Prólogo

1.8K 66 11
                                    

Lalisa Manobal.

Hace tres años (18 años de edad)

No necesitaba escuchar el sonido estridente de mi alarma para despertarme, el insomnio me había mantenido en vela desde las cuatro de la madrugada. Estire mi mano para desconectar la alarma y salí de la cama con prisa para vestirme con mi conjunto deportivo. Cada mañana, desde que cumplí los quince años, salía a correr media hora para mantenerme en forma. Era muy importante trabajar mi respiración bajo resistencia para que a la hora de bailar fuera imperceptible y no me quedara sin aliento.

Abajo en la nevera ya tenía mi batido preparado, lo bebí rapidamente y de reojo observé como bajaba mi padre por las escaleras con un rostro impasible. Este esperó a los pies de la escalera para que mi madre le colocará correctamente la corbata, ese era uno de los pocos gestos de contacto que veía entre ellos. Nunca se besaban, nunca se abrazaban, nunca los escuchaba decirse cosas tontas melosas el uno al otro. De pequeña había llegado incluso a creer que eran robots.

Un día tiré mi vaso de agua "accidentalmente" sobre el regazo de mi padre, pero no estalló ningún circuito. Lo único que conseguí fue una reprimenda y una semana sin mis muñecas. Como si me hubiera importado, no me gustaban, ni se molestaban en regalarme cosas que quería, se dedicaban a seguir los roles esperados de lo que se supone que debía utilizar para jugar.

Tampoco me debía sorprender, ellos ni siquiera eran cariñosos con Bambam o conmigo. Quizás eran psicópatas y se complementaban a la perfección, por eso, una vez escuché que el uno por ciento de la población lo es. Y a veces ellos encajaban perfectamente con la descripción porque de cara a la galería sabían fingir muy bien que eran la pareja ideal, pero de puertas para dentro yo sabía la verdad.

— No le habrás echado azúcar a eso, ¿verdad? —me pregunto mi madre enarcando su ya perfecta ceja perfilada. Esa era su manera de darme los buenos días— Como si no tuvieran suficientes ya, te dije que tomarás este preparado que la dietista me...

La dejé con la palabra en la boca y me coloqué los auriculares inalambricos, lo último que quería era empezar el día con una de sus infinitas charlas sobre nutrición. O la falta de ella en su caso. No quería verme esquelética como ella, y parecía querer llevarme por ese camino a toda costa.

Por lo menos al correr lo único que escuchaba en mi cabeza era la música que se reproducía a través de mi teléfono. Un momento de paz que me recargaba de energía. Vivíamos en una urbanización privada, pero tenía unos amplios jardines donde podía hacer unos cinco kilómetros tranquilamente.

Cuando volvía a casa nunca tenía tiempo de nada más que no fuera ducharme y alistarme, porque el proceso de verme decente ocupaba el tiempo justo que tardaba Bogum en recogerme.

Miraba por el cristal impaciente por su llegada, mi padre ya estaba con su tono encantador falso hablando por telefono, seguro que era algun cliente o alguna mierda de acciones o no sé en lo que estaba metido ahora. La capacidad que tenía de controlar a los demás era increíble, y otro rasgo psicópata. No me lo imaginaba asesinando a nadie, pero no podía evitar preguntarme si de verdad lo era. Pasaba todos los checks de la lista. De todas formas, no todos los psicópatas eran asesinos.

¿Donde estaba Bogum? Era mi primer día de clase, no podía llegar tarde.

Bogum 😽:

Tengo un problema el motor, ¿pueden llevarte tus padres, cariño?

Nunca se lo había dicho, pero la forma en la que me decía cariño de algún modo me disgustaba, sin más, no tenía explicación lógica.

Suspire tras leer el mensaje, no me gustaba tener que pedir nada.

ROCKSTAR +21 [LISKOOK]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora