《Una oportunidad, no hay más nada que decir...solo una.》
Mientras tanto, él seguía intentándolo, pequeño gesto tras pequeño gesto, sin rendirse. Sabía que debía tener paciencia. En su interior, creía que un día ella permitiría que su amor llegara a...
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Connor
Nota: “Cuando Emma se queda sola en la fiesta y él va a comprar el ramo de tulipanes.”
¿Cómo pude dejarla sola en una fiesta como esta? Aunque... lo hice por una buena razón. Ella se merece el mundo entero, y si no puedo entregárselo, al menos quiero regalarle una chispa de felicidad. Emma es como un rayo de luz que aparece en mi vida cuando todo parece gris. No soy el mejor para expresar lo que siento, pero con pequeños gestos tal vez logre acercarme a su corazón.
Me detuve frente a la florería. Empujé la puerta y la campanita anunció mi llegada. Tras el mostrador, un hombre de mediana edad me recibió con una sonrisa amable.
—¿Qué necesita, joven?
—Tulipanes... —tragué saliva, mis dedos tamborilearon en el bolsillo de mi chaqueta—. Rojos, por favor.
—Claro que sí, acompáñeme. —El hombre me condujo hasta un pequeño jardín lleno de flores. Era hermoso, pero mis ojos solo buscaban una en particular.
Me quedé en el umbral, observando los tulipanes. Sí, esos. Emma sonreiría al verlos, lo sabía.
—¿Son para su novia? —preguntó el señor mientras comenzaba a preparar el ramo.
“Cómo quisiera...”
—No, no exactamente. —suspiré, con la mirada fija en esas flores rojas—. Es complicado. Quisiera que lo fuera, pero... creo que me odia. Tan solo quiero que me mire como yo la miro.
El hombre dejó de envolver las flores por un instante y me miró con seriedad.
—El amor siempre es complicado, muchacho. Y no siempre es correspondido. —me tendió el ramo ya listo—. Ten cuidado, porque lo que más deseas puede costarte más de lo que piensas.
Apreté los labios y recibí el ramo con cuidado, como si fueran tan frágiles como mis propios sentimientos.
—Gracias, señor. ¿Cuánto le debo?
—Setenta y cinco.
Le pagué y salí rumbo a la fiesta, con el corazón acelerado y una sola imagen en mente: Emma, sonriendo con esos tulipanes en sus manos.
Emma
Jamás en mi vida pensé que alguien me regalaría tulipanes. Nunca. Estaba acostumbrada a detalles simples: una pulsera, un chocolate, quizá una camiseta... Y lo agradecía, claro. Pero ahora, frente a mí, Connor sostenía un ramo de mis flores favoritas. Y no sabía qué decir.
Mi mente estaba en blanco. Literalmente.
—Sé que te gustan —murmuró, con esos ojos clavados en los míos—. Así que... hice el esfuerzo.
El aire me faltó por un instante. ¿Él... realmente pensó en mí?
—Connor... no tenías por qué hacerlo. Es muy lindo. —apenas logré sonreír, nerviosa—. Muchas gracias.
Tomé el ramo y lo abracé contra mi pecho. Sentía el calor en mis mejillas, un calor imposible de ocultar.
—Me alegra que te gustaran. —rió suavemente, con esa torpeza suya que me desconcertaba—. Tenía miedo de que no fueran de tu agrado. Pero ya está. Vamos a entrar, y te prometo que esta vez no te dejaré sola.
Él comenzó a caminar de regreso a la fiesta. Yo lo seguí, lenta, sin dejar de mirar las flores.
[...]
Dentro de la casa, encontré un pequeño florero en la cocina y coloqué los tulipanes con cuidado. Me quedé allí, contemplándolos. Una sonrisa se escapó de mis labios sin que pudiera evitarlo.
—¿Sabías que los tulipanes solo florecen por temporada? —una voz desconocida me sacó de mis pensamientos.
Alcé la vista. Frente a mí había un chico de cabello negro rizado y ojos azules, intensos y fríos, pero con un brillo cálido.
—Eh... sí, claro. —respondí tímida.
—Soy Luke. —me extendió la mano, cortés. La estreché suavemente.
—Emma.
—Encantado, Emma. Yo organicé esta fiesta. —sonrió con calma, apoyándose en la barra de la cocina—. Y dime, ¿qué te trae por aquí?
Su tono era amable, tranquilo... hasta que otra voz irrumpió, dura y cargada de celos.
—Eso no te incumbe. —La voz de Connor retumbó en la cocina.
Me giré y lo vi entrar, con los ojos ardiendo de furia. El ambiente se volvió pesado de inmediato.
—Aléjate de ella antes de que las cosas se pongan feas. —su mirada fulminaba a Luke.
—Connor, basta. —intenté detenerlo, pero él no me escuchaba.
Se acercó más, con esa intensidad abrumadora que a veces me asusta, a veces me desarma.
—Este asunto es entre él y yo. —su voz sonaba grave, amenazante—. No voy a permitir que cualquiera se acerque a ti.
Sus ojos, oscuros, se clavaron en mí, y sus palabras fueron un puñal directo a mi pecho.
—A excepción de mí.
La posesión en su tono me heló la sangre, pero también encendió algo dentro de mí que no quería reconocer.
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N/A: pero que celos se carga el Connor En fin...es mi primer intento de novela, pero haré todo lo mejor de mí, son pequeñas piesas de novelas que he leído y la voy añadiendo de todo lo que me acuerde. Aunque esto en mi mente se veíaépico. :((( voten y comenten. Por favor me ayudaríamuchísimo con mis escenariosficticios los cuales me imagino en la mente.