23-04-2023
El sol apenas empezaba a salir, pero ya se filtraba por las cortinas de la ventana, golpeándome suavemente la cara. Todavía podía sentir el olor a humo de la parrilla en el aire, mezclado con los recuerdos de la noche anterior: las risas, las voces, la música que se había desvanecido lentamente mientras la fiesta moría con el tiempo. Abrí los ojos, sintiendo una ligera pesadez en mi cuerpo. Habíamos bebido más de la cuenta, pero la compañía había hecho que todo se sintiera bien, sin remordimientos.
A mi lado, Miko dormía boca abajo, su respiración lenta y profunda, el cabello desordenado cubriéndole parte de la cara. Sonreí al verla así, tan tranquila, como si el mundo entero fuera solo este cuarto y nada más. Me levanté con cuidado para no despertarla, dejando que mis pies tocaran el frío del suelo.
La casa estaba en silencio, pero podía escuchar el leve murmullo de alguien en la cocina. Bajé las escaleras despacio, y ahí estaba Dobleta, mi hermano, ya metido en la cafetera, con una taza humeante en la mano y el celular pegado a la oreja.
-'Tas despierta temprano -me dijo cuando me vio entrar, sin dejar de hablar por el teléfono. Asentí, frotándome los ojos.
-Ni que me haya acostado tan tarde como ustedes -le respondí, mientras me acercaba a servirme café.
Dobleta colgó el teléfono y me observó mientras revolvía el azúcar en mi taza. La cocina olía a café recién hecho y a la resaca del día anterior. Miré por la ventana que daba al patio, donde la piscina estaba quieta, reflejando el cielo de la mañana. Todo parecía tan en calma que casi me costaba creer que solo hace unas horas estábamos todos ahí, riendo y bromeando.
-¿Te quedaste pensando en lo que te dijo Miko anoche? -preguntó Dobleta de repente, su tono más serio de lo que estaba acostumbrada.
-¿Cómo sabes que me dijo algo? -le respondí sin mirarlo directamente.
-No soy ciego, ni sordo -se rió-. Se notaba que estaban hablando de algo importante. Y bueno, tú sabes que yo te conozco.
Suspiré, llevándome la taza a los labios antes de responder.
-Sí... es que me preguntó si alguna vez he pensado en tener una casa. Algo más estable. Familia, ya tú sabes.
Dobleta me miró con las cejas levantadas, como si no estuviera seguro de qué decir.
-¿Y qué le dijiste?
-Que no sé. Que me gusta cómo están las cosas ahora. No quiero complicarme pensando en el futuro, en lo que se supone que debemos hacer, en lo que la gente espera.
Él asintió, dando un sorbo a su café.
-Te entiendo, hermanita. Pero también es verdad que llega un momento en que uno se cansa de tanta corredera, de estar de aquí para allá sin una base. A lo mejor Miko está pensando en algo más serio porque siente que es el momento.
Me quedé en silencio un rato, mirando cómo el vapor subía de mi taza. Era cierto, todo eso. Pero al mismo tiempo, la idea de tener una casa, una familia, me daba miedo. No sabía si estaba lista para renunciar a la libertad que había estado disfrutando durante tanto tiempo. Sabía que eso implicaba más responsabilidades, más decisiones difíciles, y eso... eso me asustaba.
Antes de que pudiera responderle a Dobleta, escuché pasos detrás de mí. Luar apareció, despeinado y con los ojos entrecerrados, como si el café fuera lo único que le mantenía en pie.
-¿Están filosofando tan temprano? -bromeó, bostezando mientras se servía una taza.
-Algo así -le respondí, sonriendo débilmente.
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Different Worlds - Young Miko.
Fiksi PenggemarHabía una cantante de ojos azules que desde hacía tiempo observaba a una mujer muy hermosa. Esta mujer tenía una elegancia y una gracia que iluminaban cualquier lugar. Aunque la cantante sentía una profunda conexión, sus mundos eran diferentes. Ella...
