Nota: Tomen en cuenta que en este capítulo el primer salto, es decir, las tres líneas seguidas (---), se refieren a cambio de día.
---
─ ¿Ya vieron? La señorita Kim otra vez vino acompañada de esa chica tan linda. ─El comentario fue acompañado por un gesto cómplice de una empleada hacia sus compañeras.
Otra asintió con entusiamo, inclinándose ligeramente hacia adelante. ─ He leído en redes rumores de que son pareja. Ha causado un gran revuelo, sería la segunda pareja en el grupo.
─ ¿En serio? No pensé que la señorita Kim también tuviera ese... problema.
Las otras dos se miraron con una mezcla de curiosidad e incomodidad.
─ ¿A qué te refieres?
─ A que le gusten personas de su mismo género. Eso no es... normal.
─ ¿Entonces considera que no soy "normal"?
Las tres empleadas se quedaron heladas. La voz de Jennie, firme y fría, rompió el murmullo con la precisión de un cuchillo. Se giraron lentamente, sus rostros palideciendo al encontrarse con la mirada penetrante de su jefa.
La castaña avanzó hacia la mesa donde se encontraban los aperitivos. Tomó un bocadillo del plato y, volviendo su vista a sus subalternas, habló con una serenidad que resultaba más intimidante que cualquier grito.
─ Señora Lee, si no se siente cómoda trabajando bajo el mando de personas "no normales", es libre de irse. Nadie la detendrá.
La mujer bajó la cabeza, visiblemente avergonzada, mientras sus manos se apretaban nerviosamente.
─ Disculpe, señorita Kim. No era mi intención...
Jennie dejó el aperitivo a un lado y sirvió café en dos tazas, su mirada fija en el movimiento del líquido, como si estuviera midiendo sus palabras, pero sus ojos brillaban con una intensidad contenida.
─ Mi orientación sexual, al igual que la de Lisa, no tiene ninguna relación con cómo desempeñamos nuestro trabajo. ─Alzó la mirada hacia las tres mujeres─. Si alguien tiene un problema con eso, también es libre de irse.
Las tres mujeres negaron rápidamente.
─ Bien, si es así, regresen a sus actividades. Aquí no estamos para juzgar la vida de los demás.
Las tres asintieron rápidamente, inclinándose ligeramente antes de dispersarse. Jennie se quedó allí por unos segundos, observando cómo se alejaban. Aunque su rostro permanecía inmutable, por dentro una mezcla de enojo y resignación la carcomía.
Comentarios como esos eran justamente lo que había temido. Y vaya que había escuchado y leído muchos otros, cada uno más cruel y destructivo que el anterior. Esa realidad, esa constante confirmación de cuán despiadada podía llegar a ser la gente, la golpeaba con fuerza. Cada palabra llena de juicio y prejuicio se sentía como una invasión directa a sus recuerdos más oscuros. Cada frase era como una pequeña astilla, hincándose en su piel con una punzada dolorosa.
Sin embargo, años atrás, algo así la habría devastado por completo. Habría intentado ignorarlo, tragándose su rabia mientras mantenía una sonrisa falsa, dejando que esas palabras la destrozaran en silencio. Pero ahora era diferente. Ahora, esos comentarios ya no tenían el poder de derribarla como antes. Había crecido, había aprendido a vivir con su verdad, a abrazar su identidad y a enfrentarse a los prejuicios con la cabeza erguida.
Pero eso no significaba que las palabras no dolieran, porque lo hacían, vaya que lo hacían. A veces, sentía ese punzón en el pecho, esa sensación de incomodidad que la hacía dudar. Pero ya no tenía miedo de ellas. Ya no sentía la necesidad de esconder quién era ni de pedir disculpas por existir. Ahora sabía que no podía controlar lo que los demás pensaran de ella, pero sí podía decidir cuánto poder les daba sobre su vida.
ESTÁS LEYENDO
Última Oportunidad
RandomUna relación secreta algún día ve la luz, Jennie lo sabía, pero no estaba lista para enfrentar la verdad y admitir públicamente que lo que compartía con su compañera de grupo iba más allá de una simple amistad. El miedo fue su peor aliado al cometer...
