21

931 84 9
                                        

─ ¿Qué tal estos? ─Lisa levantó una blusa gris y un pantalón negro, mostrándolos con entusiasmo.

─ No.

El día de la cita había llegado, y la joven tailandesa, como la buena amiga que era, se encontraba en medio de una batalla épica contra el armario de Rosé. Llevaban más de media hora sacando y descartando opciones, incluso revolviendo su propia ropa para encontrar algo que lograra el milagro de complacer a la indecisa australiana.

Agarró otro conjunto.

─ ¿Y este?

─ Muy sencillo.

─ ¿Este? ─Esta vez levantó una falda corta de cuero y una blusa con hombros descubiertos.

─ No es mi estilo. ─Rosé frunció los labios en señal de desaprobación.

─ Mira, estos son muy bonitos. ─Lisa detalló el conjunto en sus manos y luego su cara se iluminó─. No, espera. Mejor esto me lo pongo yo.

─ ¡Lisa!

─ Bien, bien. Sigamos buscando. ─regresó al armario y sacó otro conjunto─. ¿Qué te parece este?

─ No me queda.

─ Pero ni siquiera te lo has probado.

─ Ese color no me va. ─Rosé se dejó caer dramáticamente en la cama, cubriéndose el rostro con la almohada─. ¡No tengo nada que ponerme!

–---

─ Sí tienes, Jennie. Tienes más ropa que todas aquí juntas. ─suspiró Jisoo, cansada de ver cómo su amiga tiraba prendas de su armario como si estuviera buscando una aguja en un pajar.

─ Pero nada me sirve. ─Jennie levantó un vestido, lo examinó y luego lo descartó lanzándolo al suelo junto a otros diez conjuntos rechazados.

─ Sólo escoge algo. Te verás bien con cualquier cosa.

─ Es que no sé qué.

–---

Lisa se aferraba a un vestido largo, sosteniéndolo frente a su amiga con una expresión triunfante.

─ ¿Y este? Es realmente hermoso.

Rosé, sin embargo, no compartía el entusiasmo y negó con la cabeza, soltando un bufido impaciente.

─ Voy a una cita, no a una boda, Lisa.

La tailandesa dejó caer el vestido en la cama, alzando las manos al cielo.

─ ¡¿Entonces qué quieres?! No soy adivina y tampoco hago milagros.

La australiana se cruzó de brazos como una niña berrinchuda.

─ No sé.

Lisa se llevó una mano a su tabique, inhalando profundamente, intentando no perder la calma.

─ ¿Sabes qué? Esto me recuerda a la vez que intenté decidir entre dos sabores de helado y terminé comprando un café.

Rosé la miró confundida. ─ ¿Qué tiene que ver eso con mi ropa?

─ Nada. Sólo quería compartirlo.

La rubia tomó un cojín y se lo lanzó.

─ ¡Dios mío, dame fuerza! ─exclamó Lisa, mientras miraba al techo esperando una señal divina.

–---

Jennie salió del baño, ajustando ligeramente las mangas de su blusa color crema. La prenda sencilla, combinada con un chaleco largo de tono café oscuro y un pantalón negro de mezclilla que delineaba perfectamente sus caderas, le daba un aire casual pero elegante. Su cabello, recién peinado, caía en suaves ondas sobre sus hombros, y su maquillaje, aunque sutil, realzaba sus rasgos con una perfección que no parecía forzada.

Última OportunidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora