerzo, Lisa, parecía decidida a poner a prueba la paciencia de Rosé, lanzando comentarios juguetones que conseguían que la australiana frunciera el ceño una y otra vez.

Cuando terminaron de comer, la pareja comenzó a prepararse para salir.

Hacía semanas que no encontraban un espacio para estar a solas, y ambas lo necesitaban. Jisoo estaba inmersa en las primeras semanas de grabación de un nuevo drama, mientras que Lisa no dejaba de acumular compromisos entre sesiones fotográficas, campañas y eventos.

Antes de salir, la azabache se aseguró de acercarse a cada una de sus amigas por separado, que permanecían en distintos rincones de la casa, para indicarles dónde estarían.

Encontró a Jennie en el estudio, aparentemente ocupada revisando unos documentos que llevaba diez minutos leyendo sin pasar de página.
‎
‎─ Nos vamos.
‎
‎─ Que se diviertan.
‎
‎Jisoo cruzó los brazos.
‎
‎─ ¿Vas a hacerlo?
‎
‎Jennie no necesitó preguntar a qué se refería.
‎
‎─ Lo intentaré.
‎
‎─ Haz más que intentarlo.

La castaña dejó escapar un suspiro cansado.

─ Jisoo...

Sus miradas se encontraron durante unos segundos.

Finalmente, Jennie asintió. Fue un gesto pequeño, casi imperceptible, pero pareció bastarle a la azabache.

─ Bien.

Con la confianza de quien llevaba años haciéndolo, le revolvió el cabello antes de darse la vuelta.

─ Oye. No soy una niña.
‎
‎─ Pues compórtate como adulta entonces.

Y, sin esperar respuesta, salió del estudio.

Mientras avanzaba por el pasillo, dejó escapar un suspiro silencioso. Esperaba, de verdad esperaba, que su amiga aprovechara aquella oportunidad para resolver al menos una parte de todo lo que llevaba demasiado tiempo evitando.

Poco después, la puerta principal se cerró detrás de la pareja.

La casa quedó sumida en un silencio extraño. Uno que parecía amplificar la tensión latente entre las dos mujeres que quedaban allí.

Última OportunidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora