NUEVA YORK 1950
(5 DÍAS DESPUÉS)
ALEXANDER ADDINGTON
El aire de la mañana se volvió denso, casi irrespirable, cuando Danzel se aproximó. Sus pasos resonaban contra la madera del piso como el tic-tac de un reloj que marca los segundos hacia el inevitable horror. Sus ojos... esos ojos que siempre me observaban con una intensidad depredadora, hoy tenían algo diferente. Una chispa de locura bailaba en ellos, apenas contenida tras una máscara de falsa amabilidad.
"Alex, ve y calienta la comida. Es hora de que cumplas con tus deberes como esposo." Su voz acariciaba cada sílaba como una navaja envuelta en seda, suave pero mortal.
Mis manos temblaban mientras sacaba los platos del refrigerador. El metal frío contra mis dedos me recordaba las esposas que había usado para mantenerme cautivo durante las noches. Desde el comedor, podía sentir su mirada clavada en mi nuca, perforando mi piel como agujas heladas mientras fingía leer el periódico. Su sonrisa... esa maldita sonrisa que presagiaba siempre el dolor.
Al acercarme con su plato, el titular del periódico me golpeó como un puño en el estómago: "Presunto comunista Alexander George Addington muere en incendio en su hogar". Las letras comenzaron a bailar frente a mis ojos, distorsionándose en formas grotescas mientras mi mente procesaba la implicación. Isabelle... mi dulce Isabelle...
Arranqué el periódico de sus manos, el pánico transformándose en una furia ciega. "¡¿QUÉ LE HAS HECHO A ISABELLE?!" Mi voz sonó extraña, irreconocible, como el aullido de un animal herido.
Danzel permaneció impasible, sus labios curvándose en una sonrisa que no alcanzaba sus ojos muertos. "Hice lo que era necesario, Alex." Su voz destilaba un placer enfermizo. "Ella no podía interferir con nuestro futuro juntos. ¿No lo entiendes? Todo lo que hago es por amor."
"¡MIENTES!" Las palabras salieron de mi garganta como cristales rotos. "¡Isabelle no tenía nada que ver con esto!" Intenté atacarlo, pero sus manos se cerraron alrededor de mis muñecas como grilletes de acero, sus dedos presionando exactamente sobre los moretones de días anteriores.
"Oh, mi querido Alex," su voz era un susurro venenoso contra mi oído. "Permíteme describirte cómo ardía tu casa. ¿Sabías que el humo negro salía por las ventanas como serpientes retorciéndose? Los gritos de Isabelle..." Se relamió los labios, saboreando cada palabra. "Eran como música, Alex. Una sinfonía perfecta de desesperación." Se acercó a mi oído "Alex, Alex, ayúdame " suplicaba ella y me encantó escucharla gritar hasta que el silencio confirmo todo"
Mis piernas cedieron. El dolor era físico, como si me hubieran arrancado las entrañas. Los sollozos me sacudían con tanta violencia que apenas podía respirar. Isabelle... mi ancla, mi salvación, mi todo... reducida a cenizas por este monstruo que se hacía llamar humano.
Danzel me levantó del suelo con una gentileza obscena, presionándome contra su pecho. Sus dedos se enredaron en mi cabello, una caricia que antes hubiera sido consoladora y ahora se sentía como arañas arrastrándose por mi cuero cabelludo. "Shhhh," murmuró, su aliento caliente contra mi oído. "Ya no hay nadie más que nosotros, mi amor. Nadie que pueda separarnos."
Mientras me sostenía, pude sentir su corazón latiendo con un ritmo regular, tranquilo, como si no acabara de confesar un asesinato. Como si no hubiera destruido mi vida por completo. El contraste entre su calma y mi dolor era otra forma de tortura.
"La manera en que las llamas consumían todo..." continuó, su voz teñida de un éxtasis enfermizo. "Era hermoso, Alex. Deberías haberlo visto. Las fotografías no le hacen justicia. Cada ventana era como un cuadro en movimiento, pintado con naranjas y rojos. Y cuando el techo comenzó a colapsar..." Suspiró, como quien recuerda un momento particularmente placentero.
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OBSESIÓN (vol.1)
Mistério / SuspenseEn la sofocante América de los años 50, donde ser diferente es sinónimo de peligro, Danzel -un agente del FBI marcado por un pasado de abusos, represión y traumas no resueltos- reencuentra al único hombre que alguna vez encendió en él algo parecido...
