《Una oportunidad, no hay más nada que decir...solo una.》
Mientras tanto, él seguía intentándolo, pequeño gesto tras pequeño gesto, sin rendirse. Sabía que debía tener paciencia. En su interior, creía que un día ella permitiría que su amor llegara a...
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《2:00 pm — Habitación de Emma》
—Tienes que tomarlo, acercarte… y luego darle la nota. Así de sencillo. —Mack hablaba con aquella confianza que siempre la hacía sonar como si todo fuera más fácil de lo que realmente era.
—¿Darle qué, Mack? —la miré con curiosidad, arqueando una ceja, tratando de descifrar a qué se refería exactamente.
Llevábamos media hora discutiendo sobre ese chico de ojos azules que, según Mack, merecía toda nuestra atención. A ella le encantaba hablar de chicos, y más si había algo de misterio en torno a ellos.
—Pues… la nota de tu invitación para tu cumpleaños número dieciocho —dijo con obviedad, como si fuera lo más natural del mundo.
—No voy a hacer fiesta —repliqué, relajada, recostándome en la cama—. Quiero pasarlo en casa, solo contigo y mi madre. Películas de acción, comida chatarra… nada de drama.
—¿Por qué no? —preguntó, frunciendo un poco el ceño mientras se miraba las uñas recién pintadas—. Es la edad en la que empiezas a ser adulta. Donde comienza tu… adultez.
Solté un bufido.
—Ya lo sé.
Mack sonrió, traviesa, y luego sus ojos se iluminaron con picardía.
—Sí, me enteré… ¡dormiste con tu vecino! Uuuy… —dijo, dejando escapar una risa pícara.
—¡Shhhh! —exclamé, entre molesta y avergonzada—. Solo es un huésped. Dormimos… nada más. No malinterpretes.
—Como digas —se encogió de hombros—. Pero, ¿qué clase de huésped duerme contigo en la misma cama? Es raro, ¿no? —preguntó con sarcasmo, inclinando la cabeza.
—¿Podemos dejar de hablar de Connor? —dije, incómoda.
—Vale, vale… —aceptó, aunque con una sonrisa traviesa en los labios—.
El silencio invadió la habitación por unos segundos, hasta que Mack rompió el ambiente:
—Me quiero teñir el cabello a rojo cereza —dijo, mirando su reflejo en el espejo del tocador.
—¿Rojo? —musité, con una expresión neutral—. A mí me gusta tu cabello natural.
—Sí… pero quiero un cambio radical. Sabes que me encanta experimentar con mi look, y tú… bueno, a ti también te urge un cambio. —Sonrió traviesa.
—Niña, no me veas así —la miré con extrañeza—.
—Emma… ¿ya viste tus puntas abiertas? —preguntó, obvia y directa—. No miento cuando digo que deberías cuidarte un poco más.
“¿Amiga… o hater?” pensé, mientras me recostaba en la cama.
—Mack, no es momento de preocuparme por eso. Lo haré cuando tenga ganas… soy muy floja para cuidar mi cabello —admití, encogiéndome de hombros.