El resplandor inmaculado del sol disuelto en la infinidad del cremoso firmamento azul hacía de centinela un mediodía en pleno verano. Desde muy temprano, acompañó a Levi en las actividades alrededor de aquel huerto en su patio que dejó de ser una idea casi extinta para convertirse en una realidad, removiendo la tierra tras la última cosecha para continuar con los cultivos rotativos correspondientes tal cual había aprendido, y en cuanto sembró las semillas en los respectivos surcos, los regó con un poco de agua antes de hacer lo propio con el árbol de limón que se levantaba verdoso en una esquina y el pequeño brote de planta de té a su lado.
Acarició las hojas y un par de flores del primero mientras observaba los frutos que resaltaban como brillantes constelaciones. Nunca imaginó que le agarraría un gusto especial a dicha labor que tan desafiante resultó al principio y que, más pronto que tarde, le agregó un plus a su ya maravillosa vida, pero no pasó mucho para que recogiera todos los implementos y se adentrara a la casa, dejándolos perfectamente ordenados en la bodega para luego ir a lavarse las manos...
—¿Ya te sientes mejor?
Y soltando esa pregunta cuando se asomó a la habitación para ver a Mikasa.
—No tanto como quisiera —respondió algo desanimada.
Se acercó y tomó asiento al filo de la cama, justo debajo de donde descansaban sus pies. Últimamente le estaban sucediendo cosas muy extrañas a ella que se resumían, básicamente, en malestares de todo tipo. Ya no comía con el mismo apetito de siempre y los olores fuertes le fastidiaban sobremanera, además de que la notaba más cansada y con mareos recurrentes, y si bien en varias ocasiones le sugirió visitar al médico para que le hiciera un chequeo, se negó alegando que todo eso era temporal y no demoraría en recuperar su condición habitual, algo que obviamente no ocurrió ya que hasta la fecha, dos semanas después, seguía igual.
—Las infusiones que te preparé sí te aliviaron, ¿verdad?
—Un poco, pero ya no quedan más bolsitas de té de lo que vi en las despensas —apartó levemente la vista—. Lamento haber acabado con toda la reserva yo sola.
—Descuida. Eso es lo de menos —se encogió de hombros—. Lo que realmente importa es que te sirva para que estés más tranquila, y por ello iré ahora mismo a la ciudad a comprar un par de cajas.
—Me gustaría ir contigo a despejar la mente.
—Lo sé, pero me preocupa que sufras una descompensación en el camino —ella infló las mejillas, aunque no replicó ya que entendía su punto más que nadie. Sonrió y se puso de pie para aproximarse y darle un beso—. Procura descansar, ¿de acuerdo? Trataré de no demorar.
—Está bien.
Abandonó la estancia y tomó lo que necesitaba para luego salir sigiloso, con el ligero sonido de la puerta cerrándose detrás suyo. A solas, Mikasa cerró sus ojos y se acomodó mejor para dormitar por un tiempo que no supo identificar, y cuando despertó debido a la sed que le surgió de repente, se estiró hacia la jarra y el vaso que reposaban en el velador a su lado y vertió agua en el segundo, bebiéndola despacio y dibujando una mueca al percibirla con un sabor inusualmente repulsivo.
Dejó el contenido a la mitad y chasqueó la lengua antes de devolver el vaso a su sitio. No era normal que, de un momento a otro, su modus vivendi cambiara y lo hiciera de una forma poco agradable gracias a toda esa revolución a la que aún buscaba darle lógica. Le molestaba no poder disfrutar de los alimentos porque le revolvían el estómago a la mínima, ya no rendía lo mismo en el programa de reforestación, le daba sueño en los momentos menos pensados, y para colmo ahora hasta el agua, que tanto la revitalizaba, le producía asco.
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🍃MY SECOND CHANCE🍃 (RIVAMIKA)
FanfictionLa guerra acabó y, con ello, nuevos vientos se avecinaban como antesala a una era de redención y paz. Los caminos que tomaron los sobrevivientes eran un reflejo de sus nuevas aspiraciones, y aunque Mikasa y el ex Capitán Levi optaron por una vida má...
