Capitulo Final

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¿Cómo podría definirse una buena despedida?

Pero, ¿de verdad existen las buenas las despedidas?

La mayoría de ellas suelen saber un poco amargas. No es agradable alejarte del lugar que te ha acogido como un hogar durante muchos años, o un corto periodo de tiempo, o tan solo unas horas. El tiempo daba igual. También es triste separarse de las personas que han construido ese hogar a tu lado, que han sabido hacerse huequito en el corazón y vivido juntos los buenos y malos dejar los momentos. comodidades de una vida asentada atrás. Todo eso es difícil, ¿pero quién dijo que la vida era fácil?

No es fácil. Nada es fácil. Por lo tanto las despedidas tampoco lo son.

Louis no era capaz de sacarse todas esas palabras de la cabeza. Su mente estaba eclipsada por la cantidad de sentimientos y pensamientos que revoloteaban dentro de ella. Para él tampoco eran fáciles las despedidas. Solo había tenido que hacerlo dos veces; cuando se independizó de casa de sus padres y cuando sus abuelos tuvieron que marcharse a vivir a una ciudad cercana. El reconoce que en esos momentos tampoco fue sencillo, pero ahora todo era mucho más grande.

Preferiría no pensar que se estaba marchando para siempre. Preferiría mantener en su cabeza un "hasta luego" o un "nos vemos pronto", aunque la mayoría de las veces en las que se dicen esas palabras son para no volver jamás. Y se sabe. Louis sabe que ni siquiera diciéndolas conseguirá evitar ese sabor amargo de las despedidas.

Así que mientras su mente volaba a escenarios tristes, su mirada seguía los movimientos de Elizabeth por todo su cuarto, quien se encargaba a una velocidad moderada de llenar una maleta de cuero con las pocas pertenencias que iba a llevar. Ropa, zapatos... algún que otro libro, siendo Romeo y Julieta el primero en añadir, como bien le había pedido a la chica expresamente.

Ella estaba emocionada pero también se la percibía un poco nerviosa. Con las manos ligeramente temblorosas y el volumen de voz un poco descontrolado Para ella también eran difíciles las despedidas. Ella también sintió el sabor amargo en lo alto del paladar. Los dos lo hacían. Ninguno prefería decir nada al respecto aún.

-No tienes por qué hacerlo tú todo - dijo pasados unos minutos. Eli dejó de corretear y le miró. Con los ojos redonditos de expectación y brillosos de emoción. Negó con la cabeza e hizo un gesto con la mano.

-Claro que tengo que hacerlo -siguió con lo que hacía -, a saber lo que eres capaz de meter en la maleta. Debes meter lo imprescindible y los hombres son muy tontos para eso.

-Vaya, gracias - respondió con sarcasmo. Eli volvió a parar con lo que hacia y se acercó a él. Se sentó a su lado, sobre la cama, y enlazó su mano con la suya. Louis agradeció el gesto y sonrió un poco.

-Déjame hacer esto -pidió-. No me gusta pensar que seguramente sea lo último que pueda hacer por ti durante lo que nos queda de vida, será así y me hace sentir pero sé que mejor.

Esas palabras perforaron en el corazón de Louis como pequeñas agujas afiladas. Sonrió porque no podía hacer otra cosa, pero también sintió el escozor en los ojos que le indicaban la proximidad del llanto. No quiso que ocurriera, así que rápidamente asintió.

-Sí, está bien. Me parece bien -Elizabeth también sonrió conforme. Le dejó un pequeño besito en la mejilla y se levantó de un salto para continuar con su trabajo, de nuevo, bajo la admiración de la mirada de Louis.

Y es que era imposible no admirar a una mujer como Elizabeth. Porque después de todo, después de lo que le había hecho, ella seguía ahí, con él, indudablemente. Apoyándole y ofreciendo cariño. Otorgando una sonrisa cuando en el pasado escondía lágrimas.

Intocable ( Larry stylinson)  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora