Ojos de Insecto.

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Mi especie no puede ver, todo el mundo lo sabe; nuestros ojos no son lo suficientemente complejos, nuestros cerebros tampoco.

Pero eso no evitó que viese en el firmamento tus miles de brillantes miradas, iluminando mi pequeña mente de insecto.

"Ponte a trabajar, es la razón por la que existes" me decían mis hermanas, pero mi existencia se rompió el momento que vi tus ojos, borrosos y brillantes "¿Vosotras no lo veis?" Pero, claro, claro que no lo veían, no te veían. Y pasé las noches viendo la sombra oscura llena de miradas que tú eras, soñando con ser parte de tí, ser parte del todo. Y, cuando mi exoesqueleto se hundió en sí mismo deseé que lo hiciese más rápido, esperando tener alma y poder subir contigo dónde esos ojos brillantes me pudiesen ver. Porque todo el mundo sabe que, aunque tu puedas observar al universo... Tú, él, no tiene la necesidad de devolverte la mirada.

Volví a existir, y te sentí en mi nuevo cuerpo, rozando con tu luz mis extremidades durante el día, me alimenté de tí, y alimenté la vida que una vez habías creado con mi oxígeno, y deseé crecer hasta la capa de ozono para desintegrarme bajo tu mirada, y crecí, dando sombra a tus creaciones más destructoras, y crecí, sin poder verte, solo sintiéndote sobre mis hojas, y le hablé a la tierra de tí, le conté de la belleza que mis ojos, que esos ojos que una vez tuve, habían visto, ella me sonrió con un temblor suave, diciéndome "Algún día verás, hijo mío, que no eres tan diferente a aquello que tanto amas".

Y el ser humano murió bajo mis ramas, y yo seguí creciendo, para sentirte infinitamente sobre mí, di sombra a los siguientes seres inteligentes a los que diste vida, viéndoles crecer, hasta que siguieron los mismos pasos que sus hermanos, y murieron.

Seguí soñando con mirarte, hasta que mi tronco se secó por dentro, y fui devorado por el tiempo, que también, como yo, era tuyo. Lo siguiente que fui, fue el suelo en el que una vez mis raíces se habían hundido, le di vida a mis hijos, les di tierra, y tú les diste luz, y, luego, de lo más profundo de mí vino el fuego, y, ese ojo tuyo que había dado vida a esta tierra, se hizo pedazos.

Las partículas de mí se extendieron por el espacio, y seguí soñando con poder verte, hasta que fui uno de tus ojos. Era parte de tí, sí, por fin, pero yo quemaba, y tú estabas a miles de años luz.

Era tuyo, pero no estaba contigo.

Creé vida, la vi morir y renacer como tú habrás visto miles de veces, y vi los milenios pasar, y tú seguías fuera de mi alcance, como ese sueño ciego que me llevó a querer hundirme en mi exoesqueleto tantas vidas atrás, ese mismo sueño que me hizo querer crecer hasta rozar tu radiación y morir bajo su peso.

Era tuyo, pero no estaba contigo.

Y, cuando morí como el sol, y volví a viajar por la galaxia, seguía sin cumplir el sueño que tuve siendo insecto.

Pienso que como te amé siendo insecto, era mi destino encontrarte siendo uno de nuevo. Mis patas eran largas, como mi cuerpo, que se elevaba sobre la nueva tierra de la que ya había formado parte. Vi el mundo que me rodeaba, lo disfruté. Lo sentí en mis alas y lo observé con mi único ojo hasta cansarme, pero, cuando volví a mirarte en el firmamento, tus ojos brillantes estaban, pero tú te habías ido.

Y seguía siendo tuyo, pero no estaba contigo.

Me paseé por mi nuevo hogar, y vi tantas formas de vida que me sorprendí de que, por primera vez en siglos, yo no fuese la estrella, y vi, y busqué, hasta que seis ojos me encontraron.

Eran brillantes y difusos, como aquellos que había visto siendo hormiga.

" Eres tú ", dijiste. Y si hubiese podido llorar, lo hubiese hecho.

El miedo se apoderó de mí.

" ¿Cómo lo sabes?".

" Porque me estás viendo ".

La duda, el miedo, se me escapó de la garganta: "Muchos otros te deben haber visto antes, no soy tan importante".

" Ninguno me vio sin ojos, ninguno se paró a sentir mi presencia. Ninguno me vio como tú me has visto."

" Y ninguno se volvió a mirarme con el mismo cariño con el que yo actuaba."

Y nuestras manos se rozaron. Y con ello, por fin, era tuyo. Y estaba contigo.

'Para Anielka, mi futura esposa;
prometo ser siempre la hormiga que te observa, fascinado; el árbol, que contigo, de oxígeno a mi mundo, y prometo ser la tierra donde nuestros hijos vivan bajo la luz que tú emitas.
Y prometo que mi ojo se perderá en los seis tuyos hasta que seamos, juntos, una estrella.'

El Alma de las palabras. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora