Capitulo 39

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Los días pasaban muy lentamente y la recuperación de Harry cada vez era más positiva. Para ese momento todas sus heridas estaban cicatrizando correctamente y los hematomas empezaban a adquirir tonos más difuminados. La peor parte, sus costillas rotas, aún le producían bastante dolor, sobre todo cuando permanecía un buen rato en pie, pero, como decía, iba mejorando.

Esos días pasaron lentos pero no por eso fueron aburridos. A Harry, con ayuda de Niall, se le ocurrió una idea que le distraía y entretenía a partes iguales. Todas las tardes, un par de horas antes de la puesta de sol, Louis se acercaba hasta su casa para pedirle que le dejara entrar unos minutos.

Harry, por supuesto, le ignoraba.

Pero no era una ignorancia para hacer daño o porque no quisiera abrirle la puerta, de hecho, las ganas de azotarla y lanzarse sobre él para rogarle que pasaran tiempo juntos eran infinitas, mucho más después de recordar todas esas veces las palabras tan reveladoras de Louis el primer día que fue a verle. Pero lo de ignorarlo lo hacía por venganza y diversión.

A Niall le agradaba en especial la parte de la venganza. Disfrutaba escuchar a Louis rogar por algo que, al menos en ese día, no lograría.

Y siempre hacía lo mismo.

Después de pasar más o menos un cuarto de hora tras la puerta llamando y tocando con los nudillos la madera, después de que algunos vecinos salieran al pasillo para quejarse por los ruidos y algunos llegando incluso a amenazarle de formas muy gráficas, Louis salía del edificio.

Pero no salía para marcharse, sino para continuar gritando el nombre del rizado en dirección a la ventana de la sala de estar.

Y Harry lo que solía hacer siempre era salir a la pequeña terracita que daba a la calle a observarle con la boca cerrada y una sonrisa de triunfo. No iba a mentir, a Louis le medio divertía esa reacción porque, aunque en pequeñas dosis, estaba recibiendo su merecido. Pero no por ser ignorado iba a dejar de intentarlo.

-Algún día bajarás aquí, eso lo tengo claro - habló en voz alta desde la calle. Harry le miraba por encima de la barandilla con las cejas alzadas. Niall le había sacado una silla de madera para que no le doliera y para que pudiera pasarse vacilando a Louis el tiempo que quisiera.

-¿Cómo estás tan seguro? - se atrevió a preguntar. Louis sonrió. Fue la primera vez en todos esos días que Harry le dirigía la palabra ya que lo único que hacía en esos momentos era contemplarlo en silencio.

Hubiera contestado pero Niall apareciendo al lado del menor le hizo prestar atención a lo que estaba por ocurrir.

Harry miró a su amigo y a lo que llevaba en brazos con una gran interrogante plasmada en su expresión. El rubio sujetaba con ambos brazos un cubo hasta arriba de agua.

-He terminado de lavar los platos con esto - sonrió y le guiñó un ojo. Harry solo comprendió lo que iba a hacer cuando Niall levantó los brazos -, ¡cuidado ahí abajo! - fue en ese momento, cuando el rubio inclinó el cubo dejando caer todo el contenido a la calle, en el que Harry abrió la boca para dejar escapar una enorme carcajada que intentó cubrir con sus manos.

Se escuchó un gritillo agudo y un gemido.

Cuando los dos amigos sacaron la cabeza por encima de la barandilla se encontró con la visión imaginable e inmensamente graciosa al mismo tiempo.

Louis los miraba con la boca abierta y empapado de arriba abajo.

-¡Vaya, qué lástima! - gritó Niall con sarcasmo -. cielo. No te había visto ahí, La próxima vez avisa.

Louis se sacudió y se pudo apreciar cómo murmuraba cosas por lo bajo, la mayoría insultos y vejaciones, y quizás hubiera gritado algo para defenderse pues, sinceramente, lo que le había hecho era una completa guarrería. Pero la risa tan sincera de la que Harry estaba siendo víctima le hacía mirar hacia arriba y sonreír.

Intocable ( Larry stylinson)  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora