Era casi medianoche, el tipo de hora en la que la casa caía en un profundo silencio, hora en la que todas sus ocupantes se encontraban en un sueño profundo. Todas menos una.
Jennie se deslizó con cuidado por el pasillo, sus pasos ligeros apenas haciendo crujir la madera bajo sus pies. Sus ojos se clavaron en la puerta de Rosé, su destino final.
Aunque era tarde, había elegido esa hora para evitar la interrupción de sus otras dos amigas y asegurarse de que la chica con la que esperaba hablar no tuviera excusa para evitarla.
Necesitaba entender el porqué de su indiferencia. Y si era posible, arreglarlo. Había querido hacerlo desde el día anterior, pero al verla de mal humor, sabía que no era el momento oportuno.
Se detuvo frente a la puerta, respiró profundo, y tocó suavemente antes de girar el pomo. Abrió lo justo para asomar su cabeza al interior.
─ Rosé. ─llamó en un susurro bajo.
No obtuvo respuesta.
─ ¡Roseanne! ─intentó nuevamente, elevando un poco más la voz.
Un leve movimiento entre las cobijas y un sonido apagado fueron su respuesta.
─ Mmh... ─Rosé se removió perezosamente, su voz ronca por el sueño─. ¿Qué pasa?
Jennie dio un paso dentro del cuarto.
─ ¿Estás despierta? ─preguntó descaradamente, como si no fuera la responsable directa de haber sacado a la rubia del mundo de los sueños.
Rosé giró un poco, abriendo los ojos a medias. ─ Hace un minuto, no.
─ Lo siento... ¿Puedo pedirte algo? ─musitó tímida en el mismo lugar.
─ Dime. ─La joven australiana no estaba muy consciente, todavía aturdida por el sueño. Sentía sus ojos muy pesados, a punto de rendirse a los brazos de Morfeo nuevamente, pero hacía un esfuerzo para escuchar la petición.
Jennie vaciló en su lugar, mordiéndose el labio. Finalmente, decidió ir al grano.
─ ¿Me dejas dormir contigo?
El peso de la petición hizo que Rosé incorporara la cabeza de inmediato, sus ojos ahora completamente abiertos. El cansancio se esfumó de golpe. ¿Había escuchado bien o el sueño le estaba jugando una mala pasada?
─ ¿Qué?
─ Solo por esta vez. Por favor...
─ Jennie, no creo que-
─ Prometo no abrazarte.
Rosé permaneció en silencio, evaluando la situación. ¿Acaso Jennie tenía pesadillas? La idea no le parecía tan descabellada. Recordaba que, durante sus días como trainees, la castaña solía buscar compañía en las noches en que los sueños la atormentaban, generalmente en ella o en Jisoo. Pero desde que debutaron, esas noches se habían vuelto cosa del pasado... o al menos, eso creía. Lo que no sabía era que, durante su ausencia, las pesadillas habían regresado, aunque Jennie había aprendido a enfrentarlas sola.
Finalmente, dejó escapar un suspiro y se movió hacia un lado, levantando las cobijas.
─ Está bien. Pero solo por esta vez.
Una gran sonrisa se formó en los labios de la Jennie. Cerró la puerta con cuidado y se acercó a la cama en puntillas, como una niña pequeña.
─ Gracias. ─Se deslizó bajo las cobijas rápidamente.
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Fuera del cuarto, una pequeña figura de cabello oscuro se asomaba desde la escalera.
Jisoo había bajado a la cocina en busca de un bocadillo cuando, para su sorpresa, vio a su mejor amiga caminando con tanto sigilo hacia la habitación de su compañera australiana. Extrañada, se quedó oculta detrás de la barandilla, observando cómo la puerta se cerraba tras su amiga.
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Última Oportunidad
De TodoUna relación secreta algún día ve la luz, Jennie lo sabía, pero no estaba lista para enfrentar la verdad y admitir públicamente que lo que compartía con su compañera de grupo iba más allá de una simple amistad. El miedo fue su peor aliado al cometer...
