La muerte de la abuela dejo un gran vació en mí, ella siempre fue mi segunda madre
sus consejos, sus pláticas, era mi refugio. El dolor por la pérdida de alguien cercano es intenso, es un aguijón que se clava en el medio del pecho te traspasa el corazón hasta dejarlo arrugado sin sangre y sin consuelo. Era la primera vez que experimentaba ese sentimiento tan angustiante y deprimente. –Por qué ella? – una voz en mi cabeza no dejaba de repetir esa pregunta una y otra vez, resonaba como campanas en mi interior. –Setur ha dejado de nevar, vamos a los establos quiero ver a Paloma. –No me apetece Alicia ve tu – respondí encogiéndome de hombros. –Vamos te hará bien salir y respirar aire puro – insistió. –Vale, pero solo porque tú me lo pides. Tomamos el corredor hasta las escaleras, bajamos sin prisa observando todo a nuestro alrededor, aún quedaban los arreglos florares del funeral, todos vestíamos negro hasta pasar el tiempo de luto. Mi padre llevaba encerrado en su despacho desde el día de la muerte, mi madre no hacía más que comer producto a la ansiedad, Erick, aunque con una fuerte armadura por fuera también sentía la muerte de la abuela. –Ya casi llegamos amor – su mano cálida se deslizo con la mía entrelazando los dedos. –Como dijiste Alicia – mis ojos oscuros se abrieron quedando totalmente sorprendido. –Cómo lo escuchaste – su sonrisa era amplia, su perfecta dentadura se podía ver. –Pero me dijiste mi (…) –Mi amor – interrumpió – acaso no eres mi esposo. –No, o sea sí, pero no – mis labios temblaban como hojas movidas por el viento, no sabía si por frio o nerviosismo. Ella solo sonreía le divertía verme en ese estado el cual solo ella me provocaba. Toda la trayectoria hasta las caballerizas fue tomada de mis manos, sus dedos cálidos les daban calor a mis manos frías. Al llegar a los establos los animales estaban bien, tenían abundante agua limpia y paja nueva. Paloma no se hizo esperar, en cuanto escucho la voz de Alicia comenzó relinchar fuertemente, ella corrió hasta su recinto para calmarla y que no se hiciera daño. –Tranquila cariño, no pasa nada ya estoy aquí – decía mientras le pasaba su mano por la crin larga de color negro azabache. –Que buena mano tienes para los caballos Alis. –Es el amor y la dedicación Setur, los caballos son como las personas hacen fuertes vínculos – susurro casi imperceptible. –Se nota que las dos han hecho una conexión especial. –Cómo nosotros dos no crees? – hizo una pausa –hace apenas unos meses no quería ni verte, el solo pensar en ti me provocaba nauseas. –Qué ha cambiado Alis? – pregunte acercándome a ella. –Todo Setur, ha cambiado todo – respondió mirando mi boca con deseo morboso. Al instante nuestros labios se juntaron por segunda vez en un beso ardiente, ella sujetaba mi cabeza a la vez que abrazaba su torso, en ese momento el frio invierno parecía ser un verano caluroso, nuestra sangre bombeaba hacia el corazón con tanta rapidez que se escuchaba como una estampida de elefantes. Mis manos bajaron por su zona lumbar acariciándola suavemente, su piel se erizaba a mi paso. –Espera, espera Setur aún no estoy lista – dijo separándose de mí. –Que sucede Alis pensé que también lo querías como yo. –Si también deseo ser tuya pero aun no me siento lista, es mi primera vez y quiero que sea algo especial y no apresurarme. –Como quieras amor así será – dije tomándola de la mano. –Vamos adentro por favor ya hace frio aquí. Le dio un beso de despedida a Paloma luego de ofrecerle un cubo de azúcar y nos marchamos por donde mismo habíamos ido. La nieve comenzaba a caer nuevamente, cubriéndolo todo de una densa capa blanca. El invierno aún no acababa las condiciones del clima lo demostraban, todo estaba triste, sombrío. Subimos las escaleras hasta la habitación, todos seguían encerrados en sus respectivas alcobas, ansiaban la primavera, el sol, las flores. Alicia fue hasta su tocador, frente al espejo trenzaba su cabello, su bata de dormir translúcida dejaba a la imaginación su cuerpo bien formado. Se dirigió hasta el lado derecho de la cama deslizándose entre la cobija gruesa de mohair. –Hace frío, ven acompáñame – dijo desde la comodidad de su lecho. No creía haber escuchado esas palabras, cuantas noches solo en ese sofá duro, cuantas veces deseé sentir su piel cerca de mí, su calor, el aroma que desprende su cabello y así dormir plácidamente. –Vas a venir conmigo o te quedas allí? – preguntó incorporándose y mirándome a los ojos. –En un minuto estoy contigo – respondí entrando al baño. El sudor corría por mi frente, un suspiro se escapó de mí, empañando el espejo donde se reflejaba mi silueta asustada como un adolescente en su primera cita. –Pequeño Setur, compórtate – dije mirando mis pantalones de dormir. Los hombres y nuestra anatomía es un tanto complicada, en ocasiones nos hace pasar malos ratos y no porque lo provoquemos ni mucho menos, simplemente porque es así sucede de manera involuntaria. Cerré la puerta del baño y me acomodé suavemente en la cama, cruzando mis piernas ya extendidas. –Lo siento te hice esperar mucho – dije apenado. –Ya estás aquí es lo importante – giró su cuerpo dándome la espalda –que pases buenas noches – agregó. –Buenas noches para ti también Alis – expresé apretando aún más fuerte mi entrepierna. La noche se iba adentrando en su punto medio cubriéndolo todo de un frívolo silencio, Alicia ya dormía a tan solo centímetros de mi. Podía sentir su calor corporal, el olor que desprende, esa dulce fragancia femenina que despierta en cualquier hombre los deseos carnales más libidinosos. Entre pensamientos y fantasías mire el reloj que llevaba puesto en mi muñeca, marcaba las doce y media de la noche, era momento de cerrar los ojos y dormir, en unas horas más otro amanecer regiría el cielo.
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Atada a tu amor
Novela JuvenilAlicia una Joven de 17 años es forzada por su madre a un matrimonio arreglado, dada las circunstancias tiene que aceptar sin reparos dejando atrás los sentimientos que tiene por un misterioso desconocido que le escribe cartas. Durante su matrimonio...
