Sábado, 04 de Febrero de 2012.
Pasado.
Las luces tenues del tocador bañaban el rostro de Astrid mientras ella, con meticulosa precisión, delineaba sus ojos con un lápiz negro. Su mirada, verde y penetrante, reflejaba una mezcla de emoción y sadismo. Una sonrisa sádica se dibujaba en sus labios, y mientras que la hermana de aquel policía se admiraba en el espejo, pensaba: «¿cuál será la víctima de hoy?»
Estaba anciosa por comenzar la caza. La misma que había iniciado hace un mes desde que conoció a su novio Blake.
Un cazador de vampiros.
Blake y Astrid eran completamente diferentes, pero fue ese pasatiempo de Blake, lo que atrajo el interés de Astrid.
Y fue así, como la gemela salía todas las noches en la madrugada a darle caza a seres demoníacos.
Esa noche, se preparó frente al espejo como de costumbre. Hasta que recibió una llamada cuando estuvo a punto de salir. Ella miró el móvil, y rodó los ojos cuando se dio cuenta, de que, no era más que el intenso de su hermano mayor: Leví.
—Sabes que me gusta hablar contigo, hermano, pero ya es muy tarde y me tengo que ir a dormir. —fue lo primero que soltó la gemela cuando le contestó la llamada al detective.
—Lo siento, solo te llamé por casulidad..., te extrañaba. —respondió Leví, y su voz sonaba un poco apagada—. No sé en que andas, pero últimamente has estado distante conmigo. ¿Pasa algo de lo que no me he enterado, Astrid?
—Para nada. Creo que te preocupas demasiado por mí. —se echó a reir la gemela con naturalidad.
—Lo hago porque no quisiera perderte...
—¿Cómo a papá y mamá? —acotó la muchacha sin pelos en la lengua, desinteresada—. Mira, lo de nuestros padres pasó hace años. Considero que deberías empezar a soltar ese miedo que tienes por lo que les pasó a ellos. Nada malo me pasará, Leví.
—Lo sé, pero no puedo evitar llamarte e ir siempre a tu casa, porque tengo miedo de que un día de estos no estés. No estés como papá y mamá no estuvieron un día. No quiero que algo malo te pase. —Leví sonó agitado, y con una melancólica voz extraña, que su hermana pudo percibir al instante. La reconocía.
—Ah, ya entiendo. —suspiró, riendose—. Estás borracho, hermanito.
—Bueno, quizás me fui a un bar con unos compañeros del trabajo, y quizás me pasé de copas. —Leví se rió, y su hermana lo copió.
—Bueno, espero que disfrutes tu noche y dejes de pensar en mí. No soy una niña chiquita a la que tienes que cuidar siempre. Tengo veintinueve, Leví, y tú tambien deberías empezar a vivir tu vida.
Los gemelos charlaron un poco más sobre el pasado. Sobre que Leví extrañaba a sus padres, y Astrid solo le dijo que tenía que soltar el pasado. Era la misma conversación que solían tener, aunque el detective estuviera sobrio, pero como siempre, al final su hermana lograba calmarlo.
Y al rato, una vez que terminó la llamada, la muchacha extrajo de su armario una mochila, tan oscura como sus propios deseos. La llenó con una colección de cuchillos, cada una con una historia propia, cada uno con un filo que había probado la sangre de sus víctimas.
Una vez acabó. Salió rápidamente de su departamento, con una vestimenta cómoda, y negra. Llevaba una blusa escotada, con falda y mallas negras. En sus pies, usaba unas botas negras con tacón. De esa manera salió del edificio y se encontró con su novio en el estacionamiento.
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La tienda de animales extraños de Madame Fame
HorrorMadame Fame es la dueña de una misteriosa tienda de criaturas paranormales. Cualquier animal que quieras, ella lo tiene. Pero todo tiene un precio, y nada es lo que parece. ADVERTENCIA: Mis libros contienen temas inquietantes. Esto incluye gore, ase...