《Una oportunidad, no hay más nada que decir...solo una.》
Mientras tanto, él seguía intentándolo, pequeño gesto tras pequeño gesto, sin rendirse. Sabía que debía tener paciencia. En su interior, creía que un día ella permitiría que su amor llegara a...
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-Narrador omnisciente-
La cocina estaba impregnada de una tensión sofocante. El aire se volvía pesado, casi irrespirable. Connor observaba a Emma con el ceño fruncido, pero sus ojos estaban clavados en Luke, ardiendo de furia contenida. Su rostro dejaba en claro que, de ser por él, lo derrumbaría en ese mismo instante solo por haber tenido la osadía de acercarse a ella.
—Te dije que te largaras —su voz retumbó grave, cargada de molestia—. No quiero repetirlo, ni hacerlo más difícil.
Luke arqueó una ceja y esbozó una sonrisa sarcástica.
—¿Y tú quién te crees? ¿Su guardaespaldas? —su tono era pura burla, una provocación calculada.
Emma, en cambio, permanecía en un rincón, con la mirada perdida entre ambos. Confusión, enojo y desconcierto danzaban en sus ojos.
—Ya basta. —Su voz se alzó firme, cortante. Dio un paso al frente y los fulminó con la mirada—. Dejen de mirarse como unos idiotas. Y tú, Connor… —su mirada se clavó en él con dureza—. No te metas en mi vida, ni con quién hablo. No necesito que me protejas. Luke solo fue amable, algo que a ti parece faltarte.
Las palabras de Emma lo atravesaron como cuchillos. Connor se quedó inmóvil, desconcertado. Su mandíbula se tensó, y por un instante bajó la mirada. Luego volvió a fijar sus ojos en Luke, con un brillo oscuro y lleno de desprecio.
—Dime, Luke… ¿te molesta la cara? —preguntó con un tono arrogante, envenenado de ira.
Luke sonrió de manera petulante, disfrutando de la provocación.
—La verdad… es difícil ser tan hermoso.
El comentario fue la chispa que encendió la pólvora.
—¿Ah, sí? Pues toma tu premio por ser tan hijo de puta.
Connor se lanzó sin pensarlo, descargando un puñetazo directo en el rostro de Luke. El golpe lo tumbó contra el suelo, y sin darle tiempo a reaccionar, Connor se abalanzó sobre él, descargando más golpes con furia descontrolada.
Emma se quedó paralizada, atónita, hasta que el instinto pudo más que el shock. Corrió hacia ellos, intentando sujetar el brazo de Connor para detenerlo, pero su fuerza era implacable. Tiró una y otra vez hasta que, finalmente, consiguió apartarlo con un suspiro entrecortado.
Se interpuso entre ambos, con los ojos brillando de rabia.
—¡¿Qué demonios les pasa?! —gritó, su voz desgarrada, atrayendo miradas de la fiesta—. ¡Son unos idiotas, eso es lo que son!