Abrí los ojos y estaba en un lugar extraño, no era mi habitación ni ningún lugar de la mansión. Sentía ruidos, personas hablando, todo blanco y con mucha iluminación. En espera de mi reacción Setur, Taima, Raúl, mis suegros y la abuela Anastasia los cuales me rodeaban con sus ojos puestos en mi. –Dónde estamos? – Pregunte desorientada. –Estas en el Hospital central querida, te has desmayado – respondió la anciana a mi pregunta tomándome la mano. –Oh no!! Taima dime que no es cierto por favor, mi familia no – implore al recordar las palabras de Taima en la playa. –Calma Alis puedes volver a perder el conocimiento – expresó Setur su inquietud.
–Taima dime quiero saber todo con lujo de detalles, no te guardes nada por doloroso que sea, como ha podido suceder tal desgracia – no paraba de repetir eso mientras mis ojos se cristalizaban por las lagrimas. –Amiga mis padres me llamaron de los Estados Unidos, hubo un fuerte terremoto en la zona del hospital donde Anthony estaba operado, todo el hospital fue destruido por los temblores. Encontraron bajo los escombros el cuerpo de tu padre y a unos pocos metros el de tu madre, ambos sin vida murieron al instante del derrumbe. –Espera Taima détente, me duele la cabeza, todo me da vueltas –Recuesta tu cabeza Alicia – dijo Luisa mi suegra mientras acomodaba la almohada. –Llamen al doctor – grita asustado Setur. –No hace falta ya me siento mejor – respondí mientras me incorporé nuevamente. Mis lagrimas no dejaban de correr por mis mejillas, mis ojos irritados cambiaban de color. Sentí como mi corazón se partía en pedazos, mis padres aquellos que una vez me dieron la vida ya no estaban. No los vería envejecer, tampoco los iba a poder cuidar como lo hicieron conmigo cuando era bebé, simplemente se habían ido para siempre. –Taima mis hermanos que pasó con ellos, los han encontrado? – pregunte. –No Alis aun nada no han dado con su ubicación, aún tenemos esperanzas de que los encuentren vivos – me animó mientras me abrazaba. –Dios te escuche querida amiga. –Alicia llamé a la comandancia general, en unas horas traerán los cuerpos de tus padres al pueblo, aquí le daremos una sepultura digna – afirmo Alfredo con su ancho bigote. –Gracias suegro por hacer esto por mí, tengo tanto dolor que me cuesta hablar – rompí a llorar sin consuelo nuevamente –Dejémosla descansar necesita un tiempo a solas salgamos – dijo la abuela. Todos salieron al instante dejándome sola mientras lloraba y me iba adaptando a la idea. Esa noche no pude dormir tranquila, mis pensamientos estaban en el trágico suceso que marco mi vida para siempre. Temprano en la mañana ya todo estaba listo para el funeral. Los amigos y familiares lejanos estaban en el gran salón de la mansión Alcalá, en veinte minutos llegaban los féretros. Las sillas bien acomodadas a cada lado del salón, sus ocupantes vestían de negros, todos sin excepción llevaban una rosa blanca en sus manos. A la entrada un bonito arreglo floral de nardos, gladiolos y azucenas su exquisito olor inundaba todo el salón se podía percibir hasta la primera fila donde me encontraba. Al sentir la puerta abrirse voltee a mirar y ahí venían Setur y Raúl con un ataúd, Alfredo y Erick con el segundo. Los colocaron en frente de todos, donde la luz era más intensa los candelabros de oro puro iluminaban todo el lugar. –Cómo te sientes Alicia – preguntó Setur mientras se sentaba a mi lado –Como nunca antes me he sentido – respondí con los ojos hecho un mar en lagrimas
–Aquí estaré a tu lado para lo que necesites – me dijo tomándome de la mano fuertemente. Sentí algo en ese mismo momento, algo que no sé cómo explicar una fuerte corriente por mis venas hasta el mismo corazón, este sentimiento solo lo había sentido al leer las cartas de Míster ''S´´. Ese día jamás olvidaría las palabras de ánimo que me dijo, aunque sabía cómo lo despreciaba estuvo al tanto de mis sentimientos y mi sentir era el mismo de él. Eran las diez en punto, todos se pusieron en pie y salieron hasta el lugar del entierro. Mis manos temblorosas como una hoja movida por el viento sujetaron la rosa blanca, mis piernas se aflojaban al caminar, Setur a mi lado me sostenía con una mano mientras que en la otra llevaba un paraguas. El cielo oscuro, un fuerte aguacero del sur se acercaba, el fuerte olor a tierra mojada ya se respiraba. Setur abrió el enorme paraguas negro y me cubrió de la lluvia que caía con intensidad sobre todos. Los sepultureros han cavado un hondo hueco donde depositan los dos féretros. Familiares y amigos lanzan sus flores y dicen sus últimas palabras, mi rosa cayó a la vez que mis lagrimas se juntaron con las fuertes gotas de lluvia. Doy la media vuelta mientras escuché caer la tierra mojada en los ataúdes de pino revestidos de satín ¡¡ADIÓS MAMÁ!! ¡¡ADIÓS PAPÁ
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Atada a tu amor
Fiksi RemajaAlicia una Joven de 17 años es forzada por su madre a un matrimonio arreglado, dada las circunstancias tiene que aceptar sin reparos dejando atrás los sentimientos que tiene por un misterioso desconocido que le escribe cartas. Durante su matrimonio...
