22.

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YARON.

El disparo sonó, rompiendo todo el silencio, sentía miedo atroz por cada sentido de mi cuerpo en años.

La pólvora estaba soltando humo adormecedor por el exterior, agarre el cuerpo de Alessia antes de que cayera, yo estaba también sucumbiendo así que deje a nuestros cuerpos sobre el césped.

—Yaron, nada de lo que tú crees saber es real, el juego a comenzado —su susurro me estremeció no entendía nada, los dos intentamos aguantar por encima de ese humo que nos quería mandar a la oscuridad.

—¿De qué hablas? —tosí.

—Mi marido ya sabe que me a perdido, está jugando contigo, y yo también ...—silencio.

Disparos llenaron mis oídos, pero caía al abismo. Si iba al infierno, me encontraría a mí hermano.

Shopia gritaba, intente moverme, el negro me lleno. Me maldecí a mi mismo.

La luz de la mañana se hizo paso, abrí los ojos lentamente. Me encontraba en mi habitación, a mi lado no encontraba el cuerpo de mi linda rubia.

Al girar la cabeza encontré los ojos fríos de mi amigo.

—El Italiano a secuestrado a Shopia, no se pudo hacer nada —el cabreo le subía la garganta.

—Daven, ¿Que mierdas a pasado? —me levanto de golpe, compruebo mi cuerpo sabiendo que no estoy herido.

—Había un topo de los nuestros, alguno que entró camuflado para él. Ni si quiera se dedico a buscar a su esposa y recuperarla —sus palabras me traen todos los recuerdos de golpe.

—Llévame a donde esté Alessia —grito.

Cruzamos las tres puertas que separaban los dormitorios. La encontré despeinada y no tenia buena cara.

—¿Donde se ha llevado tu marido a mi mujer? —mi voz rompió el silencio.

—Tú lo sabes, morirá —empezó a abrir los ojos y nos encontramos cara a cara.

—¿Porque no te ha rescatado? —me paso la mano por mi pelo, frustrado.

—No le interesó, nunca lo hizo —río en voz alta, esta chica me iba a volver loco.

—Dime que coño pasa —me estaba poniendo histérico.

—Lorenzo, es un pobre desgraciado que quería todo lo de mi padre, al fallecer se volvió el líder. Menos de una cosa que tienes tú.

—¿El qué? —gritó.

—De eso trata mi juego, de que te acuerdes antes de que te lo tenga que decir —me mira con una sonrisa.

Salgo de allí, más perdido que nunca. Necesito recuperar a la mujer de mi vida.

Estaba en casa de mi padre, estaban en una cena y había metido a mi enfermera favorita en casa.
Su pelo rubio caía por la almohada y yo me la follaba, me daba igual que el servicio escuchara todo.

Alguien llamo a la puerta, no quise hacer caso y seguí.

—Yaron —Daven estaba gritando, de verdad mi hermano adoptivo era demasiado inoportuno. Aunque me alegraba que nos adoptaran esa familia a los dos, era lo más parecido a familia que tenía, junto a mi novia Shopia.

Habíamos crecido, ya estaba graduado y apunto de acabar el master.

—Deberías hacerle caso —mi rubia dijo suave, como no fuera algo importante le pegaría.

Me levante y me puse unos calzoncillos, cuando supe que era seguro salir lo hice.

—¿Qué pasa hermanito? —mi furia se veía reflejada en mis ojos a los suyos.

—Han asesinado a mamá y padre —sus palabras me taladraron.

—Uno de los altos empresarios de las oficinas de coches, la policía lo está investigando.

—Reacciona Daven, padre es tan culpable, sus manos no estaban limpias joder, tenemos que alejar el foco.

Sirenas empezaron a sonar, ruidos abajo empezaron a sonar.

—Buscar a esos adolescentes, antes de que hablen —sus voces corrían en todas direcciones.

Shopia salió en ese mismo momento ya vestida. Camine hasta el despacho, le lance el arma a Daven.

—Quédate aquí y no salgas, mi amor —la bese castamente.

Cuando estuvimos fuera lo dos, vi que Daven no entendía a dónde quería llegar a parar.

—Somos Meier, es nuestro legado, vamos a acabar con todos esos capullos.

Los disparos se abrieron fuego y la adrenalina me llenó, sin parar arrebataba vidas, ya no había un freno. Sabía que clase de demonio era mi padre, y en lo que me había educado a mí y a Daven.

Shopia salió y vio como mataba al último hombre a sangre fría, sin rencor, y como una bala me atravesaba.

Ya estarían lejos, se habrían movido y no tendría ninguna posibilidad de poder hacer nada para salvarla. La había condenado.

—Ella te vio acabar con la vida de todos esos capullos, vio como tomabas la decisión de ser un justiciero a tu manera, te seguí porque así padre nos hizo. Pero el solo atacaba a sus enemigos empresarios, tú te metiste en cosas más oscuras.

Bailarín en uno de los locales a los que acudíamos con padre, bailaban chicas y chicos, para todo tipo de ricos creyéndose poderosos. Fue donde empecé a crear la organización.

Estuve años sin saber de mí amigo, el que tomó el control de mi padre, a día de hoy Daven comparte la  dirección de coches Meier conmigo, siempre le importo más ese trabajo y era el que nos permitía seguir con esta tapadera.

—Deberías empezar a aceptar que posiblemente esté muerta —dice Daven.

—El italiano no le va a poner ninguna mano encima —gruño.

—Piensa lo que quieras, reuniré a nuestros hombres, quiero que tomes una puta decisión. Ya has llegado demasiado lejos.

Siempre me ha apoyado, pero no cuando están apunto de quitarle la vida a una amiga.

—Ya estáis hechos unos grandes hombres —Shopia seguía con una sonrisa. Era un adiós por el momento, me iba a una casa con una nueva familia que había adoptado a nosotros dos.

—No te olvides de mí —supliqué, susurrando contra su oído.

—Eso nunca Yaron, nos vemos en dos años cuando seas mayor de edad.

En la sala de reuniones faltan y otros hombres están heridos.

—Buscar a mi esposa —digo sin perder el control con lágrimas.

—Yaron, el italiano tiene mucho más potencial que nosotros.

—Me da exactamente igual, quiero su cabeza y quiero a mi esposa aquí antes de que amanezca.

Solo hay maneras de hacer las cosas, y Alessia iba a hablar si o si. Ya no podía ir a ciegas.

 Ya no podía ir a ciegas

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