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22-04-2023

El día ya estaba acabando, y yo necesitaba ese escape. Me quité las chancletas al borde de la piscina y me dejé caer suavemente en el agua, sintiendo cómo el calor del sol se desvanecía en el frescor que me envolvía los pies. Cerré los ojos un momento, dejando que el ambiente relajado me bajara las revoluciones, soltando la presión de la semana, los problemas... todo. De alguna manera, todo se sentía más simple cuando estaba aquí, con Miko.

Escuché el suave chapoteo del agua y, cuando abrí los ojos, Miko ya estaba cerca, moviéndose hacia mí como si el agua no fuera más que aire para ella. Su cabello mojado caía por sus hombros, brillando bajo la luz de la tarde.

-Dime una cosa -le dije mientras movía los pies en el agua, sin prisa-. ¿No te parece que la vida es bien cabrona cuando se está así, sin estrés ni responsabilidades?

Ella llegó hasta mí y me tomó de la cintura, tirando de mí al agua con una suavidad que me hacía sentir liviana. Siempre tenía esa manera de hacerlo todo con calma, como si el tiempo le sobrara.

-¿La vida es bella? -me preguntó, medio riendo, pero con su mirada seria-. Depende de con quién la pases, ¿no?

Me quedé mirándola, disfrutando de cómo me rodeaba con las manos, pegándome más a ella. Miko no era de hablar mucho, pero cuando lo hacía, siempre sabía qué decir para hacerme pensar. Sentí sus manos firmes en mi cintura, y dejé que mis piernas se enroscaran alrededor de ella. Me acerqué más, sintiendo el agua moviéndose entre nosotras, y me apoyé en su pecho.

-Tienes razón -dije, sonriendo mientras mis labios rozaban los suyos-. Yo creo que es eso, la compañía. Esos momentos donde todo lo demás no importa.

Ella no dijo nada más, solo me dio un beso suave, como si fuera un reflejo de lo que acababa de decir. No era uno de esos besos que se dan en las películas, donde todo es exagerado. Eran besos cortos, simples, que se sentían naturales. Sabía que Miko entendía lo que quería decir sin tener que decirlo en voz alta. A veces, con ella, no hacía falta hablar.

Nos quedamos así un rato, flotando en el agua, besándonos despacio, hasta que el sonido de un carro llegó desde la entrada. Solté a Miko y miré hacia la casa.

-¿Quién viene ahora? -pregunté mientras me salía del agua y agarraba una toalla. Miko solo sonrió y se encogió de hombros.

-Eso es Luar y la corilla. Les dije que vinieran para una parrillada. Ya tú sabes, hacer algo relajado, música, comida... lo de siempre.

Antes de que pudiera decir algo más, Luar entró con su energía típica, riéndose como si se hubiera contado el mejor chiste del mundo. Venía acompañado de Myke y Jele, que traía unas cervezas bajo el brazo.

-¡Oye, Destiny! -gritó Luar, abrazándome antes de que pudiera reaccionar-. ¿Y la comida? ¿Dónde está esa parrilla?

-No pierdes tiempo, ¿eh? -le dije, empujándolo suavemente mientras me reía.

Dobleta ya estaba en la parrilla, moviendo los chorizos y las hamburguesas, y Miko le daba órdenes desde la piscina.

-¡Dale más vuelta a eso, que se te va a quemar, loco! -le dijo Miko, salpicando un poco de agua en su dirección.

-¡Calla tú! -gritó Dobleta mientras se reía-. Tú lo que haces es supervisar y comer, déjame a mí, que esto va a quedar brutal.

Entre risas y bromas, el ambiente comenzó a llenarse de esa energía relajada que siempre me hacía sentir bien. No era la primera vez que armábamos algo así, pero cada vez se sentía como una pequeña pausa en el caos de la vida.

Bryant llegó poco después, siempre calmado, siempre con esa sonrisa que parecía decir que nada le importaba tanto. Lo seguían Anuel, Nicki y Dalex, que traían más cervezas y bolsas de hielo.

-¿Todo bien? -preguntó Bryant, dándome un abrazo rápido-. Se siente buena la vibra hoy.

-Sí, todo en calma -le respondí mientras lo miraba a él y a los demás prepararse para el rato que se nos venía.

Nicki, con su acento argentino, siempre destacaba entre los demás. Se quitó la camiseta y la tiró a un lado antes de saltar a la piscina.

-¡Eyyy, che! ¿Ya hicieron los choris? -preguntó desde el agua, riéndose mientras intentaba salpicar a los que estaban en la orilla.

-¡Calma, loco! -le gritó Dalex-. Primero bebemos, después comemos.

Me reí, viendo cómo todos parecían sincronizados en esa vibra relajada. Incluso cuando las conversaciones se cruzaban, había algo en el ambiente que se sentía ligero. Me senté en una tumbona junto a Miko, quien ya había salido de la piscina y estaba secándose el cabello con una toalla.

-¿Estás bien? -me preguntó, siempre atenta a los cambios en mi energía.

-Sí, es solo que... -me quedé mirando las brasas de la parrilla, tratando de encontrar las palabras-. A veces me pregunto si debería querer algo más que esto. Algo más estable. Pero luego, tenemos momentos como este, y todo lo demás parece tan... lejano.

Miko me observó en silencio un momento, su mirada profunda como siempre, y luego me tomó de la mano.

-Destiny -me dijo con una seriedad que rara vez usaba-. ¿Alguna vez has pensado en tener una casa? Algo más... nuestro. Y una familia.

Esa pregunta me golpeó diferente de lo que esperaba. No porque fuera la primera vez que alguien me lo preguntaba, sino porque venía de ella. Miko y yo siempre habíamos estado en la misma sintonía, viviendo el presente sin preocuparnos demasiado por el futuro. Y ahora, de repente, ella me hablaba de una familia. De estabilidad.

-No sé -le respondí, sintiendo un nudo en el estómago-. Me gusta lo que tenemos ahora, cómo son las cosas. Pensar en una casa, en una familia... me asusta un poco. No sé si estoy lista para eso.

Ella asintió, dándome un beso en la frente. No me presionó, y eso me hizo sentir agradecida. Sabía que no íbamos a resolver esa conversación de inmediato, pero tampoco me sentía lista para dejarla ir del todo.

Nos quedamos en silencio por un momento, hasta que Luar vino con otra cerveza y me la ofreció, rompiendo la tensión.

-No me mires así -me dijo, sonriendo como siempre-. Bebé, relájate. La vida es para disfrutarla, no para pensar tanto. Vamos, que esto no se acaba nunca.

La fiesta continuó, con música de fondo, risas, y más gente uniéndose. Casper, Miky y Alex Rose también llegaron, y el ambiente se llenó aún más de voces, conversaciones entrelazadas y bromas que flotaban por el aire. Cada uno con su propia energía, trayendo lo suyo al grupo, pero todos compartiendo ese momento de tranquilidad en medio de nuestras vidas agitadas.

Mientras el tiempo pasaba, y las estrellas comenzaban a aparecer sobre nosotros, me di cuenta de que esos momentos eran lo que realmente contaba. Estábamos todos juntos, riendo, compartiendo, y aunque el futuro seguía siendo incierto, por ahora eso no importaba.

Me dejé llevar por el sonido del agua, las risas, y la calidez de tener a mis amigos, mi familia, alrededor. El resto del mundo, con todas sus complicaciones, podía esperar un poco más.

Les pido que no me maten, me fui del país y dejé de escribir perdónenme 🙏❤️

Different Worlds - Young Miko. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora